Exposición en la galería Haurie

Atardeceres en los cañones mexicanos

  • El pintor Antonio Agudo presenta en Sevilla su visión, esencial y romántica, del paisaje americano

El artista y profesor Antonio Agudo (Sevilla, 1940) en la inauguración de la muestra. El artista y profesor Antonio Agudo (Sevilla, 1940) en la inauguración de la muestra.

El artista y profesor Antonio Agudo (Sevilla, 1940) en la inauguración de la muestra. / Juan Carlos Muñoz

Sin concesiones. Intentando captar la desmesura y violencia de una naturaleza torrencial que nunca se pliega a los designios humanos. Así es la visión del continente americano que el pintor Antonio Agudo (Sevilla, 1940) ofrece en la galería Haurie, para la que ha seleccionado sus últimos trabajos realizados en México, Guatemala y Argentina. Mercados indígenas, cañones, cascadas y barrancas se suceden en este viaje a los lugares que el artista ha conocido de primera mano acompañando los trabajos de campo de su esposa, la antropóloga americanista Pilar Sanchiz, o de su hijo, catedrático de antropología política en la Universidad de México. "En México yo he descubierto el mundo", confiesa.

La exposición de Haurie es una síntesis sobria y esquemática de la antológica que le dedicó a su producción americana el Museo de Alcalá de Guadaíra. Agudo viaja ininterrumpidamente a Guatemala y México desde 1977, cuando su esposa participó en una importante misión científica junto a arqueólogos e historiadores del arte. "Nos fascinó el colorido y nos sobrecogió el drama continuo de aquella tierra, con sus terremotos, revueltas, asesinatos... Desde entonces no hemos pasado más de un año o dos sin recorrer, desde Chihuahua, estas Barrancas del Cobre". Se refiere a las majestuosas paredes cobrizas, que ceden el protagonismo al vapor de agua, al cielo oscureciéndose, en algunas de las obras más hermosas de esta exposición. "Las lluvias sobre las rocas, sobre esos precipicios de más de 2.000 metros, son extraordinarias e incesantes. En agosto desprendían ese vapor de agua que intenté captar como una herida blanca entre cadenas montañosas en el crepúsculo". 

Al estudiar Pilar Sanchiz la transformación religiosa americana, desde las primitivas creencias mayas a la introducción del neopentecostalismo evangélico, la familia tuvo ocasión de establecer lazos de proximidad que son el origen de los apuntes en acuarela tomados en los mercados indígenas de Guatemala y San Cristóbal de las Casas. Esta serie se completa con un retrato en pastel y mayor formato de una vendedora de gladiolos que se protege la cabeza del sol.

Acuarela de la serie 'Barranca del Cobre' Acuarela de la serie 'Barranca del Cobre'

Acuarela de la serie 'Barranca del Cobre'

La acuarela, el pastel y la pintura acrílica son las técnicas que Antonio Agudo prefiere. "Mis décadas de profesor titular en la Facultad de Bellas Artes me hicieron abominar del óleo, el aguarrás y el aceite. La pintura al agua es una pintura de cerebro y corazón. Para hacer una buena acuarela hay que pensar muchísimo y pintar muy poco porque rápidamente se cae en una repetición que le quita intensidad y veracidad a la obra".

Otra serie está dedicada a las cataratas de Iguazú, cuyos saltos de agua pintó para este proyecto desde la frontera argentina. Las tres acuarelas de mayor formato captan el atardecer en Puerto Vallarta, en el estado mexicano de Jalisco, y presiden la muestra.

Ante la serie dedicada a los atardeceres en Puerto Vallarta. Ante la serie dedicada a los atardeceres en Puerto Vallarta.

Ante la serie dedicada a los atardeceres en Puerto Vallarta. / Juan Carlos Muñoz

¿Qué significa para él pintar así, sin hacer concesiones siquiera al color? "Que he querido hacer aquello que he visto. No para agradar sino para plasmar mi visión del mundo, que es un desastre, y de ahí extraer la belleza. Estamos destruyendo la naturaleza, arrasándola, pero en América encuentro que su fuerza devastadora también puede arrastrarnos a nosotros".

La larga carrera de Antonio Agudo, familiarizado con el dibujo desde su niñez en el taller gráfico paterno en Cádiz, incluye una exitosa producción como retratista. El rey Juan Carlos I por encargo de la Real Maestranza de Caballería o el ex presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, han posado para este respetado profesor jubilado y asociado también a la formación del más célebre de sus discípulos, el ahora académico de Bellas Artes Hernán Cortés. Su proyecto más popular es probablemente su Vía Crucis para la basílica del Gran Poder que pintó a instancias, entre otras personalidades, del entonces arzobispo de Sevilla, monseñor Amigo.

"Ahora quiero abordar la ribera del Guadaíra, un paraje asombroso, de una fuerza impresionante"

El barroco y el romanticismo del alemán Caspar David Friedrich son acaso las influencias que, al correr de los años, persisten en su poética. "Mi objetivo, al enfrentarme al paisaje, ha sido captar la vida que hay debajo de aquello que se muere, lo que hay detrás de un molino, un barranco o el lecho de un río. Un amigo mexicano me dijo, al contemplar la serie de Vallarta, que había pintado el Valhalla, el paraíso de los nórdicos. Es cierto que hay algo espiritual en estas acuarelas pero probablemente tenga que ver también con el paso del tiempo. Dentro de poco seré octogenario pero sigo pintando con la ilusión de la juventud y ahora quiero abordar la ribera del Guadaíra, un paraje asombroso, lleno de una fuerza viva impresionante. Así cerraría un círculo, de América a Alcalá".

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