Nano de Jerez y Anabel Valencia | Crítica

Cantar a por todas

Anabel Valencia en su recital en San Luis de los Franceses. Anabel Valencia en su recital en San Luis de los Franceses.

Anabel Valencia en su recital en San Luis de los Franceses. / Óscar Romero/ La Bienal (Sevilla)

Qué poco hace falta para intuir cuándo un artista tiene su noche, o su día, como es el caso. De hecho, apenas habían pasado unos minutos desde que Anabel Valencia pisó las tablas y ya sentimos lo que escuece una voz que acumula anhelo y rabia. Quizás la que se atraganta cuando te han faltado oportunidades para resarcirte de tus errores y demostrar la cantaora que eres.

La de Lebrija, a años luz de la cantera que se ha pasado por este ciclo, se presentó "a por todas" con la clara intención de que el público se aprenda de una vez su nombre, buscando en los recodos de su garganta el asidero para dar el salto, sin temor ya a que pudiera ser mortal. Y así, sin microfonía y sin red, cantó y voló con la seguridad de quien se sabe artista aunque no quiera, pero con la prudencia y la madurez que dan las caídas previas.

De esta forma, con arrojo y valentía, Valencia se apretó los puños y ofreció uno de los mejores recitales que hemos visto en San Luis de los Franceses. Un cante leal y honesto que vive en su memoria, le sale de los ovarios y las pestañas y proyecta con un eco abrasador pero cálido. Como demostró, sobre todo, en la impresionante malagueña, en la profundísima seguiriya y en las bulerías, con las que podría comerse el mundo.

Tras ella, la Iglesia se llenó del eco sabio del tío Nano de Jerez que se peleó con el cante para explicar que en el arte tan importante es la agonía como la calma. En este sentido, suplió sus dificultades y sacando la voz de donde nadie sabe -le costaba menos cantar que hablar-, dio una lección magistral de compás acudiendo a las bulerías y soleares de su tierra, que tan bien maneja.

Pero además, Nano de Jerez entregó también su corazón y sonrisa haciendo que el público se sintiera rápidamente uno de los suyos y así acabó triunfando. Más aún en una Bienal tan falta de cante.

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