De capa y cola (Un paréntesis en las vísperas)

El mejor cartel

La Cuaresma y sus cultos. Los quinarios y sus traslados. No hay Semana Santa sin pasos ni vísperas sin andas. A esa hora en la que el sol se deja entrever con timidez, en ese momento justo en el que se traspasa el ecuador de la jornada viene un Cristo rezando por las calles del antiguo arrabal. Lo hace de forma humilde, con las manos juntas como pidiendo al Creador de lo infinito que sostenga un cielo preñado de nubes amenazantes.

Es Dios y podría pasar por el más humano de los hombres, por un vecino más del barrio que sabe de cruces impacientes. Alrededor, una masa anhelante de cofradías en la calle, de escuchar los primeros sones de una banda (a ser posible con el amarillo, espumoso y líquido elemento como acompañante). Remata la estampa una bambalina que confeccionó la genuina publicidad sevillana. El más certero anuncio de lo que está por llegar. El mejor cartel. Sin colorantes. Sin farfolla.

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