Balance del magno festival

Una Bienal rara, rara, rara

Esta ha sido la Bienal del cante de mujer. Esta ha sido la Bienal del cante de mujer.

Esta ha sido la Bienal del cante de mujer. / Víctor Rodríguez

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Ha sido una Bienal sin luces ni sombras. No ha habido grandes entusiasmos ni tampoco naufragio absoluto. Ni siquiera los habituales escándalos. Los desnudos no asustan a nadie ¿verdad? La Bienal de Sevilla ya no es el motor de creación que fue en la etapa de José Luis Ortiz Nuevo. Por cierto que tan sólo un artista, Gerardo Núñez, mencionó este año el nombre de Ortiz Nuevo.

Una de los fenómenos que asoman en esta edición de la Bienal, como tendencia, es la investigación en el pasado, remoto o reciente, del propio flamenco en busca de inspiración. Por supuesto que el teatro-danza contemporáneo sigue siendo un referente para los nuevos intérpretes. Pero muchos se han dado cuenta de que en nuestro propio pasado hay claves muy interesantes para la evolución del flamenco. Así 'El salón de baile', el más excitante de los espectáculos de danza flamenca de esta edición, es una indagación en los espacios escénicos que antecedieron a los Cafés Cantantes y en los que se dio una variedad y una riqueza musical y coreográfica de la que todavía podemos alimentarnos. Además con un elenco notable en el que sobresalió, una vez más, una poderosa Tamara López técnicamente impecable, tanto con las zapatillas como con los zapatos y las castañuelas. Eso sí, no estoy de acuerdo en considerar los bailes flamencos y los bailes de palillos como artes escénicas separadas. Por lo demás el baile flamenco nos trajo a esta Bienal mucho ensimismamiento, mucho yo, mucha autorreferencia: yo, yo mismo, mi historia, mi presente, mis circunstancias vitales, mi nombre, mi pueblo, mi calle, mi casa, mis cosas, mi habitación. A veces al público le costó sentirse identificado.

'El salón de baile' de la Compañía de Rafaela Carrasco. 'El salón de baile' de la Compañía de Rafaela Carrasco.

'El salón de baile' de la Compañía de Rafaela Carrasco. / Juan Carlos Muñoz

El cante, como augurábamos hace un mes en estas mismas páginas, ha sido el auténtico protagonista de esta Bienal. Esta es una notica excelente. Aunque el hecho de que se confirmen las predicciones no es nada excitante si de lo que hablamos es de arte. Sobre todo el arte de mujer  se expuso y ganó: La Tremendita o Rosalía entre las jóvenes pero también maduras como Lole Montoya, que le dio una vuelta de tuerca a su repertorio con el piano impresionista de Évora en uno de los recitales más emotivos de esta Bienal. Los hombres se sumaron a esta voluntad renovadora con propuestas como 'Hodierno' de David Lagos o 'Soleá sola' de Tomás de Perrate.

El guitarrista jerezano Diego del Morao. El guitarrista jerezano Diego del Morao.

El guitarrista jerezano Diego del Morao. / Juan Carlos Vázquez

Los guitarristas nos ofrecieron noches de enorme sabor. Sin grandes pretensiones, sin grandes alharacas. Tomatito homenajeó a su mentor Camarón en un concierto delicioso y los jerezanos Diego del Morao y Antonio Rey firmaron uno de los mejores espectáculos de esta Bienal. Un jerezano nacido en Madrid, por cierto, este último, en contradicción con lo que nos dijo el programa de mano de esa noche. Y es que los programas de mano de esta Bienal han servido más bien para despistar al personal. De retroceso total podemos considerar la parte divulgativa de este festival con un programa francamente raquítico y poco o nada publicitado. También los niños, el futuro, han sido olvidados en esta edición con la supresión de la programación infantil y los talleres-ludotecas que tan felices nos hicieron a muchos, madres y padres, la edición pasada.

 

Antonio Rey en el espectáculo 'Guitarras de Jerez'. Antonio Rey en el espectáculo 'Guitarras de Jerez'.

Antonio Rey en el espectáculo 'Guitarras de Jerez'. / Raúl Caro/EFE

Ha sido una Bienal rara, rara, rara. Pero teniendo en cuenta que ha tenido tres directores en el último año, el hecho de que se haya celebrado puede ser considerado un éxito. La cuestión, como siempre, es esta: ¿hasta qué punto las instituciones públicas, todas las instituciones públicas, consideran lo jondo como un arte adulto? Ustedes podrían contestarme con otra pregunta: ¿hasta qué punto los organismos públicos se toman en serio la cultura? Les doy toda la razón. Con todo, podemos comparar la situación de la Bienal con la de instituciones culturales cercanas como la Sinfónica o el Festival de Cine. Lo que está claro es que al día de hoy no hay un proyecto, ni bueno ni malo, en la Bienal de Flamenco. Y eso se nota en los resultados artísticos. En esta edición ha habido tres programadores y hasta ahora nadie ha dicho qué parte del programa se debe a cada uno. Bueno, alguien sí ha dado explicaciones: Ortiz Nuevo explicó en rueda de prensa qué Bienal había concebido, que por cierto no se parece en nada a la que hemos visto. En todo caso está claro que hasta que los flamencos no asuman sus propios riesgos y sus propias responsabilidades no van a ser tomados en serio.

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