cinco llagas

La presidenta demediada

  • Maíllo mira a Díaz de igual a igual. El jefe de IU es el más culto de los jefes parlamentarios y probablemente quien mejor conoce a la presidenta. Ambas cosas se notaron ayer en el debate

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, en una de sus intervenciones en la sesión de control. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, en una de sus intervenciones en la sesión de control.

La presidenta de la Junta, Susana Díaz, en una de sus intervenciones en la sesión de control. / Jose Manuel Vidal / efe

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Hay sesiones quincenales de control al Gobierno andaluz que son calcadas de otras. Como la de ayer: para el PP estamos ante una Junta cuya actividad se puede ver en un folio en blanco. Para Podemos el PSOE es cómplice del PP en el Congreso de los Diputados. A Ciudadanos le cuesta la misma vida indisponerse con el partido gobernante. IU sostiene que el clientelismo socialista es un obstáculo para el desarrollo. La intervención del portavoz adjunto del PSOE fue el único cambio en el escenario, pero no en el guion: su mensaje fue casi monográfico sobre lo mala que es la deresha, casi el demonio.

Tanto se copian a sí mismos los dirigentes de los partidos, que se comportan con la misma liturgia en cada debate. Aunque no sean conscientes, tienen hasta una particular forma de mirarse. Empezando por la propia presidenta de la Junta. Ella es el centro de la discusión, tiene la última palabra y es una magnífica polemista. Y lo explota. Usa mucho los pronombres personales en primera persona singular. Sus yo y ganan por aplastamiento a los nosotros y nuestro. Así le oímos "yo lo que firmo, lo cumplo"; "yo tengo estabilidad", "mi responsabilidad es Andalucía" o "yo soy vasalla del bienestar de los andaluces". Y cuando quiere darle mucho énfasis a una afirmación, se refiere a sí misma como "esta presidenta". Ayer no utilizó el recurso ni una sola vez, quizá porque el debate tuvo poca tensión y escasas descalificaciones.

Díaz emplea el mayestático presidenta como si señalase con el dedo una estatua romana de la colección loringiana en el Museo de la Aduana de Málaga. Puede que no sea deliberado, pero parece que lo hiciese para que los demás observen la trascendencia de su figura. Suena como Julio César hablando de sí mismo en tercera persona en La Guerra de las Galias.

La primera víctima de este influjo es el presidente de los populares. Juanma Moreno presa del encantamiento le pide siempre que baje los pies a la tierra. Esa fue la apelación de ayer, pero tiene un catálogo muy amplio: baje del pedestal, baje dos peldaños, sigue caminando tres metros por encima del suelo y no dejará ninguna huella... Sin la menor duda, Moreno mira a Díaz de abajo arriba. Esta perspectiva perjudica al aspirante al trono de San Telmo. Mirando hacia arriba la tiene siempre como referente y no sabe hablar de otra cosa. Se repite: la sanidad está muy mal, los informes PISA son demoledores, el impuesto de Sucesiones es injusto y la actividad gubernamental es escasa. Ella lo trata con desdén. Ayer lo tachó de "pelota" de Rajoy, que es -afirmó, en una maldad marca de la casa- quien lo ha puesto y lo puede quitar, y no como a ella que la han puesto los andaluces. Moreno le respondió con agudeza: a ella la puso Griñán a dedo. Como mirándose en un espejo, Susana reprochó a Juanma que solo pensaba en él mismo, en alusión a la campaña de "cartelitos" y promociones en twitter que está llevando a cabo el PP para mejorar su índice de notoriedad.

Sobre las sucesiones Susana puso el listón muy alto. Ella quiere que paguen los que hereden cinco, diez, quince o veinte millones. Moreno también le reprochó que haya bajado el paro en toda España, menos en Andalucía. Y ella contraatacó diciendo que hay 100.000 parados menos que cuando llegó a la Presidencia, mientras que él cuando era secretario de Estado suprimió a 55.000 cuidadoras de dependencia.

Teresa Rodríguez mira a Susana desde la perspectiva contraria: de arriba abajo. O por encima del hombro, como si no la cotizase. Ayer fue la autora de uno de los pocos improperios que se oyeron en la capilla de las Cinco Llagas. Dijo por tres veces que había sido una mezquindad que "su gestora" [entiéndase, la gestora-socialista-de-Díaz] se hubiese abstenido en la propuesta de Podemos en el Congreso para suprimir la ley Montoro que asfixia a los ayuntamientos. Díaz le contestó que la Junta tiene recurrida esa ley en el Constitucional y fue la primera autonomía en hacer un decreto para paliar sus efectos. Pero Rodríguez no quedó en absoluto satisfecha. Dibujó la derechización del PSOE como hecha a imagen y semejanza de Díaz. Y la presidenta se defendió aludiendo a la pretendida superioridad moral de la izquierda radical: usted pretende repartir carnés de ser más de izquierda, pero va de mano del PP en este Parlamento contra el PSOE. Y terminó la frase con un adorno arrabalero: ¡venga ya!

El caso de Juan Marín es especial. Socio, cómplice y confidente ("escucho, estoy atento y sé que tiene aspiraciones"), no ha sido capaz de encontrar el tono para tener un discurso propio en los debates. La pregunta blandita de ayer se refería a cuándo se van a sentar para hablar de rebajar el tramo autonómico del IRPF. Su problema es que su interlocutora no le corresponde en el exquisito cuidado que él le gasta. Se sentarán en junio… Marín no mira a Díaz ni desde arriba, ni desde abajo. Ni en el mismo plano: es como si mirase, con cierto miedo escénico, a un holograma.

Quien le tiene tomada la medida a la presidenta es Antonio Maíllo, antiguo socio, con quien tenía un buen feeling personal, hasta que se sintió traicionado. Maillo la mira de igual a igual. Y la desafía. Fue él quien le dijo en una ocasión "quien no la conozca, que la compre". El más culto de los líderes del Parlamento suele argumentar con citas literarias.

Ayer acudió a Italo Calvino para concluir que estamos ante una presidenta demediada, partida en dos, entre Sevilla y Madrid. Y al interesante libro del historiador andaluz Carlos Arenas Poder, economía y sociedad en el sur, citado por su subtítulo: Historia e instituciones del capitalismo andaluz. Maíllo lo utilizó para establecer que el actual clientelismo socialista es una continuidad de patronazgo señorial de la Edad Media o la protección caciquil del XIX. El jefe de IU consideró que ese clientelismo es un obstáculo para el desarrollo. Y acusó a su adversaria de "indigencia legislativa". Aquí Díaz estuvo rápida; sostuvo que tanto clientelismo no habrá cuando ha sido el Centro de Estudios Andaluces dependiente de la Consejería de Presidencia de la Junta el que ha publicado un libro tan crítico. Y tan valioso, añade el cronista.

En los debates se repiten los temas y los argumentos. Tanto que la liturgia ya es un elemento fundamental en el oficio quincenal en la capilla de Las Cinco Llagas.

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