El conocimiento perdido de la imaginación | Crítica

Una metáfora de la luz

  • En 'El conocimiento perdido de la imaginiación', Lachman vuelve a aproximarse a una forma de saber, no canónica, y que sin embargo ha corrido pareja a la Razón, como un hemisferio en sombras, desde el XVIII a nuestros días

El escritor, y antiguo bajista del grupo Blondie, Gary Lachman, nacido en New Yersey en 1955 El escritor, y antiguo bajista del grupo Blondie, Gary Lachman, nacido en New Yersey en 1955

El escritor, y antiguo bajista del grupo Blondie, Gary Lachman, nacido en New Yersey en 1955

Lachman aborda en estas páginas una historia del pensamiento intiutivo, del pensamiento mistérico e irracional, que corrió parejo o subalterno a la historia del pensamiento canónico, basado en la razón, cuyo origen se halla en la Grecia glosada por Diógenes Laercio. Según Lachman, este pensamiento imaginativo, orillado por el cientifismo, comenzó su declive en el XVII de Pascal y Descartes; declive que se agravará con la pedagogía ilustrada, el positivismo romántico y la física subatómica del XX. Esto es, el pensamiento mistérico comienza su crepúsculo con el amanecer de las ciencias naturales formuladas, sumariamente, en el Renacimiento.

La propia imagen de Las Luces, de la Aufklärung, del Enlightenment, implican ya un adentrarse en la oscuridad, al que dará cumplimiento el siglo romántico.

En términos generales, no cuesta trabajo alguno coincidir con Lachman. Hay, sin embargo, matices de importancia que no obran contra sus tesis y acaso las amplíen. Uno primero es que la Ilustración se ocupó largamente de este asunto bajo la especie de lo sublime. Los placeres de la imaginación de Addison (1712), analizan un modo de conocimiento que luego Burke, Kant y Shiller retomarían, partiendo del De lo sublime de Longino, traducido por Boileau en el siglo anterior. Una segundo matiz es que la propia imagen de Las luces, de la Aufklärung, del Enlightenment, implican ya un adentrarse en la oscuridad, al que dará cumplimiento el siglo romántico. En tercer lugar, buena parte del pensamiento, del arte y de las ciencias, del XVII en adelante, se aplicaron a profundizar en esta zona no mesurable de la realidad, expresada en Burton, en Fuseli, en Blake, en Freud, en Arp, en Morelli, en el nutrido irracionalismo de posguerra, etc.

Todo lo cual nos lleva de vuelta a Spinoza y Vico, que abordaron sus obras desgajándolas de la ciencia natural del XVII-XVIII, para darles un lugar adecuado. Spinoza, para acometer un análisis histórico de las Escrituras. Vico, para concebir la Historia misma, como hija del sentido común y no de un saber exacto. En ese cuadro mayor debe inscribirse esta grato recorrido de Lachman, que se inicia con Pascal (“El corazón tiene razones...”) y acaba, lógicamente, en Heidegger, en Jung y Wolfgang Pauli.

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