La lucha contra el narcotráfico

“No hay un cártel en el Campo de Gibraltar”

  • Son los responsables designados por Interior para mantener el orden en una comarca donde anidan los clanes de la droga y del contrabando

  • La solución, concluyen, pasa por no bajar la guardia y la colaboración entre las instituciones

Los comisarios Luis Esteban y Francisco López, junto al coronel Jesús Núñez, en la Plaza Alta de Algeciras. Los comisarios Luis Esteban y Francisco López, junto al coronel Jesús Núñez, en la Plaza Alta de Algeciras.

Los comisarios Luis Esteban y Francisco López, junto al coronel Jesús Núñez, en la Plaza Alta de Algeciras. / Jorge del Águila

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La sesión de fotos en la Plaza Alta de Algeciras se interrumpe en varias ocasiones a causa de las felicitaciones y los ánimos que varios transeúntes trasladan a los entrevistados. Jesús Núñez, Luis Esteban y Francisco López son los ojos y las manos del Ministerio del Interior en el Campo de Gibraltar para dirigir la lucha contra las mafias de la droga, del contrabando y del tráfico ilegal de miles de personas que cruzan el Estrecho en busca de un futuro mejor. Los tres compartieron el pasado viernes en la redacción de Europa Sur más de dos horas de análisis y reflexiones en torno a la seguridad en la comarca.

De partida, los tres niegan con rotundidad que se esté produciendo un aumento de la delincuencia y rechazan de plano la “visión catastrofista” que desde los medios de comunicación, y no precisamente los locales, se ofrece de la comarca. La tasa de criminalidad, de hecho, está por debajo de la media nacional. Por razones geográficas, siempre han existido “familias” vinculadas al trapicheo con el Peñón y al mundo de la droga, sobre todo del hachís procedente de Marruecos. “No hay un cártel”, concluyen con una sola voz, si entendemos dicha definición como una organización criminal que asume el papel del Estado en todos los órdenes, corrompiendo el poder político y judicial.

“El otro día acompañé a mi mujer a comprar un traje de gitana a Los Junquillos y la gente me miraba porque, vaya, soy el comisario de Algeciras, pero en absoluto me sentí incómodo ni nada parecido. No hay un cártel. Es imposible cualquier comparación con situaciones que se puedan dar en países donde la droga está a la orden del día. Es cierto que hay clanes de la droga que se pueden asociar con otros para compartir los pagos a los puntos o para transportar los fardos de cada uno en una misma lancha, pero no se puede concluir que haya un cártel”, apunta Esteban.

El 40% de las drogas que entran en la UE lo hacen a través del Estrecho

Las bandas, y eso es innegable, se han radicalizado en sus acciones, tanto contra otros grupos delictivos en amarres que a veces concluyen con el secuestro y tortura de algún miembro de un clan rival, como contra las fuerzas de seguridad del Estado, con embestidas a las patrullas y el apedreamiento de agentes, tal cual les ocurrió el pasado viernes en La Línea a varios miembros de la Policía Local. “Se ha perdido el respeto al principio de autoridad”, admite López.

¿Impunidad? De nuevo un no por respuesta. Núñez: “Quienes atenten contra los miembros de las fuerzas de seguridad deben tener claro que antes o después serán detenidos”, una afirmación que apoya Esteban, que recuerda la rapidez de la Policía Nacional a la hora de detener y poner a disposición de la juez a ocho personas acusadas de agredir en masa con palos y piedras, en El Rinconcillo a la salida de un conocido restaurante, a nueve agentes del GAR (Grupo de Acción Rápida) considerado la élite de la Guardia Civil.La titular del Juzgado de Instrucción nº1 mandó a los detenidos a la cárcel sin fianza, imputados por atentado a la autoridad al entender que, pese a que los agentes iban de paisano, los agresores les reconocieron perfectamente. Aunque también llamó la atención que en el auto de entrada en prisión, la juez identificase el Campo de Gibraltar como un área “denostada” por los políticos, dominada por las mafias de la droga y una suerte de “nuevo territorio ETA”. El coronel y los comisarios se abstienen de comentar esa afirmación. En la Costa del Sol, apuntan a modo de contraste, ha habido en el espacio de pocas semanas tres asesinatos, varios tiroteos y también secuestros como consecuencia de ajustes de cuentas entre delincuentes. Después de ello, recuerdan, casi nadie ha hablado de un incremento de la criminalidad en esa zona.

Hay violencia, es obvio, “pero no afecta directamente a los ciudadanos”, indica Esteban, que con la misma línea argumental indica que en zonas análogas en población no hay menos delitos que en el Campo de Gibraltar, donde viven unas 300.000 personas y donde el año pasado se registró “un único asesinato y no relacionado con el tráfico de drogas”. “No estamos ni en Beirut ni en Medellín. Es peligroso el efecto lupa porque agiganta el tamaño de los problemas de forma artificiosa y tanto el turismo como las inversiones son muy miedosas”, sentencia.

Los sindicatos policiales y la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) sí hablan de la existencia de un cártel, de una treintena de bandas operativas y de 3.000 personas que viven directamente del narco. “Me gustaría saber de dónde sale esa cifra, pero yo no tengo una bola de cristal”, matiza López. “El Campo de Gibraltar es una zona muy segura. Ya quisieran muchos barrios de Madrid tener la tasa de delitos de La Línea”, apostilla con conocimiento de causa a renglón seguido.

“Hay generaciones perdidas. No podemos permitir que se pierdan más”, apunta López

Pero en absoluto estamos ante un espejismo cuando nos referimos a la degradación social de algunas zonas y al daño que ha hecho y hace el narco. López es concluyente y no se anda por las ramas: “Hay generaciones perdidas. Hay que trabajar porque no nos podemos permitir que se pierdan más”. En los barrios más castigados, un chaval puede ganar entre 100 y 400 euros por hacer una mañana de punto (vigía que avisa a las mafias de la presencia policial). Si se porta bien, podrá progresar en el seno del clan y un día ser porteador o, quién sabe, incluso piloto de una planeadora y cobrar entre 20.000 y 30.000 euros por viaje. “¿Quién va a convencer a ese joven para que asista a clase, estudie y tras mucho sacrificio gane a final de mes mil euros netos?, se pregunta Núñez. “La solución no es solo policial, hay que desarrollar un plan integral donde todas las administraciones deben trabajar unidas”, manifiesta López.  

Rebrote del narcotráfico

Los tres mandos insisten en que ahora, pese a las sensaciones y las noticias que abren los telediarios, no hay más delitos por narcotráfico, aunque admiten un posible aumento del tráfico de cocaína en el puerto algecireño tras haberse detectado dos importantes alijos en los últimos meses, con un total de 15 toneladas. Núñez pone sobre la mesa varias cifras relativas a los muelles de este sur del Sur: primero del Mediterráneo y de España por tráfico de mercancías y personas y cuarto de Europa. “Por aquí pasan 5 millones de toneladas de mercancías cada año, 30.000 barcos y 300.000 camiones. Es un gran nudo de transporte y, como consecuencia, un lugar muy atractivo para los narcos de la cocaína. “No se puede paralizar la actividad de este ni de ningún otro puerto inspeccionando cada contenedor y cada camión. Encontrar un alijo es como hallar una aguja en un pajar”. Y muchas veces, pese a las dificultades, se consigue.

Esteban apunta que, aunque el dato está basado en estimaciones, el 40% de las drogas de todo tipo que entran en la UE lo hacen a través del Estrecho. “Los narcos actúan con el método del ensayo y error. Es posible que, tras detectar esos dos importantes alijos de cocaína, opten a partir de ahora por bajar la cantidad a pasar para repartir los riesgos”, señala. Lo que queda meridianamente claro es que ni se puede ni se va a bajar la guardia: “La producción de cocaína se ha triplicado en Colombia y los traficantes quieren darle salida”.

Narciso apunta a la proximidad con Marruecos y Gibraltar para reforzar la idea de que el contrabando y el narco no son actividades nuevas. La creación del cuerpo de Carabineros hace 190 años con hasta 70 cuarteles (compuestos en ocasiones por un cabo y cinco guardias, alojados en una pequeña construcción en condiciones muy precarias) se debe la proliferación de la delincuencia en un área polifronteriza como el Estrecho. Y la Historia sigue.

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