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Andalucía, en la UE

Pobres contextualizados

  • La Junta pone el foco en el Gobierno central a la hora de tratar de explicar el bajo rendimiento de los 100.000 millones de euros que ha recibido Andalucía desde 1986

Susana Díaz participa en una reunión preparatoria del dictamen del Comité de las Regiones. Susana Díaz participa en una reunión preparatoria del dictamen del Comité de las Regiones.

Susana Díaz participa en una reunión preparatoria del dictamen del Comité de las Regiones. / EFE

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Un dato sin contexto es como un número mudo, sin magnitud, lo mismo mide peras que manzanas. Vatios y calorías. Euros y pesetas. El Gobierno andaluz ha intentado quitar gravedad esta semana al descenso de Andalucía al grupo de regiones más pobres de la Unión Europea con el argumento de que son datos que hay que contextualizar, pero la contextualización no significa justificación. Y si alguien la ha dado el argumento ha sido el consejero de Economía, Antonio Ramírez de Arellano, para quien buena parte de este retroceso se debe a la falta de políticas inversoras del Gobierno central en la comunidad en años pasados. Es decir, y resumiendo, que el Ejecutivo andaluz cree que sin este tipo de aportaciones foráneas, ya sea en inversión o en financiación de la administración regional, Andalucía no dará un salto cualitativo.

La única contextualización válida es la siguiente. Andalucía sólo superó un PIB por habitante superior al 75% de la media europea en un contexto de burbuja inmobiliaria y financiera. La que estalló a finales de 2007. La raya del 75% sirve para que Bruselas diferencie a las comunidades en desarrollo de las de transición. Con el dato de 2010, de décimas por encima del 75%, la comunidad saltó de las más pobres a las regiones en transición, de modo que en el marco comunitario de apoyo 2014-2020 contó con menos ayudas. Nótese que el término acuñado -“en transición”- por hecho que el camino debía producirse en una única dirección, hacia arriba.

Para el marco 2021-2028, el dato utilizado por la Comisión Europea indica que volvemos a estar por debajo del 75%, en vez de en transición, hemos estado en regresión.

Ese es el contexto, es una explicación rápida del fenómeno observado con unas luces muy cortas. Las largas indican que Andalucía ha recibido algo más de 100.000 millones de euros desde 1986 y que, en todo este tiempo, no hemos dejado de ser región de Objetivo 1. Volvemos al furgón de cola , junto con Ceuta, Melilla y Castilla-La Mancha. Extremadura nunca dejó el grupo. Cabe, por tanto, preguntarse para qué ha servido tanto dinero.

El doble de PIB

El cambio experimentado por Andalucía desde esos años es monumental, ha multiplicado el PIB por dos, pero nunca ha dado ni el salto relativo ni ha logrado sacudirse un modelo productivo que sirva para dejar atrás unas cifras crónicas de alto desempleo.

Cuando se ha señalado a la Luna, el consejero de Economía mira al dedo. Su explicación es que los fondos sólo han supuesto el 1% del PIB andaluz, que buena parte han sido gestionados por el Gobierno central y que éste paralizó inversiones en Andalucía durante la crisis, tiene mal financiada a la Junta y que el Fondo de Compensación Interterritorial ha estado por los suelos. Eso explicaría, en efecto, el retroceso de unas décimas del PIB andaluz, pero deja sin respuesta la trayectoria de la comunidad durante cuatro decenios.

Baja competitividad

Como apuntó el economista malagueño Joaquín Aurioles en estas páginas, la comunidad tiene tres modos para ganar competitividad y avanzar: o salarios más bajos o impuestos más suaves o eficacia tecnológica. Ni la primera ni la segunda se han cumplido por razones políticas de causas distintas. El nivel de los salarios también está relacionado con los subsidios del entorno y sobre la segunda, la baja financiación por parte del Estado ha permitido que las comunidades ricas compitan en materia fiscal con las más pobres, lo cual es un absoluto desatino. El avance tecnológico ha existido, pero ha sido insuficiente para dar el salto.

El presidente José Antonio Griñán propuso cambiar el modelo productivo de Andalucía en 2009 y, cuando Susana Díaz accedió a la Presidencia, formuló el mismo objetivo. Y se mira un poco hacia atrás aún suenan los ecos de la segunda modernización de la comunidad y la Andalucía, imparable, de Manuel Chaves. Este mismo mes, la presidenta explicó en el Parlamento que los Presupuestos de 2019 serían expansivos para dar el salto definitivo a la convergencia.

Ése es el balance que cabe hacerse ahora que Andalucía volverá a recibir buena parte del pastel de los fondos europeos. Al ser región en desarrollo accederá, posiblemente, a un incremento del 20% de la cuantía que llega desde Bruselas. Ni el triunfalismo de quien vendía a Andalucía como el motor de España ni la contextualización piadosa deben imponerse de nuevo.

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