La profesora de piano | Crítica de cine La sombra de una madre

Corinna Harfouch, en una imagen de 'La profesora de piano'. Corinna Harfouch, en una imagen de 'La profesora de piano'.

Corinna Harfouch, en una imagen de 'La profesora de piano'.

Bajo el innegable influjo del Haneke de La pianista, la cinta alemana La profesora de piano, Lara en el original, indaga en la relación edípica entre una madre y su hijo, ella una profesora de música retirada y solitaria, él un joven pianista y compositor, en una historia concentrada en un solo día, el del cumpleaños de ella y el debut del hijo ante el gran público interpretando una pieza propia. Una relación marcada por la distancia, la incomunicación, la exigencia y el miedo al fracaso de una mujer que conjuga su particular crisis con un deambular expiatorio por las calles de Berlín trufado de encuentros que van revelando poco a poco su pasado, su personalidad hosca y amarga y sus problemáticas relaciones sociales.

El guion de Blaz Kutin se hace notar tal vez demasiado en su condición episódica, en la concentración temporal y sus distintas etapas de revelación camino de la catarsis, pero Jan Ole Gerster, director también de la estimable Oh Boy, se las apaña para marcar cierta distancia y frialdad que intentan disimular su estructura. Pero es sin duda el trabajo huppertiano de Corinna Harfouch lo que densifica el relato, esa mirada opaca y ensimismada, esa gestualidad rígida que deja ver una conciencia intranquila, en constante pelea con ella misma, agarrotada ante el fracaso de un hijo en el que ella misma se ve reflejada como la aspirante a gran pianista que fue. Es su interpretación el principal bastión de una película tan correcta en su superficie como turbia en su retrato de una mujer atada a sus frustraciones, contradicciones y temores.