Bienal

Sobre la pedagogía y sus formas

Mudanzas boleras. Compañía de danza de Sonakay. Idea original y dirección artística: Sharon Sapienza. Asesora de la dirección artística, musical y coreográfica: Rocío Coral. Coreografía: Francisco Velasco. Composición musical: Agustín Diassera y Paco Cruzado. Guión: Juan Vergillos y Sylvie Nys. Dirección teatral: Sylvie Nys. Investigación y documentación: Juan Vergillos. Baile: Francisco Velasco, Penélope Sánchez (artistas invitados), Elena Miño, Sergio García, Myriam Manso, Daniel Morrillo. Lugar: Teatro Central. Fecha: Domingo, 16 de septiembre. Aforo: Lleno.

Esta Bienal se está caracterizando por el esfuerzo por presentar la riqueza del baile español en todas sus formas. Este espectáculo es fruto de ese afán. Con muDanzas Boleras se apuesta por la escuela bolera, toda una exquisitez, dado que no suele estar incluida en la programación de los teatros de la ciudad. De esta forma, la propuesta adquiere un valor de transmisión indiscutible por necesario. Es más, tiene también un carácter pedagógico, pues quiere dar a conocer la evolución del baile y para ello hace tres paradas repletas de contrastes.

Es evidente que muDanzas Boleras quiere difundir el espíritu de la escuela, pero de alguna manera destaca demasiado su barroquismo y teatralidad, lo que va en contra de otro de los propósitos de la Compañía de Danza Sonakay, la actualización de la tradición. Probablemente sea el guión el principal responsable de esta tendencia de la pieza. Se insiste en una narratividad que peca tanto de falta de claridad como de obviedad. Además, a la hora de enfrentarse al proceso creativo se cae en el cliché (qué larga se hizo la escena de la borrachera, cuando el escenario necesitaba precisamente lo contrario: un baile enérgico que llenara todos sus negros).

Esta ambición por contar una historia (abusando innecesariamente de los juegos de roles masculinos y femeninos) va en detrimento de los aspectos meramente formales del baile, que en ocasiones quedaron claramente en segundo plano.

Los intérpretes ejecutaron las coreografías de forma correcta y con gran viveza, si bien hubo algún que otro traspié y se echó en falta una mayor presencia del par rigor-nervio. Fue emocionante el solo de Penélope Sánchez. Qué buena idea la de introducir las sevillanas, bailadas de forma resplandeciente, en momentos diferentes del espectáculo. Pero el mayor acierto fue situar el baile en la clase de danza. El forzar al público a pararse ante la disciplina como ha de hacerlo el bailarín. En esos momentos, cuando se dejaba a un lado el teatro, el baile cobró toda su fuerza, y recuperó su inocencia.

Fue interesante la última escena, que explotaba el estilo de una forma más moderna. Es una pena, sin embargo, que no quepa decir contemporánea.

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