Bienal

Joaquín Grilo o el baile en libertad

  • El jerezano regresa a la Bienal con 'La mar de flamenco', su tributo a la Bahía de Cádiz y al arte que llegó a ella.

La última vez que Joaquín Grilo pisó las tablas del Lope de Vega fue en la Bienal de 2010 en la noche consagrada a Jerez. La uva y el cante, uno de esos espectáculos corales ideados por Moraíto con todo el soniquete de los tabancos de la tierra. De repente, en pleno espectáculo, de entre las butacas del teatro surgió una figura vestida con traje claro y al grito de "maestro Morao" subió al proscenio para bailar, por bulerías, con tal apasionamiento y enajenación, tan embelesado y genial, que pareciera sentir que el público nunca estuvo allí. Que sólo el añorado maestro de la guitarra era testigo de su baile. El recuerdo de aquel momento mágico -protagonizado junto al añorado Manuel Moreno Junquera Moraíto- eriza la piel de Joaquín Grilo, que atiende al otro lado del teléfono, en una jornada en la que ultima los detalles de su regreso a la Bienal (hoy, a las 20:30). "Morao es algo muy especial, si hablamos de bulería, hablamos de él. Compartir con Morao ese momento y volver a este teatro tan lleno de energía por toda su historia, impresiona".

También debe impresionar presentarse ante un auditorio lleno hasta la bandera y en una ciudad que, "sin ojana", "siempre" le ha tratado "muy bien". Ya sea con una propuesta sencilla, sin esquemas como fue ese Ensayo que mostró la pasada primavera en los JuevesFlamencos, o este La mar flamenco que trae a Sevilla "con muchos cambios", tras su estreno en el último Festival de Jerez.

El espectáculo, que fue recibido con tibieza por parte del público y la crítica, llega a la Bienal más limpio de elementos -se prescinde del bailarín de danza contemporánea Javier Pérez y del músico turco Bilgin Canaz- pero se asienta en la misma base: el tributo que Grilo hace a "todo eso que había entre Oriente y Occidente; a la Bahía de Cádiz y a la idea de que el flamenco es lo que es hoy por todo lo que bebió de unos y otros". Con música original de Juan Requena, el cante Carmen Grilo y José Valencia, la armónica de Antonio Serrano, la percusión de Ángel Sánchez Cepillo y Los Mellis a las palmas, Grilo hilvanará bailes que saben a sal y a historias de "marineros y piratas".

Porque son las relaciones personales las que propician historias, creaciones y hacen evolucionar el arte. Lo sabe bien Grilo. La mar de flamenco surgió en una jornada de pesca con su amigo el fotógrafo de Diario de Jerez Miguel Ángel González, autor de las imágenes que se proyectarán durante la obra. "Amanecía, Miguel Ángel estaba haciendo fotos y le salió el duende", cuenta el bailaor, que añade que el título alude también a esa expresión añeja que "usaban las abuelas" para subrayar una personalidad libre de ataduras.

En este momento de su vida se encuentra Joaquín Grilo. "Antes me importaba mucho los comentarios, hoy soy libre. Cuando bailo, plasmo lo que soy, disfruto yo y disfrutan los demás. En la vida real, soy igual, me gusta vivir sin prejuicios", opina el jerezano. Para llegar a este punto de absoluta libertad en el baile "hay que dominar la técnica para olvidarse de ella". "El flamenco está a un nivel altísimo, ya no se puede hacer mejor, pero falta la transmisión, el alma. La técnica es el medio para poder expresar. Si se pone a trabajar, el cuerpo humano puede llegar a dominar todas las técnicas -en el baile, las carretillas, los chaflanes, los giros...-, pero si sólo hay esto, no se muestra lo interior", explica el intérprete de Leyenda personal. "Ahora los artistas no se juntan, no comparten sus ideas; hay una manera diferente de vivir que va acabando con esta sabiduría". No es el caso de Grilo. "Con José Valencia, con Carmen, con Juan los ensayos son una fiesta. Hay tal conexión entre nosotros que lo que a ojos del público puede parecer espontáneo está muy ensayado; y lo que surge sin más en ese momento, parece algo ya creado". Bailar en libertad. Ése es su sello.

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