Herejes | Crítica Los que fueron más allá

  • Antonio Pau narra en 'Herejes' los avatares de 22 personajes históricos que se atrevieron, en su tiempo, a cuestionar las tesis heredadas

El jurista, traductor y escritor Antonio Pau (Torrijos, Toledo, 1953).

El jurista, traductor y escritor Antonio Pau (Torrijos, Toledo, 1953). / M. G.

Antonio Pau, jurista, traductor, escritor, nos trae la vida y obra de 22 nombres que no comulgaron con la doctrina o ideología predominante de su tiempo. Nombres que vivieron la censura, la persecución, la pena de muerte. Nos lo cuenta en Herejes. Con relación con otro ensayo, El honor de los filósofos, de Víctor Gómez Pin, Pau nos relata la importancia de aquellos que construyeron nuevos caminos, que se cuestionaron las tesis heredadas y los paradigmas convencionales, en unas ocasiones para fundar nuevas corrientes del pensamiento, en otras para sumar, aunque en principio fuesen a contracorriente, a la idea prestablecida. "Se trata de una constatación histórica: la fe se fue perfilando a golpe de herejes que fueron como golpes de cincel que iban perfilando la estatua. Además, como advirtió Pascal, las herejías hicieron que los creyentes dejaran de creer por inercia y comprendieran mejor el objeto de su fe". Es curioso cómo los contestatarios, los rebeldes, propician una mejor versión de aquello contra lo que se oponen. Formulan con sus ideas, primeros perseguidas, luego aceptadas, un mejor funcionamiento de ese sistema contra el que se rebelan. El capitalismo da buenos ejemplos.

Con intención didáctica y divulgativa, como si de breves cuentos se tratara, Antonio Pau nos descubre a Valentín el Gnóstico, un precursor del existencialismo, con siglos de antelación, de cuya vida apenas se conocen datos. Lo que se sabe de él, nos dice el autor, es por los comentarios de aquellos que quisieron rebatirle: Clemente de Alejandría o el general Teodoto. Estamos ante un hombre que conocemos gracias a sus enemigos. Son interesantes sus tesis sobre la clasificación de los hombres en sociedad. Tres tipos: hýlicos, psíquicos y pneumáticos. El primero es el que ignora la trascendencia y se limita a los bienes materiales; el segundo es el reflexivo, "el atormentado"; el tercero es el hombre que vive pleno consigo mismo, que logra "superar las contradicciones de la existencia". Como bien señala Pau, los gnósticos fueron aquellos que quisieron dotar de razón y de filosofía el mensaje de Cristo. A ese propósito se dedicó este sabio, Valentín, que se podría decir que triunfó en sus ideas, pues creó escuela hasta los primeros siglos de la Edad Media. Indica Pau que incluso hasta nuestro tiempo: "Las fraternidades rosacruces hunden sus raíces en la Alta Edad Media, y se ramifican en nuestro tiempo en multitud de sociedades que se dedican, sigilosamente, al cultivo de las ciencias esotéricas".

Portada del libro. Portada del libro.

Portada del libro. / D. S.

Otro curioso caso es el de Vigilancio, hombre al que también conocemos gracias a los escritores de sus adversarios. Antonio Pau nos narra la historia de un hereje que se enfrentó a san Jerónimo, Padre de la Iglesia y traductor de la Biblia. Vigilancio, que fue sacerdote, pronto se enemistó con san Jerónimo, quien le dedicó frases como "monstruo que habría que desterrar a los confines de la Tierra" o la descripción de "lengua de víbora". Este odio se debe a que Vigilancio quiso entregar un dinero a los necesitados de Palestina, región a la que viajó. Pero san Jerónimo deseó quedarse con toda la cantidad de dinero. Vigilancio se negó, y ahí comenzó esta vieja enemistad. Aunque la vida de este sacerdote no se limita a un episodio anecdótico. Sus ideas contrarias a la excesiva veneración de las reliquias cristianas medievales son la base del planteamiento de las tesis de Lutero y de los reformadores, protestantes, husitas.

Fray Dulcino de Novara fue otro nombre del que poco se sabe, aunque lo suficiente para afirmar que tuvo influencia en su tiempo. Antonio Pau documenta la biografía de este hombre que lideró a los "hermanos apostólicos", una corriente de la Iglesia católica que defiende el ideal de pobreza absoluta y una sociedad igualitaria. Se intuyen aquí ciertos ecos de una de las principales ideologías del siglo XX. Esta corriente nacida en el seno del catolicismo fue catalogada como herejía en 1294. Escribe el autor que Dulcino de Novara, declarado hereje, huyó hacia los Alpes. Allí se enamoró de una mujer, noble, cuyo nombre fue Margherita di Trento. Juntos, con los seguidores de Dulcino, encontraron refugio en la cima del monte Rubello. Cuenta Pau que allí estuvieron, resistiendo, más de un año, la persecución de la Inquisición y del papado. Los "apostólicos" fueron finalmente derrotados de manera cruel y sádica. Siglos después, en aquel lugar de resistencia, se levantó un monolito en homenaje a Dulcino y a Margherita. Pronto fue cubierto de insultos y destruido en 1929. Termina Antonio Pau contándnonos que casi otro siglo después se volvió a construir un recuerdo en memoria de los protagonistas de esta historia de herejía.

Un desclasado de su época, de esos nombres que no encuentran tierra de alguien, que siempre están en los márgenes, fue Andreas Bodenstein. Erudito, intelectual, teólogo, humanista. Es de esos pensadores que interesan por su testimonio y por su actitud vital. Llena de acierto, valentía, libertad y desarraigo. Un ejemplo del paradigma del hombre moderno, pero en el siglo XVI. Bodenstein "se quedó fuera de la Iglesia y fuera de la Reforma, en tierra de nadie", nos señala Pau. Sin embargo, pese a sus propias contradicciones y su constante posición contra los poderes dominantes y emergentes, pudo escribir y publicar sus ideas. Incluso desde la propia universidad, en Basilea. Si se permite la etiqueta recurrente: un adelantado. Un hombre que supo ir más allá.

Antonio Pau, con buen criterio divulgador, con una narración didáctica y erudita, nos revela nombres que nos sonarán desconocidos, poco familiares, pero que llevan consigo momentos cruciales de la historia de la humanidad. En Herejes leeremos a unos pocos. Y descubriremos un interesante panorama de intelectuales que no nos sonaban demasiado, pero que no olvidaremos tras esta lectura.

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