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  • El entrenador holandés nos regaló a los amantes de la comunicación una de las mayores lecciones de pragmática jamás escuchada en universidades o centros especializados en la materia.

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Las lecciones del maestro Van Gaal: Siempre negativo, nunca positivo

Louis Van Gaal, en su etapa como entrenador del Barcelona. Louis Van Gaal, en su etapa como entrenador del Barcelona.

Louis Van Gaal, en su etapa como entrenador del Barcelona.

Tras más de dos décadas dedicado en cuerpo alma al fútbol, Louis Van Gaal puso punto y final a su trayectoria profesional en una rueda de prensa donde repasó con un agudo sentido del humor los momentos mágicos de su carrera en los banquillos, así como sus sonoros enfrentamientos con los periodistas deportivos. Tal vez los lectores más jóvenes no la recuerden, pero mítica fue la respuesta delante de los micrófonos a la conclusión de un partido disputado por el FC Barcelona:

"Tú eres muy malo para decir pacto yo roto este pacto. Yo no he roto este pacto, porque yo he hablado con Rivaldo. Con esa razón. Yo he dicho cómo yo tengo que explicar. ¡Tú eres muy malo! ¡Muy malo! No, no, no, no. ¡Tú eres muy malo! Roto el pacto de vestuario. Interpretación... ¡siempre negativa! ¡Siempre negativa! ¡Nunca positiva!"

Impactante, ¿verdad? Pues sí, querido lector, el técnico holandés nos regaló a los amantes de la comunicación una de las mayores lecciones de pragmática jamás escuchada en universidades o centros especializados en la materia. Clase magistral a la altura de un genio del dominio de la expresión lingüística. Gracias, Louis, por iluminarnos el camino de la palabra; por explicarnos de una vez por todas el fundamento de cualquier texto construido con pericia y elegancia; por reducir nuestra ignorancia a las cenizas envueltas en las carcajadas del ignorante. Palabra de Van Gaal. Te alabamos, Señor.

Yo no entender nada. Dirá con mucha guasa algún lector desde su atalaya de sabiduría. Parece que este Andrada no tenía muy claras hoy las ideas y ha decidido darle a la tecla sin mucho sentido. Dichosa edad y siglos dichosos aquellos en que corrían por las páginas de los periódicos fuentes y ríos de conocimiento. Te lo explico. Calma. Vamos a rasear la pelota y a mover el cerebro para hacer hueco al conocimiento.

Pues resulta que, si analizamos los discursos políticos y nos sentamos para escuchar las noticias de la jornada, empezaremos a darnos cuenta de la grandeza de nuestro amigo Louis. Como botón de muestra, una de las promesas electorales más repetida en la historia de la democracia española (la de las reformas estructurales es peccata minuta): "Si llegamos al Gobierno de España derogaremos las leyes injustas". ¡Tú eres muy malo! ¡Siempre negativo! ¡Nunca positivo! Así, se impone una cultura del caos, donde al enemigo hay que eliminarlo, borrarlo, expulsar o, simplemente, ignorarlo.

No hablemos de las noticias de portada en cualquier informativo líder de audiencia: plagas bíblicas, terremotos devastadores, erupciones volcánicas narradas en directo, secuestros y desapariciones sin resolver, atentados terroristas, crisis monetarias, fugas de cerebros, tempestades e inundaciones cataclísmicas, jóvenes sin valores cívicos, sistema de pensiones quebrado, una educación tercermundista... ¡Siempre negativo! ¡Nunca positivo! Delitos de odio, violación de la intimidad, más desastres naturales, un incendio en el Amazonas cuando toque, este año… ¿Habrá Feria de Abril? ¡Siempre negativo! ¡Nunca positivo!

¿Se puede superar?

Cada uno es muy libre de expresarse como quiera. ¡Faltaría más! Incluso hay escritores que imitan el estilo del desesperado filósofo danés Soren Kierkegaard y, además, lo hacen genial. Por si algún lector despistado no se sitúa, la traducción de Kierkegaard al español es "cementerio". Vamos que, como sentencia con habilidad el maestro Pérez Reverte, uno cierra la última página de alguna obra de este pensador, baja a la calle y quiere acabar con todo rastro humano, menos si se cruza con la divina Monica Bellucci. Entre el amigo Kierkegaard y la diosa Bellucci, creo que no hay color. ¡Siempre negativo! ¡Nunca positivo!

Como humilde filólogo y profesor de Lengua, siempre apunto un principio básico para aquellos que quieren expresarse con corrección: opta por un léxico constructivo y original en lugar de términos con connotaciones peyorativas o alarmistas. ¿Sí? ¿No es un poco de necios negar el desastre que nos rodea? ¿Por qué ocultar la realidad tras palabras falsas? Puede que sí o puede que no. No sé si mañana sufriré un accidente o el tantas veces anunciado fin del mundo me pillará en pijama, pero es de sentido común agradecer mensajes constructivos. Por ejemplo, prefiero (seré muy raro) que, piensen como piensen, mis vecinos defiendan su visión de la existencia a partir de argumentos positivos y no basados en la anulación del otro. El dios Van Gaal y la ninfa Bellucci. ¡Siempre positivo! ¡Nunca negativo!

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