'Miroslav Tichý. Encuentros' | Crítica Nadie imaginó que aquellas fotos existieran

  • El Cicus muestra hasta el próximo domingo 25 una selección de la obra de Miroslav Tichý, que con rudimentarias cámaras construidas con desechos dio forma a una obra en la que la atracción sexual tiene un "valor cósmico"

El fotógrafo checo Miroslav Tichý (Kyjov, 1926–2011). El fotógrafo checo Miroslav Tichý (Kyjov, 1926–2011).

El fotógrafo checo Miroslav Tichý (Kyjov, 1926–2011). / D. S.

Dijo Marcel Duchamp en un célebre texto que la obra de arte sólo se completa cuando el espectador la recibe y la pone en contacto con el mundo. Si esto es así, las fotografías del checo Miroslav Tichý (Kyjov, 1926-2011) no hubieran llegado a ser obras de arte de no ser por Roman Buxbaum, en otro tiempo vecino de Tichý, que en 1981 recogió las fotos dispersas por el tabuco donde vivía el autor, las ordenó y catalogó, y comenzó a ofrecerlas a galerías e instituciones artísticas.

En alguna de ellas las encontró Harald Szeemann, que en 2004 trajo a Sevilla, a la primera Bienal de Arte Contemporáneo, una treintena de esas fotos y algunas cámaras de Tichý, construidas por él mismo con materiales de desecho. Fue el inicio del largo recorrido de esas imágenes por centros de arte y galerías de medio mundo, que ahora encuentra otra parada en Sevilla, esta vez en el Cicus.

Dos cosas comparte Tichý con Duchamp: el abandono de la institución-arte, el llamado mundo del arte, y el valor concedido al erotismo. Pero hay diferencias: Tichý abandonó ese mundo por decisión propia pero ante circunstancias adversas. En 1948 dejó la Escuela de Bellas Artes de Checoslovaquia cuando las autoridades surgidas del llamado Golpe de Praga impusieron el realismo socialista.

Una fotografía del artista checo. Una fotografía del artista checo.

Una fotografía del artista checo. / D. S.

Comienza entonces a dibujar y pintar para él mismo. En 1968, tras la ocupacion del país por las tropas del Pacto de Varsovia, el Estado, como reacción contra el reformismo de Dubcek, pone en marcha una oleada de expropiaciones. Entre ellas, la de la casa y el estudio de Tichý. Se recluye entonces en un cuchitril y vive y viste como un sin techo. El cabello largo, la barba descuidada y los harapos son la negación del varón-modelo del socialismo real. La actitud de Tichý desborda el mundo del arte y se hace política. Lo encarcelan. Por la insistencia de personas que lo cuidan, lo envían a un centro psiquiátrico. Volverá a su pueblo, Kyjov. Allí vive como un pordiosero, cuidado por Jana Hebnarovà, su madre adoptiva. No lo molestan. Sólo durante las fiestas las autoridades discretamente lo llevan a una localidad cercana.

Cuando perdió el estudio y se destruyeron parte de sus pinturas y dibujos, decide dedicarse a la fotografía. Construye cámaras, un teleobjetivo y una ampliadora. Usa para ello aglomerado de madera, latas y tubos de distintos materiales. Sella las cámaras con asfalto. Fabrica las lentes con plásticos lijados y pulidos. Hace muchas fotos, quizá un centenar al día, pero muchas no pasan del pliego de contactos. Las imágenes que considera logradas las amplía y las pega sobre cartulinas para que el papel, de escasa calidad, no se arrugue. A veces las retoca pero sólo añadiendo a la imagen ya revelada líneas o contornos con un bolígrafo.

Otra de las imágenes de Miroslav Tichý. Otra de las imágenes de Miroslav Tichý.

Otra de las imágenes de Miroslav Tichý. / D. S.

De este modo conecta fotografía, dibujo y pintura, anticipándose a prácticas artísticas que serán frecuentes en el cambio de siglo. En Kyjov nadie sospecha que Tichý, el amable pordiosero, tiene su cuchitril lleno de imágenes. Menos aún que alguien pudiera considerarlo artista.

Suele decirse que Tichý abandonó la Escuela de Bellas Artes cuando obreros en traje de faena sustituyeron a las jóvenes modelos que posaban en las clases de dibujo del natural. No sé si a tanto llegó el celo del socialismo real checo. No cabe dudar, sin embargo, de la pasión de Tichý por el erotismo. Se ve en los dibujos que abren la muestra, en especial, el esbozo de un desnudo ante un espejo. En el filme, Tarzan Retired (así se autodefinía) atribuye a la atracción sexual un valor cósmico. Sólo fotografía a mujeres. En las calles del pueblo, en los bancos de la plaza, en la piscina pública. A veces se oculta como un espía pero casi nunca necesita hacerlo porque nadie creía que estuviera realmente sacando fotos con tan desangelada cámara.

Una muestra más de la obra del fotógrafo. Una muestra más de la obra del fotógrafo.

Una muestra más de la obra del fotógrafo. / D. S.

Su mirada no es la de un voyeur: no convierte a las mujeres en objetos. Más bien persigue sus leves gestos al andar, sorprende momentos de conversación y complicidad entre ellas, recoge sus actitudes, fueran entusiastas, reflexivas o preocupadas. No son imágenes neutras, no evitan, ocultan o disimulan el atractivo de la figura femenina, pero éste surge de cuerpos vivos, sensibles e inteligentes que se poseen a sí mismos. No hay espectáculo, sino veracidad.

A tal calidad de las fotos pudo ayudar la misma condición elemental del soporte técnico. Cámaras, ampliadoras, material de revelado, todo es básico. Las fotos tienen por ello baja definición pero la misma imprecisión y vaguedad les confieren calidad pictórica, subrayada por los peculiares métodos de retoque. Las imágenes de Miroslav Tichý poseen una lírica del cuerpo femenino, a la vez atrevida e ingenua, difícil de encontrar en otros autores. Puede que su vida fuera ya una obra de arte (aunque nunca presumió de ello) pero hay que detenerse en su obra y descubrir con calma su poética.

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