Diario del Carnaval

Los carnavaleros van por derecho

  • La fiesta grande gaditana se encuentra en un momento crítico, en el que muchos grupos punteros apuestan por la profesionalización mientras otros temen que esto les perjudique

En la imagen, varios grupos punteros gaditanos tras su actuación en el Liceo de Barcelona la pasada primavera. En la imagen, varios grupos punteros gaditanos tras su actuación en el Liceo de Barcelona la pasada primavera.

En la imagen, varios grupos punteros gaditanos tras su actuación en el Liceo de Barcelona la pasada primavera. / jesús marín

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El Carnaval no corre peligro. Lo dijo el pasado lunes el subdelegado del Gobierno en Cádiz, José Pacheco. El Carnaval no corre peligro, pero algunos de sus protagonistas, de sus primeros espadas, están con las carnes abiertas.

Situémonos. Agrupaciones del carnaval gaditano han salido a cantar más allá de Cortadura desde hace décadas. Muchas de las comparsas de Paco Alba, aquellos Beatles de Cádiz de Enrique Villegas, los cuartetos del Peña y el Masa, llegaban a pasar meses fuera de sus casas realizando giras con las que se ganaban las papas. Los componentes iban cambiando de hecho en algunos casos según fueran surgiendo opciones laborales en la bahía. A finales de la década de los 80 y, sobre todo, en los 90, la irrupción de Canal Sur TV, las retransmisiones íntegras, programas como El ritmo del tangai, acercaron ya no sólo las coplas, sino a sus protagonistas a todos los rincones de Andalucía. El público les puso cara, nombre y voz. Los aficionados los reconocían por las calles, llegaron los autógrafos, las fotos, las actuaciones ante miles de personas...

Trabajo ha multado a desempleados por cobrar el paro mientras ganan dinero cantando

Luego internet sirvió de altavoz fenomenal para que desde otras muchas provincias desearan ver a esos hombres del pueblo que se hacían gigantes por Carnavales. Fueron años en los que componentes de pelotazos muy sonados ganaron mucho dinero cantando. Mucho. Dinero que, en aquel momento, nadie declaraba. El problema es que, como toda moneda con dos caras, esa sobre exposición exige un precio que pagar. Los grupos de los autores más seguidos empezaron a tener clubes de fans, páginas webs, perfiles en redes sociales donde anunciar sus actuaciones. Pero eso no sólo genera dinero, también envidias. Entre unos y otros, e incluso entre artistas consagrados que para sí quisieran las audiencias que manejan algunos grupos de Carnaval y que sí están obligados a declarar sus ingresos. Así que, una vez detectada la condición de gallina de los huevos de oro de la fiesta, Hacienda quiere llevarse su parte de los huevos. Normal.

El pasado año comenzaron las inspecciones sorpresas en festivales promocionados a bombo y platillo. Ahí los inspectores de Inspección de Trabajo detectaron que algunos carnavaleros cobraban del Estado por su condición de parados mientras ganaban miles de euros cantando. El miedo, más que otra cosa, hizo que comenzaran a crearse asociaciones, que los actuantes se dieran de alta los días que tenían contratos, que pararan el subsidio por desempleo los fines de semana, en definitiva, que se profesionalizaran y que aceptaran que su labor pierde la condición de amateur cuando sale del Concurso del Falla y cuando se reparten sus buenos dividendos por ofrecer sus repertorios.

El problema que surge ahora es la generalidad. Porque si Trabajo ha investigado a 14 de los grupos con más tirón, hay otros que apenas si pueden cubrir gastos. ¿Cómo hacerlo? Precisamente la reunión de Subdelegación de Gobierno sirvió para tranquilizar, en la medida de lo posible, a los integrantes de las agrupaciones. Lo que se quiere garantizar es que los participantes en el Falla tengan la tranquilidad de que no se les va a exigir estar dados de alta para poder interpretar sus repertorios. Pero, más allá de la fórmula, lo que parece evidente es que los tiempos han cambiado y que si cualquier trabajador está obligado a declarar sus ingresos, que si a un albañil le pueden retirar el subsidio si es pillado trabajando en un chapú, pues un componente de una agrupación puntera sabe que se la está jugando si está cobrando el paro y sale a cantar a un escenario sin estar dado de alta, aunque sólo sean las dos horas que va a estar sobre el mismo.

Luego está el nicho de negocio que esto puede suponer. Porque también está la otra parte. ¿Y si resulta que cotizando durante un año por pertenecer a un grupo carnavalesco se tiene derecho a paro? Soplan nuevos vientos en el Carnaval y habrá que prepararse para el cambio.

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