Tribunales

Una niña nonata lleva tres meses sin ser enterrada

  • La hija de Sonia Venegas, que murió embarazada de ocho meses, sigue en el Instituto Nacional de Toxicología de Sevilla

Antonio Venegas muestra dos fotografías de su hermana fallecida. Antonio Venegas muestra dos fotografías de su hermana fallecida.

Antonio Venegas muestra dos fotografías de su hermana fallecida. / PASCUAL

La hija nonata de Sonia Venegas sigue sin ser enterrada tres meses después de su fallecimiento. Fue el 16 de julio pasado, lunes por la mañana, cuando la madre se desplomó y falleció en su vivienda del Camino de Albadalejo. La niña nonata, de ocho meses de gestación, también perdió la vida. Sonia, tras ser sometida a la preceptiva autopsia, recibió sepultura a los pocos días. Es más, la familia especuló por entonces con la posibilidad de que fuera enterrada al lado de su madre en el cementerio municipal apenas tres días más tarde. No tardaron mucho en apuntar que sería en quince días. Lo cierto es que Sonia recibió sepultura en el cementerio de Nuestra Señora de la Merced y el Ayuntamiento realizó las gestiones necesarias para que la pequeña pudiera descansar en un nicho al lado de su madre tal y como era el deseo de la familia.

La niña nonata permanece en el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses de Sevilla donde su cuerpo es custodiado a la espera de que concluyan las pesquisas en torno a las circunstancias en que se produjo el fallecimiento de ambas y si hubo negligencia por parte del Servicio Andaluz de Salud que atendía a Sonia Venegas. A este último respecto la familia criticó el mal servicio que Sonia recibió en el hospital de Jerez. El abogado de la familia, Eduardo Bárcena, destaca que "la investigación sigue abierta. Hemos solicitado la entrega del cuerpo pero se nos responde que todavía no es posible". A este respecto cabe destacar que tanto la madre como la hija fueron sometidas a análisis toxicológicos para determinar qué medicinas tomó la primera y si eran adecuadas para sus circunstancias: embarazada, hipertensa y obesa.

De otro lado cabe destacar que dadas las circunstancias en que se dio el fallecimiento la autoridad judicial prohibió que el cuerpo de la madre fuera incinerado por si fueran necesarias nuevas pruebas post-mortem. Exactamente igual ocurrirá con el cuerpo de la bebé nonata cuando por fin sea inhumada en el camposanto municipal.

La familia ha sostenido que ella acudió en numerosas ocasiones a las instalaciones del hospital por subidas de tensión “las cuales siempre acababan con su retorno a casa. No la ingresaban, que era donde debía estar: ingresada en el hospital de Jerez”. Por su parte el SAS ha defendido que se actuó conforme “a la evidencia científica y según los protocolos establecidos”.

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