Lorenzo Lotto | Exposición en el Museo del Prado La osadía de Lorenzo Lotto

  • El artista fue, al menos en el lienzo, más del norte (del naturalismo) que del sur (la sensibilidad clásica)

'Retrato de mujer inspirado en Lucrecia', una de las obras más ambiciosas y atrevidas de Lorenzo Lotto (1480-1556). 'Retrato de mujer inspirado en Lucrecia', una de las obras más ambiciosas y atrevidas de Lorenzo Lotto (1480-1556).

'Retrato de mujer inspirado en Lucrecia', una de las obras más ambiciosas y atrevidas de Lorenzo Lotto (1480-1556). / D. S.

La dignidad del individuo la concibió el Renacimiento desde dos puntos de vista. Unos la deducen del lugar central que el ser humano ocupa en el mundo: puede disponer de sí mismo y ordenar su entorno según su criterio. Un texto célebre, Discurso de la dignidad del hombre (escrito por Pico della Mirandola, Marguerite Yourcenar prologa con él una de sus novelas), fija ese privilegio, fundamento del humanismo.

Otros ponen la dignidad del hombre en su capacidad para modelar su vida por sí mismo, esto es, partiendo de su querer y entender, de su sensibilidad y afecto. Aun para dirigirse a Dios el camino es individual. Este convencimiento (no exento de incertidumbres) culmina en la Reforma de Lutero pero ya se rastrea en los retratos de Jan Van Eyck: hombres y mujeres que poseen vida propia aunque reservada, sólo reflejada en la intensidad de sus rasgos.

El arte incorporó estas alternativas. Tiziano otorga a sus retratos, como los de Ariosto o el Aretino, la serena resolución de la escultura clásica. Las figuras de Holbein el Joven (Tomás Moro o Nicholas Kratzer) no tienen esa consistencia pero en cambio evidencian una densa vida interior.

Lotto está más cerca del norte (el delicado naturalismo) que del sur (la sensibilidad clásica)

Los primeros retratos de Lorenzo Lotto (Venecia c. 1480-Loreto, 1556) están más cerca de Holbein que de Tiziano. En El joven de la lámpara (1506) la figura, aunque pintada desde un punto de vista levemente bajo, no destaca por su fuerza sino por su mirada, entre tímida y desconfiada, y por su fuerte mentón que contrasta con los labios sensitivos. El fondo además no es un plano pictórico, como en Tiziano, sino un elaborado tejido con un fino hilo de oro. Lotto está más cerca del norte que del sur: prefiere un delicado naturalismo frente a la sensibilidad clásica.

Lotto se formó en círculos, como los de Alvise Vivarini y Jacometto Veneziano, que recogieron las ideas de Antonello da Messina, el siciliano que difundió en Italia las claves de la pintura del norte europeo. Esto explicaría los rasgos formales de sus obras pero en ellas hay algo más: una sintonía sentimental con el modelo. En el sur se enaltece al retratado, aun a costa de distanciarse de él, mientras que el pintor del norte intenta llegar al interior del personaje. En 1512, Lotto pinta a un joven en estricta frontalidad: la destreza técnica es tan llamativa como el cruce de miradas. Un autor conceptual, Giulio Paolini (Génova, 1940), hizo del cuadro una impresión fotográfica titulándola Joven que mira a Lorenzo Lotto.

'Retrato de joven con lámpara'. 'Retrato de joven con lámpara'.

'Retrato de joven con lámpara'. / D. S.

Lotto fue un pintor sin suerte. Su trabajo no convence en Roma. No vuelve a Venecia. Trabaja en Treviso, Bérgamo y Las Marcas. Allí concibe un nuevo tipo de retrato: su formato apaisado puede incluir a dos figuras (un matrimonio, por ejemplo) o rodear al personaje de objetos que den pistas de su vida y su trabajo. El recurso, cercano a Holbein (recuérdense Los embajadores), lo enriquece Lotto con la sensualidad veneciana del color, la cuidada carnación y el atractivo de telas y tocados. A eso le añade objetos que, como la lámpara del primer cuadro citado, son enigmas que estimulan la fantasía del espectador. Así, los jóvenes esposos Cassotti aparecen uncidos con un yugo (madera de un laurel retoñado) que les impone Cupido.

Más ambicioso es el Retrato de mujer inspirado en Lucrecia: la atrevida gama de color, la belleza de la joven, la nota sensual del collar (no rodea el cuello, surge del escote), la potencia del cuerpo, entre la diagonal de la silla y la mesa escorzada, conforman un gran cuadro. Lo mismo ocurre con el Retrato del joven: examina un gran libro de contabilidad en una mesa donde alguien dejó un chal azul, en el que se dispersan pétalos de rosa rodeando un enigmático lagarto. Son obras excepcionales pero apenas interesaron en Venecia, cuando Lotto regresa a la ciudad.

En retratos como éste, 'Marsilio Cassotti y esposa', el pintor se atrevió a concebir formatos distintos para el género, al apaisar la pintura e incluir a más de un personaje. En retratos como éste, 'Marsilio Cassotti y esposa', el pintor se atrevió a concebir formatos distintos para el género, al apaisar la pintura e incluir a más de un personaje.

En retratos como éste, 'Marsilio Cassotti y esposa', el pintor se atrevió a concebir formatos distintos para el género, al apaisar la pintura e incluir a más de un personaje.

Lotto acusó el fracaso. Sus propuestas no convencen, los encargos disminuyen, sólo los consigue a bajo precio y con frecuencia le pagan menos de lo acordado. Vive en permanente precariedad. Pese a ello, los retratos de los últimos años (anteriores a 1547, cuando ingresa como oblato en un monasterio) no son en absoluto desdeñables. Vuelve al formato vertical al uso. En él hace el Retrato del caballero, que los especialistas llaman melancólico, el Retrato del arquitecto y el de El hombre con guantes. Son cuadros sobrios, con fondos neutros (salvo el breve paisaje del primero), los objetos disminuyen y los tres personajes visten de negro.

Esto permite a Lotto un trabajo lleno de matices, con amplia gama de grises. Son cuadros para ver de cerca. Los gestos de las figuras son concisos pero Lotto no renuncia a llevar al lienzo los rasgos individuales: la pesadumbre del primer caballero, la tranquila sencillez del arquitecto, la dureza del señor de los guantes. Quizá Lotto sólo fue un pintor provinciano pero en sus retratos hay, además de buen hacer, atrevimiento.

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