'Megalodón' | Crítica

A lo bestia

Jason Statham. Jason Statham.

Jason Statham.

33 años después de Tiburón y tras tantas secuelas hay que hacer las cosas a lo grande para llamar la atención. Y nada más grande que resucitar al megalodón, un gigantesco tiburón prehistórico de 18 metros, y traerlo a nuestros días. Basada en una obra de Steve Alten, autor de bestsellers editados en España por Ediciones B, esta película producida por Estados Unidos y China, y dirigida por el camaleónico y veterano pegaplanos Jon Turteltaub (3 pequeños ninjas, Mientras dormías, Phenomenon, Instinto, La búsqueda, Plan en Las Vegas), triunfa por su descaro.

Más que a lo grande, a lo bestia. ¿Es difícil hacer tragar la historia del tiburón prehistórico? Pues me salto a piola cualquier intento de verosimilitud. ¿Es posible que sea vista con guasa? Pues me río yo el primero de mí mismo. ¿Está todo filmado y dicho sobre bichos submarinos? Pues lo fundo todo -desde el submarino atacado por cefalópodos y peces gigantes de 20.000 leguas de viaje submarino o Viaje al fondo del mar hasta el enorme bicho atacando barquitos y playas al modo Spielberg pasando por la resurrección de animales prehistóricos a lo Godzilla o Gorgo- en tamaño big size con doble capa de queso, triple de bacon y cuádruple de mostaza. Y hala, que chorree por la barbilla.

Invulnerable a cualquier crítica por su divertida desvergüenza, Megalodón está triunfando por no avergonzarse de lo que es. Y por tener a su favor, por la producción e inclusión de estrellas de ese país, a China.

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