Border | Crítica Potencia de lo fantástico, acecho de lo risible

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No se le podrá negar a Border que no deje cierta huella en la memoria. Han pasado ya dos meses desde que la vimos en el SEFF y aún podemos recordar vívidamente los rostros, cuerpos y extremidades deformados de sus protagonistas, dos criaturas que se olisquean y reconocen mutuamente en su condición semi-humana, a saber, como trolls contemporáneos integrados a duras penas en la normalidad social de un entorno limítrofe con la naturaleza salvaje.

En la zona de control aduanero de un puerto, Tina trabaja detectando irregularidades gracias a un olfato y un extraño instinto híper desarrollados. Terminada la jornada laboral, regresa cada día a su casa en el bosque, donde vive con su novio. El encuentro con otro siniestro miembro de su especie, dispara una relación de atracción, deseo, sexualidad y revelación que los aparta paulatinamente de la realidad.

Explícita metáfora sobre la diferencia, la identidad y la autoafirmación, interesante traslado de la mitología y el imaginario de los cuentos nórdicos a una realidad prosaica y contemporánea, el primer largo del hasta ahora guionista sueco-iraní Ali Abbasi (Déjame entrar) se la juega en su apuesta extrema por un realismo protésico y una conjugación del drama parabólico y el humor negro no apto para espectadores delicados. Allí donde el vampirismo era reescrito bajo las claves del bullying escolar y el romanticismo juvenil, toca ahora lanzar explícitos mensajes sobre el rechazo al diferente como lacra social en los países avanzados, y Abassi vuelve a recurrir a la fábula oscura, al cuento macabro arraigado en la cultura local, como esquema para materializarlo y, de paso, coquetear con las formas del fantástico y el thriller.

Resulta difícil hablar de interpretación en los casos de Eva Melander y Eero Milonoff, sepultados literalmente por el látex, aunque no es menos cierto que, bajo la máscara y el trabajo gestual y corporal, puede percibirse ese torrente emocional que guía los instintos y comportamientos de dos seres unidos en su destino común hacia una reconquista nacida como gesto de rebeldía y resistencia.

Al menos hasta su primera mitad, Abbasi consigue dosificar el misterio y la ambigüedad de su propuesta gracias a una poderosa puesta en escena, aunque la irrupción explícita de lo fantástico en forma de vástago larvario termine por provocar sensaciones contrapuestas entre el estupor y la risa floja. No estamos, ya digo, ante un producto precisamente sutil, lo cual no obsta, y el paso del tiempo así nos lo ha hecho ver, que Border sea una propuesta original con capacidad para crear nuevos imaginarios a partir de la tradición.