Síndromes Expresivos 11 | El sentido de la proporción

Historias minúsculas en mayúsculas: el síndrome de la ingenua Alicia

Fotograma de la popular película basada en la obra de Lewis Carrol. Fotograma de la popular película basada en la obra de Lewis Carrol.

Fotograma de la popular película basada en la obra de Lewis Carrol.

Escrito por

· Jorge Andrada

"Un día vi cómo los libros de mi hermana se volvían más grandes y cómo mi padre se hacía tan pequeño como un muñeco. Siento que mi cuerpo crece y crece hasta que parece ocupar la habitación entera".

El escritor británico Lewis Carrol nos sumerge en la percepción distorsionada de una joven Alicia, perdida en sus aventuras por enigmáticos y sorprendentes mundos mágicos. Así, la ingenua protagonista del relato padece un extraño trastorno, determinado por los continuos cambios en la imagen del tamaño de los objetos, las distancias espaciales o la dislocación de las formas geométricas. Curiorífico síndrome que se caracteriza por el juego del sentido de la proporción en la nueva realidad de la dulce Alicia.

NO SÉ SI HAS LEÍDO LA HISTORIA DE ALICIA, LAS IDAS Y VENIDAS DEL MISTERIOSO GATO CHESHIRE, LOS ACERTIJOS DEL SOMBRERERO O LOS DESENCUENTROS CON LA AUTORITARIA DAMA DE CORAZONES. ME REFIERO A QUE LA INGENUA PROTAGONISTA A VECES CRECE Y CRECE SIN CAUSA APARENTE; OTRAS, MENGUA HASTA SENTIR UN AGOBIO POR LA INMENSIDAD DEL ENTORNO.

 Pues sí, querido lector, hoy en día cada vez es más frecuente leer textos elaborados bajo la influencia del "síndrome de Alicia en el país de las maravillas". Los medios de comunicación se esfuerzan por describir la realidad en términos grandilocuentes como histórico, imprescindible o extraordinario sin atender a la necesaria mesura y equilibrio de una correcta comunicación oral y escrita.

Como consecuencia de esta moda lingüística, nos enfrentamos con líneas y párrafos plagados de mayúsculas, como forma de ensalzar la dignidad de determinadas palabras o expresiones. Parece que el uso de la minúscula fuera un rasgo de individuos apocados y sumisos al servicio de unas normas ortográficas dictadas por un grupo de académicos inmovilistas.

¿Os imagináis que al rey Felipe VI, al papa Francisco, al presidente del Gobierno o al director de la empresa les birlásemos la mayúscula inicial para ser consecuentes con las recomendaciones publicadas por la RAE? ¿Podríais conciliar el sueño diario si al título del último estreno hollywoodense, de la inédita novela de Mario Vargas Llosa o la promoción de la nueva entrega de telerrealidad les privásemos de la mayúscula en cada una de las palabras? ¿Sería habitable un mundo, donde los días de la semana, los meses y estaciones del año fueran designados con el menosprecio de una minúscula inicial, servil y degradante?

Puede que sí o puede que no. Dice el refrán que sobre gustos los colores, pero en el ámbito ortotipográfico debemos guiarnos por las normas establecidas y no por inclinaciones subjetivas o modas pasajeras. Dicho de otro modo: vivimos en una sociedad obsesionada por el uso de la mayúscula en cualquier contexto comunicativo. Error mayúsculo, querido amigo.

¿Se puede superar?

El Diccionario panhispánico de dudas especifica en el apartado dedicado al uso de minúsculas y mayúsculas que: "La escritura normal utiliza habitualmente las letras minúsculas, si bien, por distintos motivos, pueden escribirse enteramente con mayúsculas palabras, frases e incluso textos enteros; pero lo usual es que las mayúsculas se utilicen solo en posición inicial de palabra".

Por lo tanto, solo nos queda resumir en unos simples consejos las reglas más útiles para superar 'El síndrome de Alicia en el país de las maravillas':

  1. Los nombres de los días de la semana, los meses, las estaciones del año o los puntos cardinales deben escribirse en minúscula: martes, julio, verano, norte
  2. Los títulos y cargos públicos se escriben con minúscula si van acompañados del nombre propio de la persona o del ámbito concreto: El vicepresidente de España, el ministro de Economía, el papa Francisco o el rey Felipe VI.
  3. Los títulos de películas, obras literarias, piezas musicales, emisiones televisivas o radiofónicas se escriben solo con la primera inicial en mayúscula y se resaltan con cursiva en los textos digitales y con comillas españolas en los manuscritos: La casa de papel.
  4. En los carteles prescriptivos puede optarse por el uso de la mayúscula en todo el enunciado para garantizar la visibilidad y cumplimiento de las normas: SE RUEGA COTIZAR; PROHIBIDO CANTAR MAL.

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