Bienal de Flamenco 2018

Leonor Leal elige la noche para mostrar sus sueños de libertad

  • Tras el éxito obtenido en la pasada edición con el espectáculo compartido ‘JRT’, la bailaora jerezana regresa en solitario al Teatro Central con su último trabajo, ‘Nocturno’

Leonor Leal ensayando con el guitarrista Alfredo Lagos Leonor Leal ensayando con el guitarrista Alfredo Lagos

Leonor Leal ensayando con el guitarrista Alfredo Lagos / Víctor Rodríguez

Podría haber sido bailarina de ballet, pero el destino hizo que naciera en Jerez, una ciudad donde los ritmos flamencos andan sueltos por doquier y, apenas te descuidas, acaban por atraparte. Así, a pesar de su imagen atípica -siempre con el pelo corto- y de su gusto por bailar con pantalones, empezó a taconear por los escenarios en la compañía jerezana de El Pipa, y luego en la de Andrés Marín, el Ballet Flamenco de Andalucía… Hasta que su cabeza, siempre en ebullición, la impulsó a independizarse para buscar por el mundo nuevas alianzas que hicieran posible ampliar su lenguaje coreográfico y poder decidir qué y cómo quiere bailar en cada momento de su vida y de su carrera.

A lo largo de ese itinerario personal ha creado piezas como Leoleolé (2008), eLeeLe (2011), Mosaicos (2012), Naranja amarga (2013) o Frágil (2015), y algunas coreografías cortas en las que ha logrado hacer dialogar a su baile con espacios no convencionales, como La mujer habitada (estrenada en los Jardines del Guadalquivir durante la Bienal de 2012) o El verbo en tu boca, una preciosa performance que presentó en la Bienal de 2014 inspirada por las palabras de Paco de Lucía.

En 2016, su camino la llevó a compartir con Úrsula y Tamara López un aplaudido y desgraciadamente poco rodado espectáculo, JRT, sobre la estética y la época del pintor Julio Romero de Torres. Asesoradas por Pedro G. Romero, las tres bailaoras se pusieron en manos de dos pesos pesados de la danza contemporánea: Mónica Valenciano y María Muñoz, una de las grandes bailarinas de este país, Premio Nacional de Danza 2008 y fundadora, en 1989, de la compañía Mal Pelo. Ella, con su colaboración en la dirección, es sin duda una de las principales responsables de este Nocturno que ha contado también con la valiosa colaboración del parisino Jean Geoffroy (espacio sonoro y colaboración en la creación) y el acompañamiento de la bailarina y coreógrafa Natalia Jiménez.

"JRT ha sido fundamental para mí. En él trabajé por primera vez con los músicos con los que comparto hoy esta aventura: el guitarrista Alfredo Lagos y Antonio Moreno, el percusionista de Proyecto Lorca, que nos acompañaba junto con la cantaora Rosalía, por entonces bastante menos conocida. Y allí conocí a María y a Mónica. Dos mujeres que, con mucho respeto, nos ayudaron a entender el concepto de espacio (tan poco importante para muchos flamencos), a saber que éste comienza donde tú lo quieras abrir, y a colocar la expresividad por encima de la cantidad de pasos. Al finalizar este trabajo yo quería montar algo pequeño, algo sencillo, pero que me ayudara a entender cosas que nadie antes me había hecho ver así que le pedí ayuda a María Muñoz y ella, que ama el flamenco, aceptó con algunas condiciones: que tuviéramos un proceso mínimo de dos años -necesarios a su entender para poder incorporar otros parámetros a mi modo de trabajar- y que no le pidiera un material coreográfico concreto. Con esas premisas, nuestro trabajo común ha consistido en entablar un diálogo sobre cómo trabajar el cuerpo y la escena, y se ha desarrollado en varias etapas o residencias, al final de cada una de las cuales hemos hecho algunas sesiones abiertas al público: en Linz (Austria), en Celdrá, en Girona (en el Centro de Creación L’animal a l’esquena, fundado por la compañía Mal Pelo), en Toulouse (Francia) y en el Festival de Dusseldorf (Alemania). La meta final, de todas formas, siempre fue el espectáculo que verá la luz en la Bienal de Sevilla, el próximo 23 de septiembre en el Teatro Central", cuenta la jerezana.

Durante este largo proceso, Leonor Leal ha tenido tiempo para escribir y publicar Catalina sin pamplinas, un delicioso cuento infantil flamenco ilustrado por Guridi -también involucrado en las imágenes del espectáculo- así como para hacer en Madrid un máster sobre Práctica escénica y cultura visual, una de cuyas ramas -Cuerpo, archivo y memoria- dio origen a un ejercicio que también ha pasado a formar parte del espectáculo. "Se trataba" -aclara Leal- "de utilizar o copiar abiertamente cosas de otros artistas para tomar conciencia de lo mucho que hemos incorporado de nuestros modelos en lo que llamamos ‘nuestro lenguaje’. En varias ocasiones he utilizado esas herramientas, por ejemplo con el vocabulario de un bailaor al que admiro muchísimo, como es Mario Maya, y que he incorporado también a esta atmósfera nocturna. Una noche que para mí, entre otras cosas, es la de esos sueños que tienes despierta, antes de que llegue el sueño verdadero; en ellos me imagino que estoy en un escenario y que mi cuerpo baila transformándose de manera liberadora como quiere y en quien quiere".

Leal en el proceso creativo de 'Nocturno' Leal en el proceso creativo de 'Nocturno'

Leal en el proceso creativo de 'Nocturno' / Víctor Rodríguez

A pesar de no contar con una estructura dramática, el espectáculo está constituido -casi siempre de forma fragmentada-, por materiales muy flamencos entre los que se cuenta el martinete, el tango, el garrotín, una geométrica farruca en homenaje a Escudero o una extraña soleá que Leonor baila al final del trabajo. Músicas a las que se han unido un aurresku vasco en versión instrumental y algunas Variaciones Goldberg que empezaron utilizando en los ensayos y al final se han quedado en el espectáculo mediante un original trabajo de adaptación de Alfredo Lagos a la guitarra. Aunque suene a casualidad, no hay que olvidar que las célebres y suaves piezas de Juan Sebastián Bach fueron un encargo que le hizo el embajador de Rusia en Dresde para sobrellevar sus largas noches de insomnio.

Nocturno, por tanto, no será un espectáculo de flamenco al uso, sino el resultado de una investigación escénica. El final de un viaje, a veces lúdico, a veces solemne, incluso doloroso, que la bailaora y dos grandes músicos decidieron emprender por el reino del insomnio y la memoria y que ahora, dos años después, quieren compartir con el público de la Bienal.

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