A píe de calle con...

Una vida entre el Amor y la Macarena

  • Eduardo Dávila Miura Ex torero y apoderado. Ha sido costalero de la Borriquita y cirial de la Esperanza. Siempre ha procurado vivir la Semana Santa.

Dos pasiones que le vienen desde la cuna. Los toros y las cofradías. Las cofradías y los toros. Desde su nacimiento Eduardo Dávila Miura, matador de toros retirado y apoderado, estaba predestinado a formar parte, de una u otra manera, de dos mundos con muchas conexiones entre sí. Su gran devoción es la Macarena. Le viene por parte de la familia paterna. Su abuelo, el ganadero Eduardo Miura era hermano mayor de la cofradía de San Gil cuando nació. Por su abuela materna es hermano del Amor, cofradía en la que ingresó cuando contaba con siete u ocho años. La última de sus devociones es San Bernardo, la cofradía de los toreros por antonomasia. De hecho, se hizo hermano cuando empezó a torear. Incluso la el paso de la Virgen del Refugio lleva colgando de sus respiraderos los machos de sus trajes de torear.

"Mi vinculación con las cofradías viene desde siempre. Mi infancia fue muy cofradiera. Estaba rodeado de personas con una gran afición por la Semana Santa". Entre los que le transmitieron el amor hacia las hermandades y la Semana Santa está su hermano mayor, Sancho. También su madre. Y su abuelo Eduardo, que lo apuntó a la Macarena al nacer. La niñez de Dávila Miura ha girado entre los verdes terciopelos macarenos y la blancura y las palmas de la Borriquita.

La vinculación con San Bernardo es mucho más reciente. "Cuando empecé a torear me plantearon la posibilidad de hacerme hermano. Le tengo mucho cariño a la hermandad. Siempre he vivido en el Prado de San Sebastián y era mí parroquia. Además, es la cofradía con más solera y tradición taurina". Cada vez que puede, y el trabajo se lo permite, acude el Miércoles Santo a vivir la salida de la cofradía en la que, importantes toreros fueron hermano mayor o cofrades destacados, como Manolo Vázquez, los Bienvenida, Diego Puerta, o Cúchares, que murió siendo hermano mayor y está enterrado a los pies del Cristo de la Salud.

Dávila Miura identifica dos etapas bien diferenciadas en su vida cofradiera. Una primera, antes de comenzar a torear; y la segunda, como matador de toros. "Ante la vivía con más intensidad. Luego el toreo te absorbe mucho. Siempre me cogía en el campo entrenándome y preparándome, aunque seguía saliendo en el Amor y en la Macarena. Ahora que estoy retirado me gusta pasarme más por la hermandad".

Dávila Miura ha sido costalero de la Borriquita, aunque lo tuvo que dejar cuando empezó a torear. Ha salido de penitente en el Amor y en la Macarena. Y fue durante 5 ó 6 años cirial que anunciaba la inminente llegada de la Virgen de la Esperanza. Son éstos los recuerdos con atesora con mayor nostalgia. "El primer año que salí me impresionó mucho cuando vi el paso salir del cancel de la basílica. Merece la pena, aunque sea una paliza de muchas horas. Hay un murmullo único. Percibes la expectación que se crea en el ambiente cuando llegan los ciriales de la Macarena. Fueron unos años preciosos".

Son muchas las similitudes que encuentra entre los toros y las cofradías. Sobre todo la marcada personalidad. Como sucede con los toreros. Las tres hermandades de Dávila tienen un sello muy definido. "La Macarena es única". La Esperanza siempre le ha acompañado en cualquier plaza. Además de en su corazón, es raro el lugar donde no se encuentra con alguna foto o azulejo de la Virgen. "Está en todos lados. En el 80% de las capillas de España o América me la he encontrado".

Ahora, desde su condición de apoderado, procura vivir la Semana Santa con intensidad. Buena culpa de ello la tiene Carmen, su mujer, "es mucho más aficionada que yo. Es hermana del Valle". Le gusta llevar a sus hijos a ver las cofradías en la calle, desde primera hora, aunque cuando le coincide con su profesión reconoce que "lo primero, es lo primero".

Ha pasado muchos domingos de Ramos o el de Resurrección lejos de Sevilla cuando tenía que torear, aunque siempre ha hecho lo imposible para estar en la Madrugada: "No me podía perder salir en la Macarena".

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