La nueva revolución verde que necesita el campo almeriense

Anuario de Agricultura & Alimentación 2025

Organismos como el Foro Económico Mundial, ya considera al Cambio Climático como el mayor riesgo para la economía mundial

Panorámica invernaderos del Poniente Almeriense desde Sierra de Gador.
Panorámica invernaderos del Poniente Almeriense desde Sierra de Gador.
José Luis Caparrós
- Profesor Asociado de la Universidad de Almería y miembro del Grupo de Investigación Almeriense de Economía Aplicada

29 de septiembre 2025 - 21:01

La Pandemia COVID 19, el Cambio Climático o los conflictos armados que vivimos en Ucrania o Gaza, nos muestran lo frágil y vulnerable que es la especie humana y lo interconectado que esta nuestro planeta ante fenómenos globales, tanto ambientales, económicos o sanitarios.

Durante décadas, la comunidad científica nos viene alertando sobre ello, en relación con el Cambio Climático. Sin embargo, durante este tiempo, muchos han dudado de la veracidad o magnitud de las previsiones realizadas. Hoy, a éstos, la realidad les golpea con crudeza.

La preocupación a nivel internacional por esta cuestión aumenta día tras día. Hasta el punto, que organismos como el Foro Económico Mundial, históricamente ajeno a posturas ecologistas, ya considera al Cambio Climático como el mayor riesgo para la economía mundial. Lamentablemente, también lo es para la agricultura almeriense, estrechamente vinculada al clima y a la disponibilidad de agua dulce. Nuesto aclamado “milagro” almeriense, modelo de agricultura familiar e intensiva de Almería, que genera más de 2.300 millones de euros al año y produce casi cuatro millones de toneladas de hortalizas que alimentan a millones de hogares en Europa, se encuentra ante una encrucijada histórica.

Décadas de producción intensiva han llevado los recursos naturales al límite, especialmente los acuíferos, que en su mayoría se encuentran sobreexplotados. A ello se une, que incluso las proyecciones científicas más conservadoras sobre los efectos del cambio climático resultan poco alentadoras.

Proliferación de nuevas plagas, aumento de la demanda hídrica de los cultivos, sequías más frecuentes e intensas, mayor riesgo de eventos extremos como olas de calor e inundaciones y, por lo general, una drástica reducción del agua disponible, incluida la procedente de trasvases como el Tajo-Segura.

No obstante, Almería no está condenada a sucumbir al Cambio Climático. La misma capacidad de esfuerzo, el mismo ingenio y la misma colaboración que levantaron la huerta de Europa sobre un desierto pueden, y deben, liderar ahora una segunda revolución agrícola.

Una Revolución Verde, que demuestre al mundo que es posible seguir alimentando a una población creciente mientras se conserva y regenera el Medio Ambiente en un escenario de Cambio Climático.

No se trata de un salto al vacío ni de una renuncia al progreso, sino de una hoja de ruta clara, la cual se va haciendo cada más evidente entre nuestros agricultores y empresas del agro almeriense.

En primer lugar, es urgente forjar una nueva cultura del agua que supere la visión especulativa de este recurso clave para la sociedad y todos los sectores económicos almerienses. La creación de bancos públicos de agua, contemplada en la Ley de Aguas de Andalucía, puede convertirse en una herramienta clave para garantizar un reparto más justo y transparente.

En este proceso, la inteligencia artificial puede jugar un papel fundamental, optimizando la gestión de la demanda en tiempo real, anticipando escenarios de escasez y facilitando una asignación más eficiente y equitativa del recurso.

Otra palanca de transformación sería la conservación y gestión de nuestras infraestructuras verdes clave. Debemos renaturalizar nuestro entorno, restaurar nuestros montes, liberar ramblas y humedales para que vuelvan a actuar como las esponjas naturales que recargan nuestros acuíferos y reducen los riesgos de inundación. Por otro lado, la implantación másiva de “setos vivos” y “corredores verdes” entre nuestros invernaderos actuaría como verdaderas barreras biológicas beneficiosas para nuestros cultivos, aportando sombra, control de plagas y conectividad ecológica.

Igual de importante, es que la tecnología siga jugando un papel clave en el sector. Cada vez se hace más urgente, una apuesta clara y decidida por parte de las administraciones por la reutilización de aguas depuradas y la desalación ligadas al uso de energías renovables. Almería tiene el potencial de convertir sus desaladoras en verdaderos “bancos de energía”, que produzcan agua asequible y sostenible solo cuando haya excedentes de sol y viento. Así se reducirían los costes energéticos del agua desalada y la huella de carbono de nuestra actividad agrícola.

Además, siguiendo el ejemplo de iniciativas pioneras como las desarrolladas en el estado de California, una parte de esta agua regenerada o desalada podría destinarse a la recarga controlada de los acuíferos sobreexplotados, promoviendo su recuperación a medio y largo plazo y reforzando así la resiliencia hídrica del territorio antes períodos de sequía largos.

Todo esto conforma la “Nueva Alianza Verde” para el futuro agrícola de Almería: un pacto de adaptación al cambio climático que combine ley, gestión participativa, infraestructuras verdes, energías limpias y tecnología puntera.

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