AGR Almeria

Los invernaderos están 'de moda'

  • Elena Funes es una joven diseñadora abderitana, hija de agricultores, que ha logrado aunar costura e invernadero en su colección ‘Agricostura’

  • Uno de sus objetivos es emplear residuos de difícil gestión, como rafia o plásticos, de manera artesanal y convertirlos en aplicaciones para la alta costura

Agricostura muestra lo orgullosa que está la autora de pertenecer a una región que está tan llena de riqueza. Agricostura muestra lo orgullosa que está la autora de pertenecer a una región que está tan llena de riqueza.

Agricostura muestra lo orgullosa que está la autora de pertenecer a una región que está tan llena de riqueza.

¿Moda y agricultura? En primera instancia puede parecer un poco chocante, distante o ajeno; pero hay personas cuya creatividad es capaz de romper con estereotipos y canones para destilar arte con todo lo que tocan. Una de ellas es Elena Funes, una joven abderitana que con 18 años comenzaba a estudiar arquitectura, pero posteriormente decidía hacer lo que más le gusta: el diseño de moda.La revista de la asociación Coexphal, Aenverde, recoge la experiencia de esta profesional que acaba de lanzar su coleccción Agricostura, donde aúna dos mundos tan dispares como la moda y los invernaderos.Elena ha conseguido sacar provecho de muchos de los materiales usados en el invernadero para presentar su trabajo de fin de grado superior de Diseño de Moda obtenido en Granada. Cuenta sus orígenes, sus fuentes de inspiración, su conocimiento sobre los cultivos de invernaderos y cómo surgió confeccionar unos diseños de alta costura a partir de los materiales.

“Nací en Adra. Desde pequeña, siempre me había interesado por todo aquello relacionado con el arte. Tenía una mente inquieta y creativa. Dibujaba constantemente, y siempre sentía mucha curiosidad por todo lo que me rodeaba. Tenía una extraña obsesión por dibujar sirenas y seres inspirados en el mar. Quizá por haber nacido en una tierra donde hay playas estupendas. Es un lujo pertenecer a este enclave geográfico”, recuerda la diseñadora, quien cuenta cómo su madre y su abuela cosían y tejían ropa. “Las habían educado para ello. Era costumbre pasar tiempo, sobre todo en las tardes de verano, con mi abuela o mi madre, viendo cómo ellas hacían maravillas con sus manos. De una forma u otra, ellas también proyectaban su propia creatividad”.

Elena Funes. Elena Funes.

Elena Funes.

Considera que este fue precisamente el motivo por el que quizá comenzó una carrera relacionada, arquitectura. Estuvo cursando algunos años de la misma. “Aprendí muchísimas cosas que me fueron muy útiles. Desarrollé capacidades para entender el espacio, la geometría, el pensamiento crítico y la visión transversal. Me ayudó a abrir la mente, a no despreciar ningún tipo de conocimiento”.

Estando en Granada, con sus estudios de arquitectura, se hallaba en un punto en el que su carrera no satisfacía sus expectativas. “Mi perfil creativo no encajaba ahí. Necesitaba desarrollarme, pero estaba claro que no iba a ser construyendo edificios. Después de meditarlo durante un tiempo, decidí dar el salto”. Desde entonces, han sido cuatro años de realización plena a nivel personal y profesional, que le han permitido llevar a cabo creaciones de muy diversa índole a través del Grado en Diseño de Moda.

La idea de usar materiales de invernadero para su trabajo de fin de estudios viene por sus raíces. “Soy hija de padre agricultor. He crecido en tierra de agricultores. Donde resido, todas las familias trabajan en el sector hortofrutícola. Los invernaderos almerienses y la imagen que proyectan han estado siempre presentes en mis recuerdos, en mi ‘biblioteca’ mental de imágenes”, cuenta la diseñadora, quien aseguta que siempre ha pensado que era un lujo poder tener acceso a alimentos tan buenos de primera mano. “Yo he vivido parte de la historia de la transformación del campo almeriense, de pasar del abuso de los fitosanitarios a la transición del control biológico de plagas. Recuerdo cómo mi padre llegaba a casa perjudicado por estas sustancias químicas después de su uso continuado, y el gran cambio que supuso poder combatir las plagas con la ayuda de los insectos beneficiosos para los cultivos y para el ecosistema agrario”.

Colleción 'Agricostura'. Colleción 'Agricostura'.

Colleción 'Agricostura'.

Por otro lado, la imagen de los plásticos volados y atrapados en la vegetación es otra de las estampas que está grabada en su retina. “Y es doloroso ver cómo se convierten, con el paso del tiempo, en parte de la tierra misma o del mar. Quería, desde mi humilde perspectiva, poder acometer esta problemática, reconvirtiendo estos plásticos en otro material de valor”.A todo esto, se suma que el año 2019 es el que Almería tiene la Capitalidad Gastronómica. “Los productos que salen de la agricultura almeriense están más en tendencia que nunca. La nutrición es un tema de interés general gracias a divulgadores como Aitor Sánchez. Pensé que sería bueno retratar, a través de una colección de moda, la importancia de Almería en la historia de los alimentos en los que la población muestra tanta curiosidad”.

Esta colección, Agricostura, es también una manera de expresar “lo orgullosa que estoy de pertenecer a una región que está tan llena de riqueza, y esta colección es una forma más de ayudar a poner a Almería donde merece.

Por otro lado, Funes considera que desde el punto de vista del diseño de moda, son muchas las posibilidades que ofrecen los materiales de invernadero. “Lo importante es trabajar el material atendiendo a su propia naturaleza”.

“La malla de sombreo, por ejemplo, ha resultado ser uno de los más interesantes. Su textura recuerda al “tweed”, uno de los tejidos más representativos de las siluetas de Chanel. Se puede hacer flecos también, debido a que esta realizado de pequeños filamentos de plástico”, explica, y a punta a que “el plástico de cubierta es muy resistente y tiene mucho cuerpo. Se trabaja bien en grandes volúmenes. Con el plástico de acolchado pude realizar una estampación casera que representa las flores de pimiento, calabacín, sandía…”.Las mosquiteras, tanto la normal como la anti-trips, “recuerdan mucho al tul y tienen ese aspecto etéreo, como de humo. Son muy agradecidas de trabajar y generan volúmenes de aspecto muy orgánico”.Los hilos de rafia también se pueden tejer con agujas propias de la lana. “También tienen posibilidades para realizar crochet, como el punto de horquilla con el que realicé una pasamanería casera que adorna los contornos. Las grapas, recogidas después de su uso, adornan y recogen la pasamanería en el bolso, por ejemplo”.

Además, los plásticos que han sido recogidos después de su uso, como el de solarización, también pueden ser higienizados y fundidos en varias capas para realizar aplicaciones, como sucede con el ramillete de flores de tomatera. “Estoy segura que estos materiales dan mucho más de lo que yo he llegado a realizar. Es cuestión de seguir experimentando con ellos. La colección no es un proyecto cerrado, es uno en constante evolución”.

Por otro lado, esta profesional se sincera, y explica que llega a entender por qué algunas personas pueden encontrar esta agricultura “artificial”. Sin embargo, “después de todo lo que he investigado, he llegado a la conclusión de que esta afirmación proviene de un conocimiento parcial. Es cierto que existe una problemática con la gestión de residuos. Algunos son inaprovechables y difíciles de reasumir en el ciclo de reciclaje, como sucede con los plásticos de solarización. Su nivel de impropios, el hecho de que no sean separados adecuadamente o su pérdida de calidad los convierte en contaminantes. Por eso, mi propuesta recoge la posibilidad de trabajarlos artesanalmente y convertirlos en aplicaciones para tocados o broches, como sucede con el ramillete de tomatera.

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