Política Cultural

En una Bienal de Venecia muy española

  • En 1976 Pérez Escolano participó en la organización del pabellón central, 'Vanguardia artística y realidad social 1936-1976', proyecto iniciado por González Robles

Fotomontaje de los organizadores del pabellón (Pérez Escolano, segundo por la izquierda junto a Oriol Bohigas). Fotomontaje de los organizadores del pabellón (Pérez Escolano, segundo por la izquierda junto a Oriol Bohigas).

Fotomontaje de los organizadores del pabellón (Pérez Escolano, segundo por la izquierda junto a Oriol Bohigas).

Víctor Pérez Escolano ocupó en 1995 la cátedra de Composición y Diseño de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, plaza que rubricó una carrera profesional brillante y una trayectoria vital que ha sabido combinar la excelencia académica con el riesgo y la curiosidad. Entre los momentos más interesantes de su biografía está su trabajo en la Bienal de Venecia de 1976, en la que el Pabellón Central estuvo dedicado íntegramente a España y cuyos preparativos coincidieron con la muerte en 1975 del dictador. Bajo el título Vanguardia artística y realidad social 1936-1976, el pabellón fue impulsado por González Robles, el director general de exposiciones en Bellas Artes que venía organizando la presencia española en las Bienales de Venecia y Sao Paulo. "Era ese momento de apertura cultural del régimen, cuando los grandes artistas como Tàpies y Chillida iban a los pabellones oficiales en lugar de los artistas académicos", contextualiza.

Imagen de la 76 Biennale, dedicada a España. Imagen de la 76 Biennale, dedicada a España.

Imagen de la 76 Biennale, dedicada a España.

Pérez Escolano formó parte del comité organizador, que integraba a críticos y expertos como Valeriano Bozal con artistas actuales y hasta veteranos como Josep Renau. "Mi papel consistió en rememorar al inicio del recorrido el Pabellón de la II República en la Exposición de París de 1937 e instalamos delante del Pabellón Central, en los jardines, la fuente de mercurio de Calder, que originalmente estuvo en la planta baja, delante del Guernica".

"Con González Robles", continúa, "yo hablaba a menudo como director del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla para traer algunas exposiciones que él programaba, como la de Alberto Sánchez, exiliado en la URSS, símbolo de la Escuela de Vallecas y del camino a la reconciliación nacional como proyecto post-muerte de Franco que ya se estaba planteando. El ambiente del momento explica cosas e ideas que vistas desde la distancia de los jóvenes de hoy no se entienden. Por eso la exposición de Alberto, que inauguró el museo de Sevilla en 1970, me es tan querida".

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