Bienal

La XXI Bienal de Flamenco se consolida como motor de lo jondo, pese a la pandemia

  • La cita, con casi 50 espectáculos programados en 59 días, cierra su edición más incierta y difícil posicionándose como ejemplo de cultura segura

Isabel Ojeda, Antonio Muñoz, Antonio Zoido y María del Mar Sánchez Estrella, en el Centro de Cerámica de Triana. Isabel Ojeda, Antonio Muñoz, Antonio Zoido y María del Mar Sánchez Estrella, en el Centro de Cerámica de Triana.

Isabel Ojeda, Antonio Muñoz, Antonio Zoido y María del Mar Sánchez Estrella, en el Centro de Cerámica de Triana. / Juan Carlos Vázquez (Sevilla)

Hablar de entradas vendidas o teatros llenos en un momento en el que la distancia de seguridad marcada por la pandemia obliga a restringir los aforos no responde más que a inercias de la vieja normalidad cuando el éxito de lo cultural tenía que medirse o justificarse en cifras absolutas y no en el valor inmaterial e incalculable del arte para -como reza la última campaña presentada por el Gobierno de Cultura y Deporte- “iluminar” vidas, a veces medio confinadas.

Por eso, más allá de las cifras destacadas este martes en el balance de la XXI Bienal de Flamenco de Sevilla, el logro de esta edición hay que encontrarlo en la propia celebración de un evento que durante 59 días ha acogido en seis espacios patrimoniales casi medio centenar de espectáculos protagonizados por 360 artistas, sin incidencias. A excepción del estreno de El Salto, del coreógrafo y bailarín Jesús Carmona, que tuvo que ser suspendido por motivos de seguridad y que se recuperará el 19 de diciembre en el Lope de Vega.

El estreno de 'El Salto' de Jesús Carmona, suspendido por motivos de seguridad, se recupera el 19 de diciembre en el Lope de Vega

Es decir, si como señaló el flamencólogo y gestor cultural, Manuel Herrera, en el pregón inaugural, la Bienal ya aspiró desde su origen a ser mucho más que un concurso para “servir de reclamo y hacer de escaparate de lo nuevo y de lo que es raíz y esencia", ahora en este año incierto y difícil la cita se ha posicionado como motor de lo jondo, mostrando el compromiso de la ciudad con el flamenco, contribuyendo a su divulgación, dignificación, desarrollo y universalización. Y, al mismo tiempo, como resaltó el delegado de Cultura, Hábitat Urbano y Turismo, Antonio Muñoz, ha sabido demostrar que “se puede consumir cultura y se pueden abrir los espacios escénicos con la total garantía para la salud de los espectadores”.

En este sentido, la trascendencia del evento, avalada en la rueda de prensa por los millones de impresiones en las redes sociales o por el impacto económico de más de 8 millones de euros por su cobertura en medios, ha estado motivada en gran parte por “la ejemplaridad de la gestión en las actuales circunstancias y la versatilidad para encontrar soluciones”. Aquí, uno de los grandes aciertos que, según su director, Antonio Zoido, “ha venido para quedarse”, ha sido el de la emisión on line y gratuita de siete de los espectáculos que, en total, han alcanzado más de 33.600 visualizaciones “difundiendo la Bienal fuera de nuestras fronteras a países como Estados Unidos, Japón, Argentina, Rusia o Brasil, además de la mayoría de los europeos”.

Sin embargo, como ya recogió este diario, la fórmula del streaming ha resultado insuficiente para aficionados, programadores y productores, que se han quejado de la dificultad para acceder a estos contenidos, de la falta de criterio en la elección (descartándose estrenos esperados como los de María Moreno, Lucía la Piñona o Ana Morales) y de la poca oferta (Rocío Molina, Fahmi Alqhai y Patricia Guerrero, La Tremendita, Joselito Acedo, Andrés Barrios, Dorantes y Andrés Marín). Sobre todo, porque como muchos apuntan, esta costosa inversión se vislumbra necesaria en estos tiempos de movilidad restringida, al menos si se quiere facilitar la circulación de las obras en otros circuitos nacionales e internacionales. Algo que, por cierto, sigue siendo uno de los grandes reclamos de los artistas a la Bienal, a los que se les exige traer estrenos o proyectos exclusivos que les suponen una gran inversión cuando no tienen garantías de continuidad, ni siquiera con la obtención de los Giraldillos.

La oferta del 'streaming', considerada escasa por programadores y aficionados, se señala como uno de los grandes éxitos de la edición, alcanzando más de 33.600 visualizaciones

Esta búsqueda de espectáculos novedosos, sumado a que este 2020 se ha prescindido de escenarios como el Hotel Triana o Santa Clara y se ha mermado el de San Luis de los Franceses, reservados normalmente a los recitales íntimos o los festivos encuentros intergeneracionales entre las principales estirpes de Lebrija, Utrera, Jerez o Triana, ha hecho que el flamenco tradicional se quede atrás frente a las propuestas vanguardistas de gran formato. Igualmente, la ausencia de grandes figuras como Vicente Amigo, Arcángel, Mayte Martín, Manuela Carrasco o Eva la Yerbabuena, que para muchos deberían ser imprescindibles en una cita como ésta, ha sido otra de las críticas a la programación.

La exigencia de estrenos y la desaparición de espacios como Hotel Triana o Santa Clara ha hecho que el flamenco tradicional se quede atrás frente a las propuestas vanguardistas de gran formato

En cualquier caso, atendiendo a lo artístico, y tal y como hemos podido leer en las críticas publicadas en estas mismas páginas, se puede concluir que ésta ha sido una Bienal de tres estrellas, con gran nivel de calidad, pocos fiascos y también pocas sorpresas. Entre todo, ha destacado el enorme potencial de talento joven protagonizado principalmente por las mujeres en el baile, donde artistas como Rocío Molina, Ana Morales, Patricia Guerrero, María Moreno o Mercedes de Córdoba han regalado algunas de las mejores noches.

 

 

 

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