#Placer femenino | Crítica ¿Una mujer, todas las mujeres?

Cinco casos, cinco continentes, cinco culturas, distintas religiones o regímenes y un mismo grito de denuncia: las agresiones, abusos, vejaciones, humillaciones e injusticias cometidas en todo el mundo contra la mujer por el mero hecho de serlo, constatación del patriarcado como sistema y estatus de poder que no conoce de fronteras, razas, clases o credos religiosos.

El mensaje es claro, las razones, todas; el formato y las estrategias ya son otra cosa. El documental #Placer femenino, de la suiza Barbara Miller, se suma al signo de los tiempos y al discurso feminista dominante sin apenas fisuras en su planteamiento: ya sea en las culturas tribales africanas (o en su prolongación en la diáspora europea), en el angosto universo moral del judaísmo ortodoxo, en el seno de la iglesia católica, en la India o en el sistema judicial de la próspera sociedad japonesa, la mujer sigue siendo sometida a la ablación, a la violación, a la sumisión, a la discriminación o a la castración de su propio deseo y placer sexual en pleno siglo XXI.

Las cinco historias y sus protagonistas se suceden y alternan en su relato de experiencias personales, dramáticas pero superadas y reconvertidas en activismo, que el documental aspira a elevar a causa general, pequeña trampa de un modelo de cine político y de denuncia que confía toda la eficacia de su mensaje a una redundancia que, si bien, no es cuestionable en el fondo, sí puede serlo en la forma. #Placer femenino funciona así desde la asunción de que lo personal es político, pero también desde esa manipulación emocional que eleva cada caso, cada causa, a una especie de enmienda a la totalidad que no conoce de matices y de contraplano.

Destinado a convencer a los ya convencidos, haciendo de estas cinco mujeres sufridoras, resistentes y empoderadas todas las mujeres, este documental viajero y costeado, comprometido y combativo, no deja de ser también un trabajo conservador, ortodoxo y convencional.

Dos títulos recientes, el corto experimental Galatée à l’infini, o la docu-ficción Las hijas del fuego, de Albertina Carri, abordan de manera mucho más compleja, frontal, política y valiente un mismo asunto, abrazando plenamente, sin tapujos ni discursos teóricos totalizadores, esa poderosa y verdaderamente subversiva idea de la representación y la reapropiación del placer femenino.