Museo Carmen Thyssen Málaga

Penúltimas mutaciones en el Museo Carmen Thyssen

  • La pinacoteca presenta su nueva exposición temporal, 'Máscaras. Metamorfosis de la identidad moderna", que reúne un centenar de obras en un marco estético que abarca desde el Romanticismo hasta las últimas vanguardias del siglo XX

Máscaras étnicas y, al fondo, 'La máscara negra' (1930-1936) de Fernand Léger, en la nueva exposición del Museo Carmen Thyssen Málaga. Máscaras étnicas y, al fondo, 'La máscara negra' (1930-1936) de Fernand Léger, en la nueva exposición del Museo Carmen Thyssen Málaga.

Máscaras étnicas y, al fondo, 'La máscara negra' (1930-1936) de Fernand Léger, en la nueva exposición del Museo Carmen Thyssen Málaga. / Javier Albiñana (Málaga)

Dado que al parecer han cundido rumores infundados al respecto, conviene comenzar aclarando que la nueva exposición temporal del Museo Carmen Thyssen Málaga, dedicada a las máscaras, no tiene nada que ver con el uso generalizado de las mascarillas motivado por el coronavirus. Se trata de algo mucho más serio: la muestra Máscaras. Metamorfosis de la identidad moderna, inaugurada este martes en el centro de la calle Compañía, es un proyecto que ha requerido tres años de trabajo por parte de sus responsables y que debió haber visto la luz el pasado 24 de marzo. El estado de alarma mandó el órdago al cajón de las iniciativas aplazadas, pero, para sorpresa de muchos, el centro que dirige Lourdes Moreno ha sido capaz de recomponerlo en su integridad en un tiempo récord. De hecho, el museo barajó en un principio atrasar la inauguración hasta septiembre, pero la complicidad de todos los agentes implicados ha sido fundamental para abrir la exposición al público este verano. No ha sido nada sencillo: Máscaras reúne un total de 103 obras de artistas fundamentales como Goya, Ensor, Picasso, Gutiérrez Solana, Fernand Léger, Joaquín Torres-García, Pablo Gargallo, Maruja Mallo, Gris, Julio González, Oteiza, De Chirico, Max Ernst, María Blanchard, Gauguin, Modigiliani y muchos otros procedentes de 46 prestadores entre los que, además de coleccionistas privados, figuran instituciones del calibre del Centre Pompidou de París, el Museo Fernand Léger, el Museo Thyssen-Bornemisza, el Museo Picasso París y el Museo del Prado, entre otros muchos. Más allá de tal despliegue organizativo con todo en contra, Máscaras es, por su alcance, ambición y significado, una de las exposiciones más importantes de cuantas ha acogido el Museo Carmen Thyssen Málaga en su aún breve historia. Por la valentía de su discurso, resulta harto deseable que la muestra constituya un antes y un después en esa historia: de momento, sí que cabe señalar al Museo Carmen Thyssen como ejemplo de que también ante el mayor infortunio y las peores condiciones es posible hacer las cosas bien.

Obras de Rafael Barradas y Josep de Togores, en la muestra. Obras de Rafael Barradas y Josep de Togores, en la muestra.

Obras de Rafael Barradas y Josep de Togores, en la muestra. / Javier Albiñana (Málaga)

El hilo conductor de la exposición son, claro, las máscaras. El visitante encontrará un marco estético que abarca desde el Romanticismo hasta las últimas vanguardias del siglo XX, por lo que el quid último de la cuestión es el modo en que el arte se ha hecho cargo de la posición del individuo y su identidad durante la Modernidad, marcada a fuego por la irrupción de las masas. Tal ha sido el objetivo de sus comisarios, la citada Lourdes Moreno, directora artística del Museo Carmen Thyssen; y el profesor titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad de Málaga Luis Puelles. Ambos presentaron la exposición en compañía del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; la concejal de Cultura, Noelia Losada; y el director general de la Fundación Unicaja (entidad patrocinadora de la muestra), Sergio Corral. Y lo cierto es que el reto discursivo que entraña un proyecto como Máscaras queda bien solventado en una exposición sin alardes, que va directa a la cuestión pero que ofrece argumentos de sobra para rumiar sobre una cuestión, la identidad personal, que en muchos aspectos sigue siendo determinante en plena post-postmodernidad.

La muestra, que podrá verse hasta el 10 de enero de 2021, reúne un total de 103 obras procedentes de 46 prestadores en un verdadero éxito organizativo del museo ante la adversidad

Tal y como explicó Lourdes Moreno, Máscaras. Metamorfosis de la identidad moderna, que podrá verse hasta enero de 2021, se distribuye en tres secciones esenciales: la primera, Disparates de carnaval, presidida por una colección de máscaras tradicionales vinculadas a la escena y al mismo carnaval, parte del asidero que ofrece Goya "como padre fundamental de la modernidad" y continúa con herederos directos como Gutiérrez Solana y otros artistas españoles en ocasiones menos reconocidos pero bien representativos de esa misma herencia, como Nikolás de Lecuona o Mariano Andreu (apunta Luis Puelles al respecto que Máscaras es una exposición "desprejuciada" a la hora de sentar en la misma mesa a artistas de distinta consideración crítica; queda a la vista, en todo caso, que la coherencia del discurso sale ganando con la jugada), aunque también se pueden admirar obras de Pablo Gargallo, Maruja Mallo y Juan Gris. Como corresponde a la esencia carnavalesca, la máscara es aquí un recurso artístico empleado para denunciar la corrupción de la sociedad y el poder político, un punto de partida desde el que el individuo, como ser crítico aspirante a la vida fuera del rebaño, quiere hacerse escuchar con suficiente protección. La segunda sección, Máscaras sobrenaturales, aborda "la ruptura de la modernidad", según Lourdes Moreno, y a partir de diversas influencias etnográficas (convocadas directamente en la exposición), artistas como Picasso, Derain, Léger, Modigliani y Julio González se apartan del realismo para el alumbramiento de la máscara como entidad autónoma, no como disfraz, en una representación ideal del individuo. Por último, en Rostros transfigurados, artistas como Torres-García, María Blanchard, Frantisek Kupka, Giorgio De Chirico y Max Ernst recurren a la máscara para representar "el mundo contemporáneo una vez rotas las ataduras del plano físico, con rostros inescrutables, en permanente mutación". De hecho, la evolución de esta mutación es la clave esencial de la muestra. En su máscara, el individuo no es uno, sino muchos, lo que puede llegar a convertir la identidad en tragedia. Y es aquí donde Máscaras hunde sus raíces estéticas en el mundo clásico.

La sección 'Máscaras sobrenaturales'. La sección 'Máscaras sobrenaturales'.

La sección 'Máscaras sobrenaturales'. / Javier Albiñana (Málaga)

 

Apunta Luis Puelles que la exposición se centra en un periodo de la Historia del Arte en el que el asunto de la identidad no ha sido, paradójicamente, estudiado a fondo, muy a pesar de las conclusiones reveladoras que se pueden extraer del proyecto. "Por lo general, el uso de las máscaras en este tiempo, ya desde el Romanticismo, se relaciona con la influencia del carnaval. Pero esta muestra presta más atención a todo lo que tiene que ver con la incertidumbre, con las mutaciones que expresan de otra manera las  emociones propias de la condición humana. Las máscaras y la Modernidad constituyen un binomio que se resuelve en la tensión que comparten dos elementos en conflicto: los individuos y las imágenes. Con respecto a los individuos, ya Goya, Baudelaire y Nietzsche advierten que el sujeto moderno está en condiciones de escapar de ciertos procesos de objetivación de la identidad. La máscara, en este caso, es garantía de subjetividad frente a la identidad, una herramienta preservadora de todas las irracionalidades individuales. Esas irracionalidades no tienen cabida en los procesos propios de la Modernidad; sin embargo, el arte las hace presentes a través de las máscaras. En cuanto a la imagen, lo importante en ellas a la hora de contemplarlas no es la consecución de cierto grado de belleza, sino la fascinación que causan en quien las mira".

Y esta reivindicación de la máscara como recinto de la irracionalidad nos devuelve, continúa Puelles (quien participó como asesor en El factor grotesco, la histórica exposición que acogió el Museo Picasso Málaga en 2012, y para la que Máscaras. Metamorfosis de la identidad moderna constituye una oportuna prolongación a la vez que concreción y actualización), al prósopon griego, en el que la máscara no es fingimiento "sino expresión fidedigna del sí". Tal y como dejó bien claro Nietszche, esta nueva revelación de la máscara, próxima a Dionisos, "nos aparta de la tradición latina para llevarnos al corazón de la tragedia", donde lo irracional encuentra su manifestación absoluta. Siglos y más siglos de ilustración y buenas costumbres no han evitado, desde entonces, que lo irracional reclame y obtenga su particular cuota en cada uno de los procesos humanos, una evidencia que se hace especialmente visible en épocas donde la tensión entre individuo e imagen se dispara, como el presente marcado a fuego por el coronavirus. Ahí están las máscaras, intactas, para dar testimonio.       

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