Bienal

El simposio de los afectos

  • Continúa en Fibes el homenaje a Paco de Lucía con El Lebrijano, Matilde Coral y Flores el Gaditano, entre otros.

La segunda jornada del homenaje de la Bienal a Paco de Lucía fue, como la canción de Kiko Veneno, de reír y llorar. Este último, por cierto, participará mañana junto a Enrique Montiel, Ricardo Pachón, Montero Glez, José Luis Ortiz Nuevo y Enrique Montiel, Ricardo Pachón, Montero Glez, José Luis Ortiz Nuevo y Dolores Montoya, viuda de Camarón, en una de las mesas redondas más esperadas del programa, la dedicada a la relación del guitarrista con el cantaor de San Fernando. Pero volviendo a lo vivido ayer: primero hubo lágrimas, de nuevo, como en la sesión inaugural, y también con la viuda, el hermano (Pepe de Lucía) y varios familiares del homenajeado entre el auditorio, y después risas, momentos distentidos, pequeños retratos urgentes del genio más allá de la tensión de los escenarios donde le amargaba, solía quejarse, tener que ser siempre Paco de Lucía, el mejor, la leyenda, el tocaor insuperable.

Victoriano Mera, compadre del artista desde la infancia; el contrabajista Carles Benavent, miembro de su legendario sexteto; el guitarrista francés Pascual Gallo; y sus dos históricosmanagers, Berry y Michael Stein, abrieron la jornada con sendas evocaciones íntimas del Paco de Lucía amigo que emocionaron a los asistentes a este simposio de los afectos y los sentimientos a flor de piel. La segunda mesa redonda, dedicada en principio a analizar las fructíferas alianzas del algecireño con el cante, estuvo moderada por Manuel Curao y contó con una invitada de excepción, una Matilde Coral que estaba allí de público hasta que la invitaron a subir y tomar también el micrófono. Junto a ella, Juan Peña El Lebrijano, en cuyo disco De Sevilla a Cádiz (1969) se produjo la primera y única aparición conjunta de Paco de Lucía y uno de los mayores referentes de éste durante sus años de aprendizaje, Niño Ricardo; Rafael de Utrera, último cantaor de aquel gran sexteto original reunido por el guitarrista; y Flores el Gaditano, cantaor, escritor y figura emblemática de la vida flamenca de Algeciras desde antes del nacimiento de Paco de Lucía, con cuyo padre pasó "tantas fatigas, tantas fiestas" trabajadas por las noches.

Coral recordó a aquel chiquillo con el que coincidió en los viajes con José Greco por medio mundo, un joven que era "la persona más intranquila y traviesa del mundo" y al que le cerraba, a espaldas del jefe de la compañía de baile, algunos "contratillos de 500 dólar" para bolos que empezaban a pedirle en solitario a pesar de ser él todavía el tercer guitarrista de la compañía. "Yo ya veía que eso era como la rama que brotaba y crecía y crecía...", aseguró la bailaora sevillana. El Lebrijano, que también es guitarrista, "malo", puntualizó, pero guitarrista, entregó también su alabanza del ausente: "Engrandeció el cante. Y a los guitarristas de ahora yo les diría, con todo el respeto: os ha cogido, os ha comido el coco y os ha matado; coged otro camino, porque como él... Ha puesto el listón tan alto como lo puso Antonio Mairena". A su lado, Rafael de Utrera, casi tan "muerto de miedo" como cuando le presentaron al maestro en una habitación de hotel el día antes de debutar con su sexteto, escuchaba a los mayores.

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