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Un Pigmalión victoriano

Como nos recuerda Victoria León en su Prólogo, esta edición de El retrato de Dorian Gray no vio la luz hasta el año 2011. Con lo cual, y gracias a este descubrimiento libresco, se ponían de relieve dos cuestiones, en absoluto accesorias. La más obvia es que fue edición censurada -y ampliada en doce capítulos- la que el lector daba por intacta desde 1890. El otro aspecto es que dicha censura -de índole sexual, como el lector ya habrá adivinado-, nos permite conocer tanto lo que la Era Victoriana entendía por censurable, como el modo en que Oscar Wilde sorteó y rehízo, acreciéndola considerablemente, una obra cuya inquietud surge, no de su vago y crepuscular homoerotismo, sino de la cuestión metafísica que alberga, y que nace con la caverna platónica. ¿Es el aspecto de un hombre indicio de su carácter? ¿Es la belleza una forma tridimensional de la bondad? Y el gran enigma que atraviesa el siglo: ¿es posible leer la realidad o permanece opaca a nuestra mirada?

Por supuesto, está también la figura de Pigmalión, un Pigmalión cínico y fatigado -lord Henry Wotton-, que se divierte maleando el alma dúctil de Dorian Gray. No en vano, esta novela es una novela de naturaleza estética, en la que se fijan o disipan los límites de la pintura que había esbozado Lessing y cuyo vínculo con la cuestión inicial es claro: ¿en qué medida es reconocible -reproducible- el interior humano? Recordemos, a este respecto, que la obra de Wilde es casi coetánea de Stevenson y El extraño caso del doctor Jeckyll y Mr. Hide y del Estudio en escarlata de Conan Doyle. Todas ellas parten, de algún modo, Del asesinato considerado como una de las bellas artes, de De Quincey. Y todas van a desaguar, cumpliendo el doble vasallaje al beau ténébreux y la resolución de un misterio, en el Drácula de Bram Stoker y en la sombra cárdena de Jack the Ripper.

Wilde prefiere plantearlo con Pater, Dante Gabriel Rossetti y Alma Tadema, pero la cuestión es idéntica: ¿son belleza y bondad magnitudes gemelas? ¿De qué es indicio el cuerpo? ¿Cómo adivinar la oscuridad de un hombre en el brillo ambarino de sus ojos?

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