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¿Y a partir de ahora qué va a hacer esta muchacha?

  • Los bares y sus terrazas se convierten en las verdaderas tertulias donde los análisis que realmente importan se hacen sitio entre cafés y churros

Ambiente de tertulia en Casa Miguel a primera hora de la mañana de ayer. Ambiente de tertulia en Casa Miguel a primera hora de la mañana de ayer.

Ambiente de tertulia en Casa Miguel a primera hora de la mañana de ayer. / O. L. (Huelva)

Los análisis cobran su verdadero protagonismo en la terraza de un bar. Testigo del primer café, su sabor puede incluso determinar el devenir del día –aquello del mal café no debe tomarse a broma– y una vez roto el azucarillo con alguna frase de Rabindranath Tagore si uno tiene mala suerte, o de Groucho si está de su parte, el tema, aquel que no se despega de las mesas desde que se conocieran unos resultados que nadie vio venir, se disputa el sitio entre los vasos y los papeles de estraza con churros que saben a sesudos análisis desde hace horas.

Son las tertulias de antes de ir a trabajar o de la primera pausa del día para los más madrugadores y bien en la disputa por los rayos del sol o por un sitio cerca de las estufas que alivian el relente mañanero, la incertidumbre de algunos y la certeza de otros que deben ir buscando nuevo acomodo, se adueñan de eso que se llama el paisaje urbano.

La filosofía del cafelito tiene su primera parada en Casa Miguel. Tertulianos de toda la vida, de aquellos que se sientan a la misma mesa –o al menos lo intentan porque la itinerancia está asegurada a ciertas horas – ofrecen la primera conclusión del día: Nadie a votado a Vox. Pero nadie, nadie. Al menos que quienes sí lo han hecho, bien no toman café o siguen de celebración en la intimidad. Eso sí, todo el mundo habla de ellos, desde lo del “eso era previsible” (eso sí después de conocer los resultados), al “miedo” de otros porque volvemos a un indeterminado “lo de antes” como con pánico a nombrarlo; alguno, cortado en ristre, minimiza su alcance con un rotundo “con doce tampoco van a hacer ” que es seguido por una legión de asentimientos.

Es uno de los lugares donde el periódico de papel, alguno salvajemente atacado por la grasa de los churros que transparenta varias páginas, todavía aguanta las embestidas de unos móviles que, por cierto son mayoritarios y que también presentarán restos aunque tienen mejor solución. Los meneos de cabeza acompañan a cada titular, aunque el placer de la lectura es más íntimo que colectivo.

En un bar del centro, la barra vuelve a ser el escenario de conversaciones en este caso con el camarero como destinatario de sus diatribas que sorprenden por su violencia –sólo verbal– a estas horas de la mañana. Son las tostás las que toman el relevo a la churrería y entre ellas, los comentarios saben a menos. No obstante un “que se largue ya” parece poco partidario. “¿Sabes en qué se parecen Mariano Rajoy y Susana Díaz?”. Un ruido viene al rescate porque da la impresión por los gestos que es poco publicable.

Cerca de los organismos de la Junta, el tono es otro. Mesas que se ocupan más tarde con gestos menos dispuestos a frivolizar con la situación. El lunes, la resaca debió ser más que importante. Todavía un día después se hace poco por disimular la preocupación más que legítima por el puesto de trabajo; al fin y al cabo, la suya es una situación que entiende poco de ideologías, de posicionamientos ante el avance de tal o cual formación o de alianzas para desbancar a unos y alzar a otros a un Gobierno del que depende su sustento. Funcionarios que, pese a que se ganaron en buena lid su plaza, asisten con el temor propio de cuando llegan cambios que no se esperan.Volverán las conversaciones sobre el frío, el Recre o las derivadas por la proximidad de un mercado que ayer recuperó su habitual trasiego después del lunes de calma por la ausencia de pescado.

Entre sus mesas, cuatro señoras que deben conocerse de toda la vida y que hoy se vuelven a citar para sus cafés con sacarina. Una deja en el aire, sin contestación posible, la frase del día, e incluso la de lo que llevamos de semana. Gafas de sol desproporcionadamente grandes, abrigo de pelo y bolso en todo momento bajo control, sin mirar a nadie proclama en referencia a Susana Díaz: ¿Y qué va a hacer a partir de ahora esta muchacha?” En eso estamos señora, en eso estamos.

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