Arte

Sempere y el rigor de un proyecto artístico

  • El Reina Sofía dedica una muestra a Eusebio Sempere, autor de una producción coherente y afín a su tiempo

Una de las salas del Reina Sofía dedicadas a Sempere. Una de las salas del Reina Sofía dedicadas a Sempere.

Una de las salas del Reina Sofía dedicadas a Sempere. / Joaquín Cortés/ Román Lores. Reina Sofía

Su arte fue un sostenido proceso de análisis y experimentación que, desde dibujos, sencillos en apariencia, llega hasta intervenciones en la ciudad. Así podría resumirse la trayectoria de Eusebio Sempere (Onil, Alicante, 1923-1985). Mostrar paso a paso su ejecutoria, el trabajo de una vida, es el mejor aliciente de esta exposición.

Entre los modestos dibujos iniciales, 1953 (círculos formados por exactos radios blancos trazados sobre papel negro), y los espacios generados por los giros de la escultura Móvil de la S (1973) media un ejercicio de acumulación de ensayos, observación e ideas. El mismo que va de los efectos espaciales surgidos de polígonos superpuestos (trazados línea a línea, de nuevo blanco sobre negro), 1954, al diseño de las barandillas del Paso Elevado de la Castellana (1970).

La exposición puede verse hasta el 17 de septiembre. La exposición puede verse hasta el 17 de septiembre.

La exposición puede verse hasta el 17 de septiembre. / Joaquín Cortés/ Román Lores. Reina Sofía

Pero será mejor intentar seguir paso a paso tan exigente proceso. Sempere, ya bachiller, entra en 1941(tiempo duro para su familia) en la Escuela de Artes y Oficios, después en la de Bellas Artes de San Carlos (Valencia) y obtiene el título en 1948. En noviembre de ese año, con una escueta beca del SEU, marcha a París. Al volver, expone en la Galería Mateu, la más importante de Valencia. La crítica es demoledora. Regresa de nuevo a París, donde vivirá diez años e iniciará su cuidadoso y sistemático trabajo.En sus primeras obras, que relacionan colores puros –básicos y complementarios– hay ecos de Paul Klee pero también es clara su fascinación por Mondrian. Pronto abre su camino personal: una pausada indagación sobre la luz (de ahí el uso del papel negro y las texturas, las finas líneas con que forma sus geometrías), el ritmo (generado por leves desplazamientos y torsiones de polígonos y círculos en el plano), y en última instancia del espacio: cómo figuras muy sencillas alineadas pueden hacer vibrar el papel y generar profundidad con sólo sobreponer unas a otras. En París, entre la marea emocional del informalismo, resurge el arte, llamado objetivo o concreto, que en los años de entreguerras cultivaron alemanes, rusos y holandeses, un arte basado en el análisis de formas geométricas y en general, racionales. A él se unen, en los años cincuenta, autores que estudian las formas visuales (arte óptico) y el movimiento (arte cinético). Sempere conecta con los veteranos (Arp, Herbin) y con los más jóvenes (Vasarely, Jesús Rafael Soto), manteniendo sin embargo su independencia. Tampoco hay en él ciertas tentaciones juveniles: cambios bruscos de orientación o anclajes en formas que han cosechado éxito.

Mostrar paso a paso su ejecutoria, el trabajo de una vida, es el mayor aliciente de esta exposición

Sus dibujos a veces se tiñen de ironía: círculos dispuestos en escorzo o prismas alterados por perspectivas inesperadas, pero por su coherencia, desembocan en nuevos objetos: las cajas de luz. Las formas pasan del papel a la madera: recortadas y cubiertas de material translúcido se iluminan con diversas alternancias desde el interior. No son esculturas sino estudios de figuras sobre el plano, esto es, pintura. Al volver a España, 1959, añade en el interior de las cajas enrejados de madera, generando nuevas posibilidades de luz, ritmo y espacio. Poco después todo se simplifica: las piezas son enrejados superpuestos que, colgados, generan con el movimiento (de las piezas o del espectador que las rodea) insospechadas formas. Parecido efecto logran sus laboriosos collages: cartulinas recortadas y superpuestas. Este prolongado análisis encontrará un auxiliar excepcional en la computadora. Sempere, en el Seminario de Generación Automática de Formas Plásticas y con el enorme ordenador IBM de la Universidad de Madrid realiza un singular autorretrato. Al margen de este trabajo, hay dos tipos de obras de alcance: en pintura, sin abandonar su método estrictamente analítico construye paisajes y elegantes síntesis de geometría y movimiento. En escultura, diseña al detalle, para la sede de IBM, una fuente que emitiría imágenes (poemas visuales de José Luis Campal) y música de Cristóbal Halffter. El ambicioso proyecto no llegó a contar con el presupuesto necesario.Al recorrer hoy su obra, admira, además de su coherencia e independencia, la afinidad de Sempere con su tiempo. Conecta con artistas ópticos y cinéticos, pero sin perder el suelo del análisis ni sacrificar la coherencia al efecto. Sintoniza con Aguilera Cerni y el grupo Antes del arte, para rastrear la poética de formas simples, ajenas en apariencia al arte, pero no renuncia al rasgo imaginativo (que algunos llaman lírico). Su empeño es el análisis de la percepción y en eso parece ir más allá del arte, porque en esos años la percepción se aborda desde disciplinas muy diversas. El legado de la Gestalt, el estudio de los umbrales y de la atención, la maduración perceptiva en los niños son otras tantas inquietudes de la época. En ese sentido Sempere hace su contribución a la idea de que la percepción es la primera actividad del cuerpo inteligente, la que convierte el medio físico en un espacio realmente humano.

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