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War Room La mala educación en la política

  • La cultura de la crispación es atribuible, en parte, a las tertulias televisivas, a los videojuegos y a redes sociales, donde el anonimato ha dado rienda suelta a este tipo de actitudes

Diputados del partido nacionalista ucraniano Svoboda (Libertad) se lian a golpes con legisladores comunistas en el hemiciclo de su Parlamento, en 2014. Diputados del partido nacionalista ucraniano Svoboda (Libertad) se lian a golpes con legisladores comunistas en el hemiciclo de su Parlamento, en 2014.

Diputados del partido nacionalista ucraniano Svoboda (Libertad) se lian a golpes con legisladores comunistas en el hemiciclo de su Parlamento, en 2014. / M. G. (Huelva)

El periodista Eduardo Suárez calificaba hace unos años en una de sus crónicas desde Londres a Boris Johnson como personaje de cómic, “una especie de mezcla entre Don Pantuflo y Pedro Picapiedra”. Siguiendo la estela de otro controvertido y maleducado personaje, Donald Trump, Johnson acaba de ganar por mayoría las elecciones y es ahora al nuevo primer ministro del Reino Unido, lo cual nos lleva a preguntarnos qué poder ejercen este tipo de políticos excéntricos para, lejos de ser castigados en las urnas, consigan vencer a sus rivales.

No podemos obviar los errores estratégicos que tanto Hillary Clinton como Jeremy Corbyn cometieron en sus campañas y que allanaron el camino de la victoria a tan hiperbólicos personajes. Ni tampoco atribuirles una especie de poder de seducción sobre el electorado.

El consultor político Xavier Peytibi analiza en su libro Seis historias que explican la victoria de Donald Trump las claves de aquellas elecciones. En la introducción de esta interesante obra, Peytibi advierte que “lo que ocurrió en Estados Unidos en noviembre de 2016 puede volver a suceder en cualquier sitio y en cualquier momento. La ciudadanía elige, siempre. Y hay que entenderla. Pero son las estrategias electorales de los candidatos las que consiguen vencer o perder”. A su juicio, tal como demuestra en su análisis, la estrategia de Trump “fue buena teniendo en cuenta su público objetivo”, mientras que Hillary olvidó que “no todo se basa en ser mejor que el adversario”.

En el caso de Boris Johnson, el error estratégico de su adversario Jeremy Corbyn, no enfrentando las elecciones como lo que realmente eran –un nuevo plebiscito sobre el Brexit– también explica el resultado de las elecciones británicas, aunque cuesta creer que tan excéntrico personaje haya conseguido una victoria tan rotunda. No sólo ha triunfado en todo lo que su antecesora Theresa May fracasó, sino que además ha obtenido para el Partido Conservador el mejor resultado en escaños desde 1987, y en votos desde 1979, con el 45%.

Imagen de una pelea en el Parlamento italiano. Imagen de una pelea en el Parlamento italiano.

Imagen de una pelea en el Parlamento italiano. / M. G. (Huelva)

Y, sin embargo, estamos ante un controvertido político que ha llegado a avergonzar a los parlamentarios por sus formas machistas y que protagoniza todo tipo de excentricidades, desde pasear a un cerdo por la calle hasta esconderse en un camión frigorífico lleno de leche para esquivar a un periodista que pretendía hacerle una entrevista el último día de la campaña electoral. Antes de ser alcalde de Londres, dirigió varios medios de comunicación conservadores. Fue en esta época cuando escribió en uno de ellos una de sus frases más legendarias: “si votas Tory, tu coche irá más rápido y a tu novia le aumentará una talla el sujetador”.

Con todo, y pese a su extravagancia política, nadie puede negarle su audacia y la capacidad de hacer una lectura correcta de lo que estaba sintiendo la sociedad británica, ofreciendo, como en el caso de Trump, las respuestas apropiadas. También en Johnson puede aplicarse lo que afirma Peytibi en referencia a la victoria republicana: “Entre lo conocido y lo diferente, a veces se escoge a lo diferente. Entre la razón y la emoción, se escogió a la emoción”.

Maleducados sin fronteras

La mala educación en la vida pública no conoce fronteras. Las cámaras captaron al hermano del rey de Bélgica hablando por su teléfono móvil desde la tribuna mientras presenciaba el desfile militar del día nacional de ese país; en otra marcha militar pudo verse a la reina Letizia saludando al público desde el coche mientras consultaba su móvil; Berlusconi dejó con la palabra en la boca a Angela Merkel para contestar una llamada y en el hemiciclo español cuesta trabajo ver a sus señorías atendiendo al orador de la tribuna.

Tal es la falta de atención de los diputados que los medios de comunicación se hicieron eco el pasado verano de un tuit que publicó el profesor Jagoba Álvarez (@Jagospierre) tras comprobar por las imágenes de televisión que los diputados estaban más atentos a sus móviles que a la sesión de investidura: “¿Sabéis lo que es estar años explicando a los alumnos y las alumnas lo que no deben hacer en una presentación y luego ver esto? ¿Explicarles que el oyente también debe tener unas pautas de comportamiento en la escucha y luego ver esto?”.

La sesión de investidura celebrada hace tan sólo unos días en el Congreso también ha sido escenario de escenas bochornosas. El diputado de Compromís, Joan Baldoví, docente de profesión, reprochó a sus señorías desde la tribuna la “mala educación e intolerancia” mostradas.

El Parlamento de Ucrania en una de sus tormentosas sesiones. El Parlamento de Ucrania en una de sus tormentosas sesiones.

El Parlamento de Ucrania en una de sus tormentosas sesiones. / M. G. (Huelva)

No es la primera vez, sin embargo. Hace unos años se hizo viral el vídeo de Celia Villalobos jugando al Candy Crush mientras presidía una sesión del Congreso. La diputada Andrea Fabra gritaba “muy bien, muy bien, que se jodan” después de que el presidente del Gobierno anunciara medidas que afectaban a las ayudas a los parados. El exministro de Fomento y portavoz del Gobierno José Blanco, se quedó dormido durante la comparecencia del entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. Y José Antonio Labordeta mandó “a la mierda” a los diputados del PP que le interrumpían durante su intervención en el Pleno de Congreso en 2003.

Se trata de comportamientos desafortunados e impropios de personas que ostentan una ilustre representación institucional. Pero en descargo de la política española, al menos no han llegado a las manos. Una parlamentaria italiana grabó y colgó en Twitter hace unos meses una vergonzosa pelea en el Parlamento, con diputados propinando empujones, patadas y puñetazos ante un grupo de niños que en ese momento visitaba la Cámara. Lo más lamentable es que no es la primera vez que ocurre en ese país.

El presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, recriminó en público a un hombre su mala educación con respecto a Pedro Sánchez. Tras el incidente, el periódico La Vanguardia realizó una encuesta entre sus lectores para determinar si ciertas actitudes de algunos políticos están influyendo en el comportamiento de la sociedad. Más del 90% de los participantes opinaron que los políticos están más crispados que los ciudadanos.

La cultura de la crispación es atribuible, en parte, a las tertulias televisivas, a los videojuegos y a redes sociales como Twitter, donde el anonimato ha dado rienda suelta a este tipo de actitudes. Si la mala educación en algunos políticos está de moda, esperemos que sea pasajera y que no terminemos normalizando estos comportamientos. Tal como decía Aristóteles “el educado difiere del no educado tanto como el que vive difiere del muerto”.

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