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Arte | 8 de Marzo

La mujer en el Bellas Artes de Sevilla

  • El museo que dirige Valme Muñoz organiza este fin de semana rutas que rescatan del anonimato a artistas, musas y mecenas

Detalle de Las cigarreras' (1915), denuncia social y obra maestra de Gonzalo Bilbao. Detalle de Las cigarreras' (1915), denuncia social y obra maestra de Gonzalo Bilbao.

Detalle de Las cigarreras' (1915), denuncia social y obra maestra de Gonzalo Bilbao. / Juan Carlos Vázquez

Recuperar identidades, biografías y personajes por los que la Historia ha pasado de puntillas obsesiona ahora a los museos europeos, como pudo verse con la exitosa exposición Le modèle noir que Orsay dedicó en París el año pasado a los modelos negros del arte. También el Bellas Artes de Sevilla, en este fin de semana del 8 de Marzo, reivindica a mujeres que han perdido el puesto que les correspondía -como artistas, musas, mecenas o modelos- con unas rutas por su colección guiadas por la conservadora Lourdes Páez Morales.

Los convencionalismos de la sociedad del XIX, cuando eclosionan las instituciones museísticas, favorecieron el anonimato de unas mujeres que quedaron descritas en los inventarios como "hermana de", "esposa del pintor" o "señora de". Ese ocultamiento fue adoptado y perpetuado en las décadas posteriores hasta que, recientemente, las instituciones culturales y museos han asumido que deben ser punta de lanza del rescate de estas mujeres. El Bellas Artes, que dirige Valme Muñoz, lleva algunos años indagando en estas cuestiones -su proyecto propio Miradas de mujer nació en 2014- y pretende hacer accesible sus hallazgos -han rescatado ya a más de una treintena de mujeres del anonimato- con una aplicación que podría estar disponible este verano.

Lourdes Páez (izquierda) y Valme Muñoz ante el bodegón de Caffi, única obra expuesta en las salas de una mujer. Lourdes Páez (izquierda) y Valme Muñoz ante el bodegón de Caffi, única obra expuesta en las salas de una mujer.

Lourdes Páez (izquierda) y Valme Muñoz ante el bodegón de Caffi, única obra expuesta en las salas de una mujer. / Juan Carlos Vázquez

"En el Bellas Artes, fundado como museo de pintura, los propios historiadores ya comenzaron ofreciendo una visión sesgada que excluía la escultura", recuerda Lourdes Páez sobre el motivo que dejó fuera a nombres decisivos como la imaginera y escultora sevillana Luisa la Roldana, de la que no hay ninguna obra en los fondos.

Este recorrido se inicia con la Virgen del Reposo, pintura anónima flamenca del siglo XVI, y con una obra donde se representa a María Magdalena como ejemplo de arrepentimiento. Pronto se llegará a la única obra firmada por una mujer que se expone en las salas de la colección permanente: un bodegón de la pintora milanesa Margarita Caffi, "que tuvo la suerte de contar con una mecenas de la casa de los Medici que apostó por ella", recuerda Valme Muñoz. De Caffi el museo conserva dos cuadros de flores, donados en 1980.

El museo sólo expone ahora dos obras de mujeres: un bodegón de la milanesa Caffi y un bajorrelieve de Carmen Jiménez

La otra obra expuesta de una mujer es un bajorrelieve contemporáneo de Carmen Jiménez ubicado en el claustro principal. Ella fue catedrática de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla "pero tuvo que esperar a que sus alumnos fueran académicos para lograr ingresar como tal en la Real Academia de Santa Isabel de Hungría", contextualiza Páez.

'Carro del Parnaso' de Domingo Martínez ensalza a Bárbara de Braganza. 'Carro del Parnaso' de Domingo Martínez ensalza a Bárbara de Braganza.

'Carro del Parnaso' de Domingo Martínez ensalza a Bárbara de Braganza. / Juan Carlos Vázquez

La visita se detiene ante el Carro del Parnaso, uno de los ocho lienzos de Domingo Martínez que representan las conmemoraciones celebradas en Sevilla por la subida al trono del rey Fernando VI y su esposa portuguesa Bárbara de Braganza, a quien el padre Feijoo, ilustrado y feminista, ensalzó en su defensa de la igualdad de capacidades de la mujer y el hombre al decir "que ella dominaba seis lenguas mientras muchos hombres no son capaces de explicarse siquiera en la nativa".

El itinerario prosigue con la pintura del XIX y aquí una parada interesante es el retrato de la esposa del pintor Diego López, que figura como Retrato de su esposa con mantilla -su nombre sigue sin ser confirmado- mientras que el retrato del hermano del artista se identifica como Retrato de D. José López, sin alusión a su indumentaria.

Ante el retrato que Gonzalo Bilbao dedicó a su esposa María Roy. Ante el retrato que Gonzalo Bilbao dedicó a su esposa María Roy.

Ante el retrato que Gonzalo Bilbao dedicó a su esposa María Roy. / Juan Carlos Vázquez

"La mujer ha entrado más como musa, y a menudo anónima, que como pintora. Ser modelo podía ser un estigma social para muchas mujeres aunque también las creadoras estaban sometidas a las trabas de un oficio asumido como masculino", continúa Páez Morales, que recuerda el caso de "María la guapa", modelo de pintores en las primeras décadas del siglo XX de la que no se sabía sus apellidos hasta que los investigadores han logrado identificarla como María Romero con ayuda de sus familiares, que contactaron con el museo gracias a las redes sociales.

José Villegas retrató así a su esposa Lucia Monti. José Villegas retrató así a su esposa Lucia Monti.

José Villegas retrató así a su esposa Lucia Monti. / Juan Carlos Vázquez

Malvaloca, personaje teatral de los Álvarez Quintero que pintó García Ramos; Saturnina Moso pintada por Esquivel y los retratos de las donantes Lucia Monti y de María Roy, esposas de los artistas José Villegas y Gonzalo Bilbao, son otros hitos de un recorrido que eclosiona en Las cigarreras. Gonzalo Bilbao elevó aquí en 1915 a la categoría de arte una denuncia de las trabajadoras de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, que reclamaban una guardería. Se les montaron cunas para que amamantaran a sus hijos en su lugar de trabajo, tan poco higiénico, y Gonzalo Bilbao reflejó esa precariedad laboral en una composición espléndida que recuerda a Las Hilanderas de Velázquez pero no logró la esperada medalla en la Exposición Nacional de aquel año en Madrid, probablemente por el machismo obstinado de los académicos.

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