Con la venia

Cuaresma

DESDE el siglo IV la cuaresma rememoraba los cuarenta años del éxodo del pueblo de Israel hacia la tierra prometida. Y los cuarenta días que pasó Jesucristo en el desierto previo a su evangelización pública, con todo lo que implicó de fatigas, hambre, sed y tentaciones. Es el tiempo característico del año litúrgico de la Iglesia católica que nos prepara para vivir con intensidad la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. También para la ortodoxa y la anglicana.

Desde Miércoles de Ceniza al Jueves de la Cena, ha sido siempre un período favorable para la conversión y la penitencia que nos permitía vivir cristianamente la Semana Santa mediante la práctica fraternal del ayuno, la oración y también la limosna. En Sevilla, la cuaresma goza de un claro e invariable presentimiento y delectación contenida festiva en la intensificación de los cultos de reglas y en la reactivación de una prolija vida cofradiera en las casas de hermandad con tertulias, encuentros, ensayos, labores de priostía, secretaría, etcétera.

Si bien es cierto que cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, los que ya tenemos cierta edad recordamos hoy con añoranzas aquellas antiguas tertulias cuaresmales en las que los más jóvenes no sólo nos instruíamos en los avatares y trajines propios de cada hermandad, sino que escuchábamos con respeto las historias y los relatos de los mayores y aprehendíamos el carisma y el estilo correcto de cada cofradía, como antes hicieron otros a través de los años.

Ahora que ya somos "los mayores" regresamos algunos en cuaresma a las viejas tertulias cofradieras de las casas de hermandad; allí están todavía los antiguos carteles de los viernes -"Hoy es vigilia"- pero ya apenas hay jóvenes hermanos, ávidos de discernimiento como entonces, que quieran atender y sobre todo aprender de nuestras propias tradiciones. No tienen tiempo. ¡Que lástima! Así nos va con tanta trivialidad que a todas las cofradías hace iguales en pos de una ridícula modernidad.

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