Fantasy Island | Crítica de cine Otra isla de supervivencia y tentaciones

Una escena de 'Fantasy Island'. Una escena de 'Fantasy Island'.

Una escena de 'Fantasy Island'.

Fantasy Island fue una serie televisiva de éxito emitida entre 1977 y 1984 e interpretada por el latin lover Ricardo Montalbán y por Hervé Villechaize, actor enano de trágico final que antes de esta serie había adquirido popularidad con el Bond El hombre de la pistola de oro y acabó haciendo de doble bufo de Felipe González en el show Viaje con nosotros de Gurruchaga. Exprimir videojuegos –como esta semana hace Sonic, la película– o viejas series de televisión –como hace esta y han hecho tantas otras, desde Misión: imposible a Los ángeles de Charlie, Los vengadores o El agente de CIPOL– además de estrujar tebeos y hacer remakes de importaciones europeas y asiáticas o de su propio fondo de armario da idea de la sequedad de ideas del actual Hollywood.

Esta revisión de la añeja serie, a su vez lejanamente inspirada en La isla del Dr. Moreau de H. G. Wells, ambientada en un exótico resort de lujo que resulta ser un juego mortal para los ganadores de un concurso, tiene el sello Blumhouse, la productora que gracias a la inteligencia de su fundador, Jason Blum, partió de peliculitas de bajo presupuesto para –tras el asombroso éxito de Paranormal Activity– acabar produciendo películas con mayor presupuesto pero casi siempre igual de cutres (salvo excepciones interesantes pero sobrevaloradas como Déjame salir o Nosotros de Peele), además de tentar a grandes nombres oscarizables como Damien Chazelle (Whiplash), Night Shyamalan (The Visit, Glass, Múltiple) o Spike Lee (Infiltrado en el KKKlan) yendo más allá del terror elemental representado por sus éxitos (con sus secuelas) The Purge, Feliz día de tu muerte, Insidious o Sinister.

Mucho terror de cuarta categoría, mucho recreo sanguinolento y mucho humor grosero narrado en un estilo de telerrealidad que aproxima esta isla a otras no menos horrendas ni menos guionizadas en las que la supervivencia y la tentación a la que los protagonistas son sometidos constituyen el espectáculo. Ni mejor ni peor que estos realities. Más bien parte de un mismo ecosistema audiovisual.

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