MOCIÓN de CENSURA

Pedro en La Moncloa y Susana en San Telmo

  • La situación es inversa a la nacional: el PSOE se entiende con Ciudadanos y tiene asperezas con Podemos e IU

Pedro Sánchez y Susana Díaz, en la Feria de Abril de este año. Pedro Sánchez y Susana Díaz, en la Feria de Abril de este año.

Pedro Sánchez y Susana Díaz, en la Feria de Abril de este año. / pepo herrera / efe

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Cuando a Susana Díaz se le pregunta por las primarias que perdió en mayo del año pasado, siempre dice que ya ni se acuerda, que fueron "en el Paleolítico". La presidenta de la Junta sabe que no es cierto, que hace exactamente un año y once días de aquella dolorosa derrota. Por eso la coloca tan lejana en su memoria. Mucho más escondido debe tener el recuerdo del 13 de marzo de 2015. Díaz estaba en plena campaña de las autonómicas y, entonces, Pedro Sánchez no llevaba ni un año como secretario general del PSOE. Fue ella quien facilitó su llegada a Ferraz, pero entonces ya se barruntaba la lucha fratricida que vendría después. Estaba latente y se dejó ver en el mitin que Sánchez y Díaz dieron en la localidad almeriense de Vícar. En el estrado, el madrileño intentó poner una barrera dialéctica a las ambiciones federales su antigua valedora y lugarteniente en el granero de votos que el PSOE tiene en el sur. "Tú en San Telmo y yo en La Moncloa". Esa frase se convirtió este viernes en realidad.

Desde entonces, Díaz ha ganado unos comicios y Sánchez ha perdido dos. Después el secretario general del PSOE fue depuesto por los barones socialistas, pero resucitó a nivel orgánico y ahora triunfa a nivel institucional. Ha llegado a La Moncloa de la mano de Pablo Iglesias y los nacionalistas y alejándose de Ciudadanos. Resulta paradójico que en su primer intento de gobernar fue el líder de Podemos quien evitó un Ejecutivo socialista apoyado por los naranjas. Esos naranjas, que ahora no quieren saber nada de Sánchez, son los mismos que mantienen a Díaz en San Telmo desde hace casi tres años, con tres presupuestos consecutivos y una dosis de estabilidad propia de un socio de gobierno y no sólo de investidura.

El agrio intercambio que mantuvieron el jueves Sánchez y Rivera sería una quimera en el Parlamento andaluz. Las preguntas de Juan Marín en las sesiones de control se caracterizan por su tibieza, pero es cierto que en los últimos meses ha subido el tono. este viernes también lo hizo cuando inquirió a Díaz a que mantenga la intensidad de sus peticiones al Gobierno ahora que es de su mismo color político, sobre todo, en materia de financiación autonómica.

Marín descarta que Andalucía vaya a ser moneda de cambio, pese al rechazo frontal que su partido ha mostrado con la moción de Pedro Sánchez. Sin embargo, en los últimos días el portavoz regional de Ciudadanos ha deslizado la posibilidad de registrar una moción contra los socialistas en la Cámara andaluza si la sentencia de los ERE, que se conocerá en 2019, condena "al PSOE". Pone el foco en los ex presidentes Chaves y Griñán, pero los tiempos judiciales desactivan en cierta manera esta amenaza: las elecciones andaluzas serán, casi con total seguridad, antes de la publicación del fallo.

Pese a esta nueva actitud de Ciudadanos, los naranjas han sido los más planos en las críticas hacía Díaz tras la presentación y el posterior éxito de la moción de censura de Sánchez. A la presidenta de la Junta ha recibido críticas de su izquierda y de su derecha. Los populares cargan contra ella porque "ha vendido a los andaluces y a Andalucía" -dijo este viernes Dolores López- a nacionalistas y separatistas. En Podemos e IU creen que la alegría de la presidenta por el éxito de Sánchez es impostada. Teresa Rodríguez lamentó su escaso entusiasmo por la llegada de un socialista a Moncloa. La situación de los confluentes es inversa a la de Ciudadanos. Los miembros del bloque de izquierdas y el PSOE en Andalucía son como el agua y el aceite, pero sus líderes estatales están en plena luna de miel.

El panorama político español se revuelve y la onda expansiva llega a Andalucía a menos de un año de las elecciones. Los planes del Gobierno andaluz pasaban por mantener la fecha de los comicios en marzo, cuando tocan, sobre todo para evitar cercanía con las generales. Pero los planes se han convertido en papel mojado porque Sánchez, como vaticinó, finalmente llegó a La Moncloa.

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