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Andalucía

Se equivoca Susana mientras San Telmo se mete en la boca del logo

  • Díaz enfoca el debate con Moreno en clave interna la misma semana que el Gobierno andaluz realza la idea del cambio con una nueva imagen institucional

Susana Díaz, en el Parlamento.

Susana Díaz, en el Parlamento. / Raúl Caro / Efe

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La Junta de Andalucía ha cometido demasiados errores al cambiar su logo. O su “imagen corporativa”, expresión que se les ha criticado por actuar como si fuesen una empresa o una entidad comercial en lugar de una institución. Antes de que la izquierda se ponga aún más estupenda denunciando el espíritu mercantil de la derecha actuando en plan holding y no administración pública, convendría aclarar que el PSOE ya usaba el concepto de imagen corporativa, desde los ochenta. Y así está en la web. Otra cosa es que el nuevo logo adquiera un peculiar aire comercial más que institucional.

El cambio de la identidad institucional al llegar al poder es una tentación peligrosa: como si el cambio de Gobierno no fuese la mera lógica democrática de la alternancia, y debiera suponer un cambio profundo que afectase a su propia identidad. Mal, incluso en un caso excepcional como éste por la tardanza. Eso es vincular las instituciones a los partidos, algo de lo que el PSOE ha abusado mucho, durante décadas, pero en este caso es que ha sido llegar y a los pocos meses anunciar ya un logo nuevo. Se adivina ahí la tentación del adanismo: creer que la Historia debe comenzar contigo, o volver a comenzar contigo.

Los logos institucionales, en fin, no se deben asociar a cambios en el poder como marcas de un partido, y menos poner los logos partidistas a pelear actualizando la idea de Hobbes sobre el espíritu de la especie: “el hombre es un logo para el hombre”.Tal vez todo hubiese funcionado mejor con un logo brillante. Y no era fácil, porque el logo de la Junta de Andalucía era muy pero muy bueno, con la evolución de 1997 al gran trabajo con que Alberto Corazón, un grande del diseño español, en 1985 hizo evolucionar el escudo de Hércules, convirtiendo conceptualmente a Hércules en un triángulo y el arco de medio punto en un paraguas que a la vez sugería la bandera y ondas expansivas de una Andalucía antinacionalista. El nuevo es una obra menor. En las redes se ha comparado con diferentes logos comerciales, e incluso con un videojuego de Harry Potter.

Sin duda el cambio se ha hecho desde la convicción de que un logo nuevo transmite mejor el cambio. Después de 37 años, se les nota esa necesidad. Pero el cambio no se demuestra con el logo sino con las listas de espera, las caracolas en los colegios infernales en verano, los registros de la dependencia, las subvenciones sociales, la expansión empresarial…. Cambiar el logo abona la suspicacia de que uno apuesta por aparentar el cambio cuando no confía demasiado en cambiar la realidad. Así se han metido en la boca del logo.

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Me equivoqué, proclama Susana de un modo que podría evocar los grandes arrepentimientos, como aquel del Rey Juan Carlos tras el episodio de Botsuana, cuando dijo “lo siento, me he equivocado, no volverá a suceder”. La historia está llena de confesiones dramáticas de mandatarios con el lastre de un error fatal. Sin embargo, las palabras de Susana Díaz parecen desprovistas de esa clase de dramatismo. Y es simple: en su caso no era un acto de contrición, sino una crítica al PP sin más. De hecho, su confesión es contradictoria ya que viene a decir “yo quise servir a España, y ustedes no lo han hecho, luego me equivoqué”… de ser así, ¿hay que deducir entonces que ella tampoco debió servir a España? ¿Que la falta de patriotismo de los demás hace que tuvieran razón los malos patriotas?

Tal vez Susana Díaz se equivocó entonces o tal vez no... pero con seguridad se ha equivocado ahora. Ella sabía que su frase sería un titular de impacto, y la frase fue “Me equivoqué, y acertó Pedro Sánchez”. Cuando vas a hacer una frase relevante, los matices subsidiarios no son irrelevantes. En este momento, es notorio que Susana Díaz pelea por conservar el poder del socialismo andaluz para volver a pelear San Telmo, y eso va a depender en buena medida de que Sánchez suba o baje el pulgar. En un partido cada vez más cesarista donde los órganos internos están bajo mínimos, todo pasa por ese pulgar. Así pues, ese “acertó Pedro” es un gesto rogatorio de clemencia. No ha sido su mejor momento sacrificar el mensaje patriótico para aparecer como nº1 del Fan Club de Sánchez.

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Al proyecto andaluz de abrir una delegación en Cataluña para combatir el secesionismo le sucede lo peor que le puede suceder a una iniciativa pública: prestarse al cachondeíto fino. Y no precisamente por el gran éxito que ya tuvo el PP en Cataluña combatiendo el 1-O, con Zoido en el puente de mando de las fuerzas del orden, nivel Capitán Schettino. Alguien, ya sea el presidente o su negro, patinó con el anuncio de ese objetivo: querer dar entidad trascendental a algo que por sí mismo no la necesita. ¿Tan difícil era decir que en Cataluña hay más de un millón de andaluces, muchos de los cuales se sienten conectados con su tierra y desde el procés también amenazados por los indepes, de modo que es pertinente tender un puente?

Este error, por añadidura, abona la suspicacia puesto que Casado apeló semanas atrás a los barones del PP para que se convirtieran en trincheras contra el Gobierno Sánchez. Eso es baja política, y Juanma Moreno no debería olvidar que él es el presidente de todos los andaluces, no el delegado de la calle Génova. Y aunque naturalmente ejerza representando el programa del PP con el que se presentó a las elecciones, y deba defenderlo ante La Moncloa, las instituciones no están para servir de trinchera partidista. No hay nada peor que reproducir aquello que tanto se ha criticado durante años, aquí durante décadas.

Andalucía tiene razones poderosas para mirar hacia Cataluña. De hecho, hacia Cataluña y Euskadi, que son el eje de poder territorial en esta legislatura tras el papel de PNV y ERC. El temor a que haya ventajismo presupuestario hacia ese polo de poder debe movilizar legítimamente al Gobierno andaluz. También para eso peleó Andalucía aquel 28-F. El eslogan “no ser más que nadie, pero no menos que nadie” ha sido transversal, a izquierda y derecha, y no caduca. Hay que defender los intereses de Andalucía. De ahí que parezca absurdo anunciar una delegación en Cataluña para luchar contra el secesionismo, cosa que, de ser factible, ni siquiera es su competencia. Bastaba con anunciar una delegación para estar presente en Cataluña, la llamada novena provincia andaluza, para estar en el lugar estratégico en el momento estratégico.

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