Bienal

La fiesta infinita de la zambra

Garnata. Cante: Marina Heredia, Jaime Heredia 'El Parrón'. Guitarra: José Quevedo 'El Bolita', Miguel Ángel Cortés. Percusión: Paco González. Palmas y coros: Jara Heredia, Anabel Rivera. Piano: Joan Albert Amargós. Trompeta: Julián Sánchez. Lugar: Reál Alcázar. Fecha: Jueves 18 de septiembre. Aforo: Lleno.

La cosa empieza con los mejores augurios, con la intérprete, en pie, del brazo de su padre El Parrón y buscando las conexiones entre la melodía medieval de La monja a la fuerza, en este caso para el texto del romance fronterizo de Zaide, y la petenera. El romance a capela, salmódico, que justificaría a los que creen encontrar ecos judíos en la petenera. Luego la granaína en la versión magnífica del sevillano Manuel Vallejo. Un prodigio de fraseo, de velocidad en la voz, de composición, con la guitarra íntima y poderosa de Miguel Ángel Cortés. En tientos y seguiriyas la energía bajó un tanto mientras que la nueva entrada del Parrón, en este caso por soleares, volvió a encender la mecha. El cantaor desbrozaba melodías y emociones con la voz rota en tanto que la cantaora punteaba gustosa y perfecta con cantes trianeros más o menos asociados a su tierra, lease Cobitos.

Cuando entraron en escena el piano y la trompeta bajaron de nuevo las pulsaciones. Desde luego que un artista puede hacer lo que se le antoje en la escena, pero encuentro que este interludio de música ligera, compuesto por un bolero y una ranchera ciertamente abolerada, no se explica, no se justifica. En una obra de arte cabe todo, siempre que lo justifique el guión. No fue el caso. Pero volvamos a la infancia del flamenco, de la cantaora, para ser felices en los tremendos, enérgicos, bailables, frenéticos y sentimentales fandangos del Albaicín. Aquí el carácter percusivo de la guitarra nerviosa de El Bolita alcanza su cénit. Y más infancia en la mosca, un estilo que nunca se hace fuera del ámbito del ritual erótico que es la zambra granadina. El carácter sexual quedó explícito en la letra: "La pícara de la mosca/ que donde me vino a picar/ picarilla de la mosca/ debajo del delantal". Heredia ofreció una versión estilizada, morosa, pulcra, afinadísima, muy lírica y de enorme belleza. Un tema evocador que hizo suya, al tiempo que la homenajeaba, esa fiesta infitita que son las cuevas del Sacromonte. Fue lo mejor de la noche, junto al romance, los fandangos y la granaína.

El desenlace fue un fin de fiesta alicaído. Primero con unos lacios tangos de Granada y luego con una intranscendente canción taurina por bulerías. El programa de mano subrayaba la condición de "estreno absoluto" de la propuesta, cuando la mayoría de los cantes interpretados forman parte del repertorio de la cantaora desde hace años. Precisamente una de las gracias de un recital de un cantaor de corte tradicional, como Heredia, es cuando incorpora estilos que no formaban parte de su repertorio. Por eso me alegré tanto con esta versión del romance y la mosca.

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

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