Dorantes | Crítica

Música programática

El Puerto acogió el estreno de la obra, un encargo de la ciudad de Sevilla. El Puerto acogió el estreno de la obra, un encargo de la ciudad de Sevilla.

El Puerto acogió el estreno de la obra, un encargo de la ciudad de Sevilla. / Víctor Rodríguez

Música programática para cantar la gesta de los seres humanos que dieron una vuelta completa a la tierra por vez primera. La música de Dorantes posee un aliento épico así que es adecuada para esta epopeya. Claro que la historia también resulta dramática, por lo prolongado de la navegación, y hasta trágica, por el coste en vidas humanas que supuso la aventura. Para describir estos paisajes marinos, la ansiedad de la búsqueda, el deseo de descubrir y de hacer fortuna, primero, la necesidad de pisar tierra firme, más tarde, Dorantes echa mano del lenguaje que mejor conoce: tanguillos y alegrías para subrayar la ilusión de la partida y los primeros días de navegación y seguiriyas para describir el hambre, la disentería, las luchas, las deserciones, los ajusticiamientos y la muerte. Es un gusto poder escuchar material nuevo de parte de un músico que se prodiga bastante en Sevilla. Dorantes ha compuesto una música que describe paisajes externos e internos. La música de este compositor es profundamente visual así que se adecua fácilmente a la función de dar vida a este intenso periplo. Además con la novedad de la orquesta de cuerda, que subraya algunos pasajes. Aunque no es la primera vez que la música de Dorantes viene respaldada por una orquesta. También encontramos un coro compuesto por estudiantes de la Fundación Cristina Heeren que nos van explicando lo que vemos, el mar, las naves, los paisajes, las luchas, y también las emociones de los marineros. Fundamental resultó la aportación de los percusionistas con un par de solos de mucho mérito: el primero sobre un contenedor y a cuatro manos, buscando en el timbre metálico las connotaciones marineras y también el ambiente claustrofóbico de la historia. El segundo con el brillo de la marimba de Antonio Moreno que en esta Bienal ha tenido el don de la ubicuidad: el Lope, el Central, el Puerto de Sevilla. En efecto, para la clausura del festival la organización ha elegido una localización que tiene que ver con el contenido de la obra, ya que la expedición de Magallanes y Elcano partió de nuestra ciudad, pero que es de difícil acceso. Tanto que algunos no llegaron, ya que para los que no están familiarizados con la geografía de Sevilla era una prueba francamente difícil. También hubo una parte del público que protestó por no poder abandonar el recinto cuando lo deseara, ya que estábamos en zona franca y rodeados de las fuerzas de seguridad. Pero lo cierto es que la mayoría del público ovacionó al pianista. Porque Sevilla adora a Dorantes y Dorantes adora a Sevilla, de ahí que incluyera una mención a la ciudad hacia el final de La roda del viento: la expedición de Elcano regresó también al puerto sevillano, como saben.

La obra nos recuerda a otra de temática parecida y protagonizada también por un flamenco, ¡Tierra! de Juan el Lebrijano, tío de Dorantes. De hecho el programa al que nos referimos, así como los textos que cantó el coro, están escritos por Casto Márquez, colaborador que fue del gran Juan Peña. Épica subrayada por las estrellas que guiaron a los marineros, las grúas del puerto, los barcos y los contenedores que, como dijimos antes, se incorporaron también a la función.

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