Ana y el apocalipsis | Crítica

Cascarria global

Una imagen de la película. Una imagen de la película.

Una imagen de la película.

Los musicales híbridos que mezclen canciones, humor, fantasía y terror no son una novedad. Recuérdese The Rocky Horror Show, La tienda de los horrores y, sólo en el haber de Tim Burton, Pesadilla antes de Navidad, La novia cadáver y Sweeney Todd.

Ana y el apocalipsis mezcla aún más cosas porque a sus números musicales, a los zombis y otras criaturas dispuestas a cargarse a la Navidad además de a los humanos, añade fuertes tintes gore y la comedia gamberra de instituto y adolescentes con referencias a la ya veterana Zombies Party.

Dicho así, todo parece invitar a salir corriendo. Y tal vez no sea mala idea. Porque si bien esta comedia zombi-musical tiene algún número original (aunque casi todos suenan a musical televisivo para adolescentes o a talent show (sin mucho talent, por otra parte) tipo triunfitos, lo sustancial es que se trata de una operación de diseño milimétricamente calculada y por ello fría y artificial.

El problema es que el cálculo carece de inteligencia. Hasta en sus supuestas, groseras y patéticas aspiraciones a la transgresión. El director es escocés, pero como si fuera del último pueblo perdido de la América profunda. Y la producción es británica, como lo fue Zombies Party, pero como si fuera de donde a ustedes les apetezca. Cascarria global.

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