La cara oscura de la imagen de Andalucía | Crítica Lo auténtico y su espejismo

  • El ensayo de González Troyano sobre los orígenes de los estereotipos y prejuicios sobre los andaluces es un tesoro de inteligencia, sagacidad y belleza

El profesor y ensayista Alberto González Troyano El profesor y ensayista Alberto González Troyano

El profesor y ensayista Alberto González Troyano

El presente libro del profesor Alberto González Troyano indaga sobre una materia tan espectral como ubicua, cual es el origen y la evolución, la naturaleza última de esa imagen de Andalucía que muchos creen inmemorial, como otros la reputan falsa, vejatoria o inconsecuente. El propio carácter conflictivo de tal materia nos indica ya la dificultad de llegar a una verdad postrera. Pero nos indica, acaso, una evidencia mayor: el origen imaginario, vale decir intelectual, vale decir histórico, de una formidable acuñación, aún hoy vigente.

Para no mentir al lector, habremos de situar el inicio este problema en el XVI de Bodin; y en concreto, en su método de hacer historia, que ya incluía como condicionante el clima para explicar la historia de los pueblos. Y esto mismo es lo que harán, tiempo más tarde, Montesquieu, Vico, Herder, Tocqueville, Hegel, y en suma, toda la historiografía romántica que ve en la orografía una expresión mineral, el hontanar abrupto, del alma de las naciones.

Según Rosario Assunto, el paso de lo pintoresco a lo sublime, del XVIII ilustrado al XIX romántico, es el paso que va del grato entretenimiento intelectivo a un desbordarse de las pasiones. Y con mayor exactitud, el paso de una honesta curiosidad científica a una indagatoria abisal en las parameras y médanos del alma. Este paso es también (y perdonen el larguísimo exordio), el que llevará la imagen de Andalucía desde un pintoresquismo marginal -al Setecientos le interesó la Civilización y el Progreso, no las orillas de la civilidad donde la Pureza aún es posible-, a una representación de los sublime que incluye, naturalmente, los arquetipos y tipismos propios de la época, pero visitados ya, no con el ojo del catalogador paciente, sino con el estremecido deseo de quien, en la ciudad, en su creciente y vertiginoso spleen, ha soñado con lo auténtico, lo exótico y lo genuino.

Todo esto, pero con graves y oportunas explicaciones, es lo que se expone en este excelente ensayo, tan necesario por tantos motivos, cuyo subtítulo no nos permite albergar la menor duda: Estereotipos y prejucios. Ensayo excelente, repito, no sólo por la profunda intelección a la que tal materia es sometida; sino por otra cualidad, enormemente grata a Ortega, y que don José definía como la cortesía del filósofo: la claridad expositiva.

Portada del ensayo. Portada del ensayo.

Portada del ensayo. / D. S.

Conocida la espumeante inanidad del ensayismo contemporáneo, las páginas de González Troyano son un tesoro de inteligencia, sagacidad y belleza. Son páginas magníficamente escritas, cuyo motor último, sin embargo, no es la voluntad de estilo, sino la exactitud en los términos y los conceptos. A lo cual se le añade otra secreta malicia. La cara oscura de la imagen de Andalucía recoge la deriva histórica, junto a las causas de tal mudanza, de un concepto que, desde finales del XVIII, se postuló como inamovible, como eterno, como esencial: el carácter o la sustancia de los pueblos.

Todavía hoy (el lector me permitirá que omita la mención expresa), son muchas las zonas de Europa que viven afligidas por dicho escalofrío. Un escalofrío que lo es de Eternidad, de Identidad, lo Mismo hacia lo Mismo desde el albor del tiempo, y que cabe reputar como una corrupción política del folklorismo. En las páginas de Troyano, sobre aquella formulación inicial, vemos añadirse la imagen de la Andalucía trágica, de la indolente, de la Andalucía misteriosa e inaprenhesible que tiembla en Bécquer, en Cernuda, en Romero Murube... Y así hasta la Andalucía vuelta espectáculo de sí misma, una Andalucía posmoderna cabría decir, que se ha retrepado sobre sus estereotipos para monetizarlos como en un grande y fatigado teatro.

Con todo, lo fundamental en estas páginas, y subrayada ya su clara e innegable belleza, es el carácter científico de sus indagaciones. Este ensayo es un intento de comprender, y no un amago espurio de enjuiciar un fascinante fenómeno, en el que todavía vivimos inmersos. Quiere esto decir que los toros, los toreros, los viajantes, los majos, los señoritos, los gañanes y los anarquistas, los bandoleros y las bailaoras, salen a una luz verídica y definitiva, que no es la que quiere el cliché, sino esta otra, más temperada, que nos dice quiénes hemos sido, y por qué, y cuando un sueño de infinitud convirtió este rincón de España en una inagotable y ridícula y sublime policromía.

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