Cómics

La marca del genio

  • La llegada a las librerías de un nuevo tomo de la etapa firmada por André Franquin siempre es una alegría para los seguidores de Spirou

Detalle de la portada. Detalle de la portada.

Detalle de la portada.

El riesgo es algo inherente a la carrera de un autor que quiera dejar huella. Algunos se conforman con poner el piloto automático y vivir de las rentas, pero no era el caso de André Franquin, artista inquieto e insatisfecho a más no poder, cuya brutal evolución gráfica hemos podido disfrutar en estos volúmenes que componen toda su trayectoria frente a las peripecias del botones de rojo.

Pues bien, en la etapa de los años 1956 a 1958, el autor francobelga, totalmente asentado en la colección, y con el éxito ya conseguido, quiso probar algo inaudito hasta el momento. Y fue dejar a los protagonistas habituales, Spirou y Fantasio, en un segundo plano. De hecho, se convierten en meros espectadores, ya que hay dos figuras que brillan en este primer álbum recopilado en el tomo, titulado El nido de los Marsupilamis, en los que la avezada reportera Seccotine, con la naturalidad que la ha caracterizado hasta entonces, hace algo que no se le ha pasado por la imaginación por un solo momento a Fantasio, que siempre la ha visto como una competidora.

Durante su estancia en Palombia, la muchacha se ha dedicado a filmar, en su jungla, la vida y costumbres, muy curiosas, de los marsupilamis. Sus ritos de apareamiento, los múltiples enemigos a los que se enfrenta y, sobre todo, cómo se forma una familia.

Pues con todo este material, Seccotine ha montado un documental, que será el protagonista de esta primera historia. En ella no habrá aventura (sino la inherente a la vida animal), ni villanos con retorcidos planes (tan solo un jaguar bastante apaleado y las peligrosas pirañas). Y, sin embargo, aunque no hay nada de lo anteriormente nombrado, Franquin logra crear un relato único hasta ese momento, que podría haber funcionado sin palabras, aunque cuenta con el relato de la reportera. Una pequeña gran joya.

Y, curiosamente, en la siguiente historia, El viajero del Mesozoico, ocurre algo parecido, ya que tampoco aparece ningún maloso dispuesto a poner en mil aprietos a los protagonistas, aunque esta vez sí que las van a pasar canutas. Me explico, el Conde de Champignac, al que vamos a conocer mejor en este relato, ha viajado a las gélidas tierras polares, teniendo la fortuna de encontrarse con algo único, ¡Un huevo de dinosaurio!

Rápidamente, con no poca dificultad es trasladado a la tranquila villa de Champignac, donde va a ser estudiado por los microscopios de varios colegas del científico, hasta que las ganas de juego de alguien (¿no adivináis quién?) va a adelantar el nacimiento del prehistórico ser, que por culpa de, ejem, otro descuido, crecerá como un gigante en pocos días, convirtiéndose en la particular 'Godzilla' del lugar, pero versión medio adormilada.

Será extremadamente divertido ver cómo Spirou y Cía consiguen volver a atrapar al animal, cosas nada fácil.

El volumen se completa con varias historias de menor longitud a las que estamos acostumbrados, pero repletas del genio de su creador, Franquin: Espectaculares automóviles, la mala suerte que acompaña a Fantasio en un día de playa y, finalmente, un grupo de torpísimos mafiosos que pretenden conseguir dinero mediante el secuestro de un bebé y, obviamente, se van a cruzar con los heroicos protagonistas.

Todo eso, unido a unos textos introductorios que nos trasladan a aquellos lejanos años, la producción editorial, junto a cantidad de páginas inéditas, etc… hacen de esta colección una joya que debe destacar en nuestras bibliotecas de Spiroufilos.

¡Ah, me olvidaba! Y a la aparición 'estelar' de un nuevo, y muy conocido personaje creado por el autor…

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