Bienal

Un manantial que no cesa

Caprichos del tiempo. Isabel Bayón. Coreografía y baile: Isabel Bayón. Guión musical: Isabel Bayón y Jesús Torres. Composición musical y guitarra: Jesús Torres y Juan Requena. Cante: David Lagos y Miguel Ángel Soto 'Londro'. Percusión: José Carrasco. Diseño de luces: Florencio Ortiz. Vestuario: Flamencura. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Martes, 23 de septiembre. Aforo: Lleno.

Un problema de salud le hizo anular su presentación en la Bienal pasada, de modo que llevaba cuatro años ausente. Eso explica el enorme placer que destiló anoche al pisar el escenarioo del Lope de Vega, y las ganas que tenía el público de verla bailar.

Y eso fue lo que hizo: bailar y bailar, dando lo mejor de sí -que no todo- y haciendo que los cinco músicos que la acompañaban hicieran lo propio.

Desde que era una niña Isabel no ha dejado de bailar y de aprender: hizo la carrera de Danza Española, estudió folclore, ha hecho teatro flamenco con Pepa Gamboa, canta con Israel Galván... Y, claro, su cuerpo maduro es hoy un crisol en el que todo se funde en flamenco; un claro manantial del que la danza fluye sin cesar, como el agua. De él va recogiendo retazos del pasado: el baile de las que la precedieron, unos pies que creíamos perdidos en los abandolados, una farruca que se reinventa con gusto exquisito, una guajira que es, de verdad, un terrón de azúcar y una seguiriya que canta Vallejo -sí, Vallejo- antes de atrapar la imagen fugaz del gran Antonio bailando su martinete en el Tajo de Ronda.

Pero no hay pasado ni futuro porque Isabel Bayón nos hipnotiza con la sutileza de sus hombros y de sus caderas y nos sumerge con ella en un gozoso aquí y ahora que no quisiéramos que terminara nunca. Ella misma, a pesar de lo medido de la pieza, logra anular el tiempo cerrando el círculo, uniéndose, mediante una bata de cola coral -como su primera maestra- a la niña de cabeza alta y manos virtuosas que vemos unos instantes en una pantalla mientras los músicos se van acercando a la bahía de Cádiz.

Las alegrías del final fueron absolutamente exquisitas. Flamenca al máximo, aunque sin desbordamientos, logró emocionarnos con el vuelo lírico de la guitarra de Requena en el silencio, y embelesarnos con el aura que dejaban sus brazos y su cola.

Hay que decir que Caprichos del tiempo es un espectáculo sencillo, casi elemental -de crisis, decía ella- que se estrenó el año pasado en Jerez. Sólo una percusión, dos guitarras -pero qué guitarras- y dos cantaores de Jerez que la acompañan desde hace años y que dieron lo más valioso de su bagaje: Londro, el de la voz melodiosa, y un David Lagos impresionante que nos llegó al alma desde la primera letra de la farruca. Exquisitos todos, como ella, porque se puede sentir el flamenco y bailar de muchas formas, pero mejor de lo que lo hizo anoche la sevillana Isabel Bayón parece imposible.

Imágenes cedidas por el ICAS. Ayuntamiento de Sevilla.

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