Cofradias

'LA PASIÓN ANTE TI': LA SEMANA SANTA COMO SEVILLA LA VIVE

  • Diario de Sevilla ofrece desde mañana un recorrido excepcional por la Semana Santa en siete DVD que incluyen, cada uno, cuatro secciones independientes con lo mejor de la imagen, la palabra, la música y el sentir de la Pasión según Sevilla

HAY una única Semana Santa sevillana que empieza y muere en la Plaza de San Lorenzo, desde la apertura del besamanos del Gran Poder en la medianoche del Sábado de Pasión a la entrada de la Soledad en la medianoche del Sábado Santo. Esta Semana Santa, única por ser la más compartida, converge en esta plaza porque en ella abre sus puertas a todos los sevillanos la Basílica en la que recibe culto el Señor del Gran Poder. Todos, en este caso, no es esa habitual generalización retórica de la que tanto se abusa al hablar o escribir sobre Sevilla y su Semana Santa: abarca realmente a sevillanos de todas las clases, de todo bagaje educativo y cultural, de todas las ideologías, de todos los barrios, de todos los niveles que pueda tener la experiencia religiosa -desde la piedad sentimental al más severo compromiso-, de toda forma de creencia y hasta de aquellas formas de increencia que no pueden sustraerse a la ternura que esta sagrada imagen desborda y a la magistral manera -sólo igualada por la unión de las manos de Dios y de Adán en la Capilla Sixtina- en que se representa en el cuerpo de gloria y de dolor del Gran Poder el encuentro entre un Dios que quiere y busca al hombre y un hombre que quiere y busca a Dios. Por eso el pueblo lo ha proclamado, de forma espontánea, Señor de Sevilla.

Hay tantas Semanas Santas como Sevillas. O lo que es lo mismo, hay tantas Semanas Santas como barrios sevillanos. Barrio quiere decir aquí una variante particular -cultural y social- asimilada sin rupturas a la totalidad ciudadana. Hay así una Semana Santa aristocrática y burguesa del centro, una Semana Santa tradicional y popular de los barrios históricos y una Semana Santa moderna de los nuevos barrios que buscan identificarse con la Iglesia, la historia y la tradición de Sevilla a través de sus hermandades y cofradías. También se puede decir que hay tantas Semanas Santas como Sevillas en un sentido temporal e histórico: todas las edades que la ciudad ha vivido desde la Reconquista medieval han ido dejando su huella viva en esta fiesta siempre presente a la vez que siempre memoria colectiva, siempre nueva para expresar las cambiantes realidades y sensibilidades sevillanas a la vez que siempre igual a ella misma. Voces góticas, renacentistas, barrocas, neoclásicas, románticas, historicistas, regionalistas y modernas se suman y superponen en una maravillosa polifonía que integra todas las Semanas Santas que a lo largo del tiempo han sido y que en cada momento presente son.

Hay, por último, tantas Semanas Santas como sevillanos. Porque esta fiesta no es una representación siempre igual a sí misma que se escenifique ante espectadores pasivos; no es un patrimonio histórico y artístico que se conserve sin tolerar variación alguna; no es una exposición museográfica que muestre a la contemplación tallas y enseres de un valor incalculable. Tiene algo de sagrada representación que debe ser fiel a lo esencial que la define, acumula muchos valores patrimoniales que no deberían alterarse nunca y saca a la calle un valiosísimo tesoro artístico. Pero lo fundamental en ella no es esto, sino la forma en que esa representación es hecha y vivida por los sevillanos, el uso vital de ese patrimonio más allá de su mera contemplación, la relación personal e íntima establecida con esas sagradas imágenes que les otorga, sin abolirlo, un valor superior al artístico y la amorosa inserción de todo ello en la vida diaria y cotidiana de cada persona, cada familia, cada hermandad y cada barrio.

Esta única Semana Santa nuestra y estas plurales Semanas Santas de todos viven -ordenadas en cuatro secciones independientes: la imagen, la palabra, la música y el sentir- en los DVD que desde mañana les ofrece Diario de Sevilla. En ellos está representada toda la emoción, toda la belleza, toda la devoción, todo el presente y toda la historia de nuestra Semana Santa: lo que nos une como comunidad creyente, lo que nos vincula en una memoria emocional compartida y lo que nos vertebra a través del tiempo como ciudad. Y en ellos están también representadas, aunque parezca imposible fundir lo colectivo y lo individual, todas las Semanas Santas posibles; es decir, la que cada sevillano vive en lo resguardado de su memoria, en lo hondo de su corazón, en el arraigo ciudadano de su barrio y en la intimidad de su relación con lo sagrado.

Esto es lo que logra la conjunción de las poderosas imágenes de Carlos Valera; las palabras de los Álvarez Quintero, Rafael Laffón, Romero Murube, Juan Sierra, Adriano del Valle, Rafael Montesinos y Rodríguez Buzón; las músicas de capilla, de cornetas y tambores, de agrupaciones musicales y de bandas compuestas a lo largo de dos siglos; las letras de Enrique Casellas que cantan por sevillanas los sentires; las interpretaciones de las bandas de cornetas y tambores de la Centuria Macarena, del Santísimo Cristo de las Tres Caídas o de Las Cigarreras, de las agrupaciones musicales de Nuestro Padre Jesús de la Redención o de Nuestro Padre Jesús de la Salud, de las bandas de Soria 9, de Nuestra Señora del Sol, del Carmen o de la Oliva; de las voces de Manuel Vallejo, la Niña de la Alfalfa o Pepe Perejil. Es decir, todo lo que, sumándose, construye esa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo Según el Pueblo de Sevilla, como gustaba decir Muñoz y Pabón a la que llamamos Semana Santa.

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