Cofradias

El Museo de los pequeños detalles

  • El Cristo del Museo presidió el Vía Crucis de las Hermandades en la Catedral. Muchísimas personas se echaron a la calle para disfrutar de un acto pleno de clasicismo y elegancia.

Una jornada marcada por los pequeños detalles que hacen grande a una hermandad. El Cristo de la Expiración de la Hermandad del Museo presidió un precioso Vía Crucis General de las Hermandades en la Catedral, donde estuvo arropado por muchísimas personas. El traslado de ida desde la capilla de la collación de San Vicente fue lucido, sencillo y elegante. Como es la cofradía decana del Lunes Santo. Serio, que no triste. Recogido. Los hermanos del Museo, que tanto tiempo llevaban esperando este momento, lo disfrutaron y bien. El regreso desde la Catedral, ya en la familiaridad de la hermandad, resultó doblemente bello. 

Como señala el título de esta crónica, el del Museo fue el vía crucis de los pequeños detalles. Desde que el Cristo de la Expiración fue designado el pasado mes de noviembre para presidir el vía crucis penitencial de cada primer lunes de cuaresma, la junta de gobierno no ha parado de trabajar para regalarle a la hermandad, y a la Sevilla cofradiera, un acto marcado por el clasicismo y el buen gusto. El primero de esos detalles hay que buscarlo en las personas que realizaron el primer relevo de las andas. Fue un homenaje a recordados hermanos del Museo que ya no viven pero que ayer estuvieron muy presentes. Filiberto Mira Blasco, Francisco de los Santos Infante, José Angelino Ferrer, José Antonio Gentil Palomo, Juan Carlos Torres Raynaud, Luis Torres Santos, Manuel Sobrino Peña, Manuel Vega Torres... Sus familiares portaron al Señor en su recuerdo. Gran detalle. 

Fue una tarde especial y soñada, como dijo Carlos Coloma, director espiritual de la hermandad durante la misa preparatoria. "Hay que dar gracias a Dios por esta tarde. Mal nos iría si regresamos de la misma manera que hemos salido. Nos tenemos que encontrar en nuestro silencio interior con el Señor". Marcelino Manzano, párroco de San Vicente, y Martín Carmona Vita, sacerdote hermano de la hermandad, que vino desde Madrid, también acompañaron al cortejo. 

Como estaba previsto, a las 18:15 se abrieron las puertas de la capilla. Dos grandes banderolas recuerdan que la hermandad está celebrando el Año Jubilar concedido por la Santa Sede, precisamente, por cumplirse cuatro siglos de la construcción de la capilla. El Museo es, probablemente, la hermandad que más tiempo lleva en la misma sede canónica. Otra pancarta recuerda a los asistentes que, con motivo del Jubileo, se puede visitar en la sala capitular una muestra de pintura cofradiera con obras de Hohenleiter, García Ramos y Gómez Millán. En el clásico balcón de la capilla ayer no hubo monaguillos. Tan sólo algún fotógrafo. Morada colgadura y, sobre ella, una palma ya reseca que en su decadencia anuncia la inminencia de una nueva Semana Santa. 

El Cristo estrenó unas andas para el vía crucis. La imagen no iba ni de manera vertical ni tumbada del todo, por lo que la visión de esta bellísima talla, linea serpentinata, y la dramática expresión del rostro apenas se podían apreciar. Dichosos los que estaban en los balcones. Quizás sea este el único pero que se podía poner al vía crucis. La hermandad desechó la idea de que el Cristo fuera de manera vertical en unas andas diseñadas expresamente por un hermano y que reunían todas las garantías de seguridad. Se optó por la prudencia. 

Con motivo del vía crucis se han recuperado los motetes que Gómez Zarzuela escribió para la cofradía. Otro precioso detalle. Se pudieron escuchar dos de ellos a la salida del Cristo. La Asociación Coral Nazarena Regina Coeli fue la encargada de poner la voz al vía crucis. Una delicia. Primero el conjunto de voces blancas que acompañó al cortejo en la misa y hasta la Catedral. En el Ayuntamiento se incorporó la coral de adultos. Perfecta sincronía con la capilla musical San Telmo. La música fue otro de los detalles que se cuidaron hasta el extremo. Tanto en los traslados como en la Catedral. Hacía 39 años que el maestro Ayarra no se ponía delante del órgano un primer lunes de cuaresma. Ayer lo volvió a hacer. Cada estación estuvo acompañada de un pasaje musical cuidadosamente escogido. Schubert, Bach, Masson, Dubois, Handel, Mozart... sonaron en la Catedral para deleite de los asistentes y de monseñor Asenjo, un amante de la música clásica. Todas las obras contribuyeron a crear un perfecto ambiente de oración. 

Muchísimas personas acompañaron a la hermandad durante los traslados. Más a la ida, con el centro lleno y con las tiendas abiertas, que a la vuelta. El Cristo entró en la iglesia de San Gregorio para visitar a la Hermandad del Santo Entierro que ha acogido a la corporación en varios momentos. Allí, el autor de las andas, Andrés Martín, reveló los detalles de la construcción: "Desde el suelo al crucero hay tres metros. No llega a los 300 kilos de peso y la llevan 24 portadores. En los extremos de las dos trabajaderas lleva los cuatro escudos de la hermandad. Un tapiz morado cubre la estructura y en la trasera se lee el lema del vía crucis 'Yo soy el pan de la vida, el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed". En el Ayuntamiento, la corporación municipal, con el alcalde Zoido a la cabeza, portó las andas. También lo hicieron la delegada del Gobierno, Carmen Crespo, y la subdelegada, Felisa Panadero, entre otros, que habían estado en la junta de seguridad celebrada por el euroderbi del jueves. 

A la hora prevista llegó el Cristo a la Catedral donde aguardaba monseñor Asenjo, llegado el pasado domingo de Roma. Tras el rezo de las estaciones y la reflexión final del arzobispo. comenzó el regreso. Otro detalle de la hermandad con sus hermanos. Fue una vuelta soñada por calles como Castelar, Molviedro, Zaragoza, Gravina, Pedro del Toro y Bailén. Un recorrido impensable el Lunes Santo. 

El Museo se regaló y regaló a los cofrades un vía crucis que quedará por mucho tiempo en las retinas. Un vía crucis plagado de pequeños detalles que contribuyeron a hacerlo grande. El clasicismo, la elegancia y la naturalidad resaltan aún más entre tanta decadencia.

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