Coronavirus Andalucía La mejor vacuna es la vacuna puesta

  • Controversia en Europa por el rechazo de ciertos grupos a recibir la formula de AstraZeneca

Una enfermera administra una vacuna en Sevilla. Una enfermera administra una vacuna en Sevilla.

Una enfermera administra una vacuna en Sevilla. / M. G.

Los pediatras y farmacéuticos especializados en la materia insisten en que la mejor vacuna es la vacuna puesta, sea de Pfizer, Moderna o, claro está, de AstraZeneca. Es esta última fórmula, en cuya síntesis y desarrollo ha participado la Universidad de Oxford, la que está recibiendo contestación en Europa. El rechazo de algunos colectivos a administrarse el preparado anglosueco está provocando añadidos sudores en las autoridades de países como Alemania, que ya tienen bastante con lamentarse, como en el resto de Europa, por la escasez de dosis durante estos primeros meses.

La reticencia frente a la vacuna de AstraZeneca por parte de una parte de la población está causada por los imponderables, nada que incumba a la evidencia científica. Es sabido que el valor de la creencia y de la reafirmación de los prejuicios supera a menudo al de la información rigurosa. Es el fenómeno cognitivo en el que se apoya el triunfo del rumor y el bulo: hay quien prefiere creer que la familia Clinton trafica con niños para una supuesta explotación sexual, como sucede en Estados Unidos, que atender a los criterios de una información contrastada. También hay quien afirma que en el ser humano proviene de Adán y Eva, ciscándose en Darwin, o que la Tierra es plana, desdeñando siglos de estudio de la Física.

Los ensayos de las tres vacunas en circulación muestran diferencias en la eficacia, sí, pero a efectos prácticos son insignificantes. La eficacia clínica de la fórmula de AstraZeneca es de 81%, según señala la reciente publicación del equipo de vacunas de las Consejería de Salud, una cifra levemente inferior al 94,6% de Pfizer y al 93,6% de Moderna tras las dos dosis en los tres casos. En términos de la adquisición de la inmunidad, la diferencia no es relevante, sobre todo si se tiene en cuenta la urgencia de reducir la gravedad y las muertes provocadas por el Covid-19 y la finitud del número de vacunas disponibles.

Tampoco está justificado el rechazo debido a los efectos adversos, pues no son muy distintos en las características –leves o moderadas– y en la duración –transitoria– de las tres vacunas, según indican los prospectos de los fármacos publicados por la Agencia Española del Medicamento. Sin embargo, siempre hay quien se contenta con el bulo, que es lo que se hace cuando se pretende arrebatar prioridades de los más vulnerables, los grupos que están recibiendo las vacunas (ligeramente) más eficaces. Lo prioritario sigue siendo salvar vidas, así lo recoge la estrategia de vacunación europea. Pero siempre hubo esas otras estrategias.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios