Cofradias

El IAPH estudia el medio ambiente de la capilla del Museo

  • Forma parte del estudio de conservación preventiva del Cristo de la Expiración.

A lo largo de los siglos, las imágenes procesionales de la cofradías sevillanas han sufrido restauraciones -algunas más que polémicas- para que pudieran llegar sanas hasta nuestros días. Intervenciones que, en muchos casos, han alterado de manera irreversible la fisonomía de la talla tal como la concibió su propio autor. En algunos casos, estos cambios se han producido por caprichos de la hermandad o por las modas de cada época. En otros, por iniciativa del propio restaurador, antiguamente los propios imagineros; y otras veces, por el precario estado de conservación que presentaban las obras y que hacía inviable una recuperación.

En el seno de las propias hermandades también se han cometido auténticas atrocidades, aunque con el paso de los años cada vez hay más conciencia de la necesidad de conservar a los titulares en las mejores condiciones posibles. Mucho se ha avanzado en este terreno. Las restauraciones de las obras no concluyen, al menos no deberían, cuando la imagen salen del taller del restaurador. Una correcta iluminación, unas condiciones de humedad adecuadas, unas recomendaciones a la hora de mover las tallas, o algunos consejos para los besamanos; son premisas básicas para que las imágenes sufran lo menos posible en el día a día, aunque tampoco se puede olvidar que están hechas para el culto y la veneración de los fieles y devotos.

Un claro ejemplo es la reciente restauración del Cristo de la Expiración, de la Hermandad del Museo, que no ha concluido cuando la imagen abandonó las instalaciones del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). Actualmente se está realizando el estudio de conservación preventiva, que es fundamental para que no se reproduzcan las afecciones en la talla. Su objetivo es claro: conocer el medio ambiente en el que el Cristo recibe culto y acondicionar la capilla para que ofrezca las máximas garantías de conservación. Se está realizando un concienzudo estudio de la humedad, la temperatura, la iluminación y la polución ambiental. El documento que prepara el IAPH también incluirá una serie de recomendaciones en materia de prevención plagas (xilófagos y cerambícidos) y otras sobre el mantenimiento, uso y manipulación de la imagen.

Raniero Baglioni es el especialista en conservación preventiva del IAPH. Con más de 20 años de experiencia, es el responsable de estudiar las condiciones ambientales de la capilla para emitir el informe con las recomendaciones que hay que seguir para la correcta conservación del Cristo y del resto de las imágenes. "Empezamos antes de la restauración para estudiar el entorno y el medio ambiente en el que se encuentra para ver si influye, y cómo influye, en su conservación". Desde el mes de septiembre cuatro sondas se encargan de tomar los datos de temperatura y humedad. Tres de ellas están en la capilla y la otra en el exterior del IAPH. Toman datos cada media hora, por lo que cada una de ellas puede llegar a almacenar hasta 450.000 variables. Miden la temperatura, la humedad relativa y la humedad absoluta (gramos de agua por metro cúbico de aire).

La primera actuación de Baglioni fue levantar un relieve termográfico para ver la influencia de la iluminación sobre el retablo mayor. Quería saber la cantidad de luz que llegaba y sobre todo el calor que producía porque podría cambiar las situaciones climáticas de temperatura y humedad relativa. "Si sube la temperatura baja la humedad relativa y eso no es bueno para la imagen. Lo ideal es mantener un equilibrio y que cualquier cambio que se produzca sea progresivo para que la talla se vaya adaptando poco a poco."

Las mediciones tendrán lugar durante un año completo para estudiar lo que ocurre en cada una de las estaciones. Cada época tiene sus propias peculiaridades: "La más conflictiva es la primavera porque es cuando se producen los cambios más grandes y bruscos". Cuando el ciclo haya concluido, Baglioni obtendrá toda una serie de datos que le servirán para comprender qué es lo que acontece en la capilla, cómo acontece y cuándo acontece. "Una vez que lo tengamos todo claro, haremos una serie de recomendaciones a la hermandad para subsanar las situaciones complejas que se puedan estar produciendo".

El "delicado" material con el que está hecho el Cristo reacciona de manera más brusca y rápida a los cambios que la madera, por ejemplo, aunque Baglioni le resta importancia gracias a la protección que ejerce la policromía. "Tenemos un soporte frágil pero una envoltura potente. La policromía es un material inorgánico que no reacciona al medio ambiente. En cualquier caso, lo fundamental es conseguir que las variaciones en las condiciones de la capilla se produzcan lo más lentamente posible, que no sean bruscas, para que el Cristo se vaya adaptando a esos cambios".

En los talleres del IAPH han realizado un gran trabajo con el Cristo del Museo. La restauración a la que ha sido sometido le ha devuelto un esplendor propio de otro tiempo. Ahora simplemente se trata de evitar que se reproduzcan las afecciones. "La conservación preventiva es como la medicina preventiva. Más vale prevenir que luego curar", resume Baglioni.

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