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Arqueología de lo femenino

  • En 'Feminismo pasado y presente', Camille Paglia propone una reflexión incómoda sobre las políticas de género, un cuestionamiento en el que trasluce la profesora de Humanidades

Camille Paglia (Nueva York, 1947), una pensadora brillante y controvertida. Camille Paglia (Nueva York, 1947), una pensadora brillante y controvertida.

Camille Paglia (Nueva York, 1947), una pensadora brillante y controvertida. / D. s.

Como era de esperar, en esta brillante y escarnecedora colección de ensayos, Paglia hace un retrato desfavorable del feminismo actual; feminismo que Paglia considera muy inferior -por burgués, por acomodaticio, por puritano y, en suma, por reaccionario- a aquel feminismo de los 60 en el que ella militó, así como al feminismo inaugural de las sufragistas, cuyo carácter conservador quizá hoy resulte incómodo para sus glosadores. Esto equivale a decir que, al comentar el pensamiento de Paglia, podríamos detenernos en esa orilla polémica que hoy la trae a la actualidad, y que nos ahorraría el trabajo de entenderla. Sin embargo, en Paglia se revelan demasiados nudos de la cultura contemporánea como para ignorarlos. Nudos que alcanzan a la Historia del Arte, a la Antropología, a la Psicología, a la Filosofía y al modo mismo de eludir la Historia que vemos postulado en Bauman. Esta singularidad de Paglia se debe, como parece obvio, a su condición de profesora de Humanidades. Pero también a una peculiaridad que ella atribuye a sus ancestros italianos y que no es sino la estimación y el asombro ante la belleza.

Por supuesto, Paglia deplora el "feísmo" que aqueja a una parte del feminismo actual y el consiguiente rechazo de lo físico, de lo corporal que, en última instancia, supone. Pero Paglia lo deplora, no sólo por el carácter puritano que de ahí se deduce, sino porque ignora el modo en que la civilización y el arte han sustanciado la belleza y el concepto mismo de lo femenino. Acudiendo, pues, a Warburg y sus pathosformel, cabría decir que ése es el cometido del primer libro de Paglia, Sexual Personae: remitir a las diferentes formas en que lo femenino se ha expresado a lo largo de la Historia. Formas que, como nadie ignora (basta visitar el friso de las diosas olímpicas), no siempre son sumisas, ni complacientes, ni meramente sexuadas, y dan una imagen de la mujer mucho más compleja, mucho más poderosa y activa que la mujer "victimizada" que, a juicio de Paglia, hoy nos presenta el feminismo.

Este carácter concreto, corporal, histórico de la mujer (y del propio feminismo) que señala Paglia, se contradice con la naturaleza social que, según el pensamiento foucaltiano, distingue a los sexos. Para Paglia, uno de los grandes errores del feminismo actual es el olvido de la biología y la atribución a la sociedad, a sus condicionantes, a su naturaleza opresiva, de una simple evidencia fisiológica. Es ahí donde debe incluirse la reivindicación que hace Paglia de mujeres libérrimas y sexuadas como Ava Gardner; y es contra esa concepción adversa de la sociedad donde debemos entender su elogio de la sociedad industrial, considerada, no como el lugar donde se agostan los sueños femeninos, sino como fuente de oportunidades, como la matriz misma de la mujer liberada que hoy conocemos. También su concepto de educación sexual corre en este sentido: se debe informar de los hechos biológicos que atañen a tan fundamental fenómeno (riesgos, enfermedades, funcionamiento, etcétera), pero evitando añadir cualquier tipo de ideología.

Acaso la parte más ingenua de estos ensayos y discursos sea la defensa que Paglia hace de Freud. Una ingenuidad, no obstante, sólo epidérmica. Y ello por dos motivos: reivindicar la psicología de Freud es una forma efectiva de reclamar la importancia del individuo, de su naturaleza, contra la inclinación sociológica de Foucault y Lacan; y de otra parte, acudir a la obra de Freud es también acudir a los precedentes modernos de un pensamiento que hoy ha borrado sus huellas, desplazando la "culpa" desde el interior humano a la estructura social; vale decir, victimizando a una mujer que Paglia postula autónoma, decidida, arrogante, como aquella Madonna enérgica y salaz de los años 80.

Digamos, pues, que el feminismo de Paglia es también una arqueología de lo femenino -con permiso de Foucault-, donde la belleza y el sexo, la fortaleza y el arrojo, son astros de una misma constelación y no meteoros opuestos. En esa constelación no entra, por motivos obvios, el importante número de sus detractores. Aun así, el lector atento comprobará que Camille Paglia no es sólo una minuciosa escritora; es también una formidable, una espléndida y feroz antagonista.

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