Diario de Sevilla Mantenemos la cita diaria en los quioscos como actividad esencial decretada por el Gobierno en la crisis del coronavirus

Hasta siempre, hijo mío | Crítica Tiempos de derrota y dignidad

La muerte trágica de un hijo se abre bajo los pies de este excelente melodrama como un verdadero agujero negro que absorbe la alegría de sus protagonistas y atraviesa los tiempos de la historia íntima de ese gran fracaso colectivo que fue y hasta cierto punto sigue siendo la China moderna, primero bajo el yugo censor, vigilante y uniformado del Comunismo, ahora en la piel de neón y cemento del neocapitalismo más voraz y deshumanizado.

Wang Xiaoshuai (La bicicleta de Pekín, Sueños de Shanghai, 11 Flowers), el más ilustre representante y factótum de la Sexta Generación junto a Jia Zhang-ke, adopta aquí las formas del relato y el melodrama clásicos para agujerear el paso del tiempo, desde los primeros años ochenta hasta el presente, con pleno control de los elementos y una sólida y elocuente puesta en escena, todo al servicio de una de esas tramas-río que atraviesan décadas y acontecimientos con la Historia como telón de fondo que marca el designio de sus personajes, jugando hábilmente con los ecos y los recuerdos, manteniendo vivo el hilo de los secretos y las confesiones, haciendo vibrar el pasado en el presente a través de figuras de estilo que cierran el relato sobre sí mismo con tanta precisión como emoción contenida y verdadera.

Hasta siempre, hijo mío es así la crónica dilatada de una derrota familiar y de una lucha por la dignidad ante el destino de la gran política y la fatalidad de los acontecimientos íntimos, un ajuste de cuentas con aquellas campañas de “hijos únicos”, “planificación familiar” y desmantelamiento industrial que, en los estertores del sistema maoísta, destrozaron familias y parejas en aras del control y la dispersión social. También el relato de una amistad mantenida a lo largo de los años sobre la comprensión y el perdón, desde la complejidad de los afectos primarios que trascienden las circunstancias y la deriva del tiempo. Un filme poderoso y emocionante al que acudir obligatoriamente para entender la China contemporánea y sus peajes.